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Zhongxing ‘Johnson’ Xu Memorias de un instructor chino de esquí en Suiza



Zhongxing ‘Johnson’ Xu se convirtió en una figura conocida en Grindelwald.

Zhongxing ‘Johnson’ Xu se convirtió en una figura conocida en Grindelwald.

(徐忠星 提供)

El otrora estrella de un documental de la televisión suiza conversa con swissinfo.ch sobre su experiencia como instructor de esquí en Suiza, pero también sobre el choque cultural, el racismo, el sexo y la cerveza “tibia”.

Zhongxing Xu, conocido en Suiza como Johnson, se volvió popular en 2013, cuando la televisión helvética lo filmó junto a otros siete instructores chinos de esquí en Grindelwald, mientras impartía sus clases a turistas chinos. Volvió a su país luego de permanecer dos años en la estación alpina bernesa.

Durante sus primeros dos meses en Grindelwald, los medios locales bombardearon a Xu con entrevistas. Más de un millón de suizos miraron el documental que hizo de este chico el más famoso instructor de esquí durante la temporada invernal 2013-2014.

La reacción no se hizo esperar: “La gente llegaba y se tomaba fotos conmigo. Si yo caminaba por la calle, me subía al tren o estaba en la pista de esquí, la gente me rodeaba. “‘Hola Johnson, ¡Te vi en la tele!’ oía una y otra vez durante el día. Me sentía tan bien. Era instructor y, a la vez, una especie de estrella de TV”.

Proyecto Suiza Turismo: instructores de China

En diciembre de 2013, la Oficina de Turismo de Suiza invitó a ocho instructores chinos. El objetivo: familiarizarse con el público chino que gusta de esquiar y provocar su interés por Suiza por realizar esa actividad.

En China el interés por este deporte crece, pero mucha gente no conoce mucho al respecto.

Xu terminó su estancia helvética con su experiencia en Grindelwald. Suiza Turismo destinó a los otros siete instructores chinos a Davos, Engelberg, Gstaad, St. Moritz, Verbier, Villars y Zermatt, sitios donde hay turistas chinos interesados en el esquí.

Solo tres permanecen en Suiza. Uno de ellos contrajo matrimonio aquí. Los demás realizan actividades relacionadas con el esquí en China.

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Vida real

Xu explica que durante su estancia helvética nunca habló con los medios sobre su perspectiva de vida en Suiza. Pero ahora que su “luna de miel” en tierra alpina terminó, puede conversar sobre ese periodo que describe “como un sueño”.

“El choque entre la cultura propia y la suiza me afectó especialmente a nivel emocional”, subraya Xu. Dos asuntos, sobre todo: ser visto como extranjero y ser testigo de la apertura sexual helvética. “En esos dos aspectos me sentí particularmente incómodo”, comenta.

Forastero en Suiza

“Al principio la gente me dirigía una mirada indiferente o con desdén cuando me veía por la calle, al distinguir que yo era asiático. Después, cuando las personas veían una imagen de mí en la tele o en el diario, me sonreían o me saludaban. Ese contraste me pareció más bien desagradable”.

El otrora guía de esquí añade: “Uno puede oler la discriminación en esos primeros instantes, cuando la gente asume una actitud diferente hacia ti. Cuando se vive en un país extranjero esa actitud de la gente local es una pesadilla, especialmente cuando se trata de una mirada racista. En verdad te molesta, ya sea si viene de un camarero en un restaurante o del trabajador de una tienda”.

Apertura sexual

Xu admite que también le impactó la apertura sexual en Suiza. “La gente helvética realmente es muy abierta al respecto, en especial entre los instructores de esquí. “Especialmente cuando las cosas suceden enfrente de uno”.

swissinfo.ch le pide ser más concreto: “Bueno, por ejemplo, una vez vi a una colega mía besar a un extraño como si estuviera poseída. Y vi a otra besar a tres hombres distintos en una misma noche en un bar. Estaba yo estupefacto”.

El idioma también le resultó una barrera. “Si uno no habla con la otra persona en su idioma nunca podrá explorar su mundo interior y nunca lo verán a uno como parte de ellos”, considera.

“Diversas costumbres, ideologías, modos de entendimiento, culturas y otros factores tienen un gran impacto psicológico en uno. Se puede estar tan feliz como un niño y un minuto después se puede uno sentir muy frustrado”. 

Diferencias culturales

“Cuando mis compañeros me preguntaban que quería beber en nuestro bar, yo respondía que un vaso de agua caliente. Primero me preguntaban si “solo agua caliente”. Yo decía que sí. Después ya solo me traían mi vaso de agua caliente, pero contaban a otras personas sobre mi hábito”.

¿Y si se trataba de cerveza? “Me preguntaban con frecuencia porqué bebía yo también la cerveza a temperatura ambiente. Les respondía que no era un problema, que en China la bebemos fría o así, para no enfriarnos. Pero algunos de mis amigos difundían la frase de que ‘la gente china bebe cerveza a temperatura ambiente’ como si fuera un descubrimiento tan grande que todo el pueblo debía saberlo”.

A Xu le provocaba desconcierto. Y, por otra parte, también el instructor se quedaba perplejo con algunas costumbres helvéticas, como el sonarse la nariz en la mesa, “limpiar” sus platos con un pedazo de pan o chuparse los dedos cubiertos de salsa, lo que está prohibido en China, incluso en casa.

Choque cultural a la inversa

Xu pensó quedarse más tiempo en Suiza, pero escuchó su corazón y decidió volver a su país. La soledad, otras costumbres alimenticias y la falta del sentido de pertenencia fueron las tres razones que provocaron su decisión. Y a largo plazo, su obligación de atender a sus padres.

Pero la vuelta también significó una readaptación, por ejemplo, en lo que a las reglas viales se refiere. “Los suizos reaccionan instintivamente: cuando los peatones cruzan la calle, los automovilistas les ceden el paso. Frenan de inmediato”.

En Suiza, Xu aprendió también a decir no. “Sin embargo, en China sería inapropiado negarse a una petición de amigos íntimos, porque los valores de sensibilidad y cortesía están por encima de todo”.

Y, finalmente, la costumbre de sonreír a los extraños como símbolo de cordialidad. “Si uno hace esto en China, la gente piensa que uno tiene un problema mental”.

Pero el balance de la estancia suiza está lleno de emociones positivas, afirma. “Vi con mis propios ojos la exquisita belleza del país. En mi opinión, ¡Suiza es un paraíso! El tiempo que pasé allí es el más preciado recuerdo en mi vida y una experiencia incomparable”.

“Cuando pienso en Suiza, estas palabras vienen a mi mente: Fue hermoso estar allí”.



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