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Vivir bajo tierra


¿Alojar a los solicitantes de asilo en búnkeres, una buena opción?




Manifestación en Lausana contra el alojamiento de solicitantes de asilo en refugios subterráneos. (Keystone)

Manifestación en Lausana contra el alojamiento de solicitantes de asilo en refugios subterráneos.

(Keystone)

Los últimos rayos de un sol otoñal se reflejan sobre el lago de Ginebra y el estribillo de unas 200 voces resuena desafiante:

“¡Alto a los búnkeres!” “¡Necesitamos aire fresco!”

Antorchas en mano, el grupo -principalmente solicitantes de asilo procedentes de Eritrea, pero también de Siria y otras partes de África- avanza lentamente hacia el centro de Lausana. Su paso detiene el tráfico y pasma a los transeúntes.

A la cabeza de la columna, dos personas portan el mensaje: “No estamos en guerra. No nos alberguen en búnkeres”.

Desde agosto, un grupo de solicitantes de asilo ubicados en el cantón de Vaud, con el apoyo de media docena de asociaciones suizas, lucha por mejorar las condiciones de vida en sus nuevos hogares: adaptados refugios nucleares subterráneos repartidos por toda la región.

“Me consternó la noticia de que estaría en un búnker. Los eritreos tienen familiares que han sido encarcelados bajo tierra”, dice Hussain*, un eritreo que vive desde hace cuatro meses en un refugio de protección civil en Lausana.

De 28 años, es uno de los 400 solicitantes de asilo alojados en ocho refugios subterráneos gestionados por el Establecimiento del cantón de Vaud para  Migrantes (EVAM). En cada uno de esos sitios, entre 50 y 60 personas pernoctan en dormitorios colectivos sin ventanas y con privacidad limitada. Deben salir todos los días a las 10 am y volver por la noche. La duración media de la estancia varía desde unos pocos meses hasta un año.

En tales condiciones, su salud mental y física se ha deteriorado, dicen las ONG que apoyan su protesta.

“No puedo dormir por la noche. Siempre hay mucho ruido y la sarna que atrapé en Libia me pica terriblemente. Me la trataron, pero como el búnker está muy sucio volví a cogerla. Por la noche no puedo dejar de pensar en la cárcel y el desierto. Me siento muy mal”, narra Efrem*, de 19 años.

Exhaustos por tales condiciones de vida, los manifestantes quieren cambiar de alojamiento y salir a la superficie.

“Por el momento, la única manera de salir del búnker es con un problema de salud”, comenta Ibrahim*.

El grupo dice que, en el corto plazo, los refugios deben estar abiertos las 24 horas del día y sus ocupantes tener acceso a una cocina, además de que se tiene que reducir el número de ocupantes. Señala que sus demandas, hechas por escrito al presidente del gobierno cantonal y al titular del EVAM, han tenido poco impacto.

Pierre-Yves Maillard, presidente socialista del gobierno de Vaud, afirma que los miembros de la institución están “conscientes de las peticiones y las tomamos en serio”. Está previsto un próximo debate al respecto en el Parlamento de Vaud.

En Suiza, las instancias federales son responsables de los procedimientos de asilo, pero corresponde a las 26 autoridades cantonales del país, que gozan de una gran autonomía, aplicar la política y supervisar cuestiones tales como el alojamiento.

Los detalles de lo que se debe ofrecer están abiertos. El artículo 12 de la Constitución de Suiza establece que “las personas en situación de necesidad y que no puedan mantenerse por sí mismas deben tener derecho a asistencia y cuidado, así como a los medios financieros necesarios para un nivel de vida digno”.

En diciembre de 2013, el Tribunal Federal rechazó la solicitud de un solicitante de asilo de 34 años, de ser transferido de un refugio antiatómico. De acuerdo con la más alta instancia de la justicia en Suiza, pasar una noche en un alojamiento colectivo no es degradante o “contrario a los requerimientos mínimos” de la Constitución.

Si bien los solicitantes de asilo no tienen el derecho legal de elegir sus alojamientos, la Organización Suiza de Ayuda a los Refugiados, (OSAR) dice que los cantones son responsables de asegurar que la vivienda sea “apropiada”.

Frente a un reciente aumento en el número de solicitantes de asilo en Suiza, principalmente de Eritrea y Siria, las comunas, cantones y organismos de migrantes de todo el país luchan por encontrar un alojamiento adecuado. Muchos han recurrido a la conversión de antiguos edificios en desuso, escuelas y refugios antiaéreos o soluciones aún más radicales a corto plazo (ver video).

Con ocho búnkeres en operación y otros más en vistas, Vaud utiliza esas instalaciones subterráneaa más que otras regiones. Ginebra abrió recientemente un segundo búnker, el cantón de Berna tiene cinco, Neuchâtel, dos y Friburgo, uno. Jura y el Valais logran prescindir de ellos.

Funcionarios del EVAM señalan que desafortunadamente tienen que trabajar con la realidad sobre el terreno: un fuerte aumento en el número de solicitantes y una escasez local de alojamientos.

“Los solicitantes de asilo y los candidatos rechazados no deben ser alojados bajo tierra, pero preferimos eso a dejar que la gente duerma en las calles”, asienta la portavoz del EVAM, Sylvie Makela.

“Vaud es uno de los cantones que recibe el mayor número de solicitantes de asilo - 8% del total de demandas en Suiza- y Vaud es también uno de los cantones donde la falta de viviendas es de las más agudas. Estamos sujetos a las leyes del mercado inmobiliario y a la falta de apartamentos, al igual que todos los demás”.

El EVAM asegura que está en la búsqueda constante de soluciones, pero que desafortunadamente, es difícil encontrar edificios vacíos, apartamentos desocupados o terrenos para construir,  y que por lo tanto no hay más remedio que utilizar los refugios antinucleares.

Beat Meiner, secretario general de la OSAR, crítica sin embargo, el uso excesivo de tales instalaciones. “No somos topos. Necesitamos aire fresco y luz. Los seres humanos no están hechos para vivir bajo tierra”, subraya. “Mientras que para los adultos rechazados, los búnkeres podrían ser una solución, para los solicitantes de asilo es completamente inaceptable. Excepcionalmente, si no hay otra manera de evitar que queden sin techo. Los búnkeres se pueden utilizar como una solución temporal para un lapso breve, pero en general, debemos tratar de evitar su uso”.

El abogado de Lausana, Jean-Michel Dolivo, quien apoya a los manifestantes y presentó un escrito al Parlamento de Vaud, considera que el uso de los búnkeres es sintomático de una línea general de endurecimiento hacia los solicitantes de asilo.

“El objetivo de la política de asilo en Suiza no es acoger a la gente, sino enviarla de vuelta lo más rápido posible. Si viven en condiciones precarias, eso los llevará a partir”,  agrega.

Makela acepta que lo colocación subterránea de solicitantes de asilo quizá no contribuya a la imagen humanitaria de Suiza. “Pero al menos los estamos alojando en algún lugar”, declara y añade que las actitudes de las comunidades locales no ayudan en la tarea de encontrar otras opciones.

“Cada vez que proponemos a las comunas la construcción de un alojamiento para los solicitantes de asilo, la población local se opone”, señala Makela.

De principios de enero a finales de septiembre de 2014, el número solicitantes de asilo en Suiza se situó en 18.103, incluidos 5.721 eritreos, 3.059 sirios y 845 esrilanqueses.  



Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch

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