¿La COVID-19 impulsará en Suiza la ‘economía gig’?

Un repartidor en bicicleta lleva comida a personas confinadas durante el brote de COVID-19 en Lausana, Suiza. Keystone / Laurent Gillieron

La denominada gig economy (economía de los pequeños encargos o de trabajos esporádicos) ha despegado en todo el mundo, pero Suiza siempre se ha mostrado poco entusiasta ante este concepto. ¿Estará el país alpino más abierto al empleo ad hoc tras la pandemia de coronavirus?  

Este contenido fue publicado el 25 julio 2020 - 10:00

La reserva de un conductor a través del teléfono, Airbnb, el reparto de comida y la limpieza del hogar bajo demanda han demostrado que no hace falta estar contratado por una empresa, ya que los servicios a corto plazo o puntuales pueden reservarse fácilmente a través de internet. Esta nueva forma de empleo flexible ha crecido rápidamente en gran parte de Europa, América y Asia.  

Pero Suiza no se ha subido al carro hasta ahora.  

La Oficina Federal de Estadística de Suiza ha realizado por primera vez una encuesta entre quienes ofrecían sus servicios a cambio de dinero o vendían bienes a través de plataformas digitales. No solo eran pocos los trabajadores que proponían sus servicios así, sino que sus ingresos eran mínimos.   

En 2019 solo el 0,4% de los residentes en Suiza dijo haber utilizado (en los 12 meses anteriores) plataformas tecnológicas para vender productos, alquilar una vivienda, repartir comida y reservar un conductor.

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En países como China, India y Estados Unidos, para un segmento considerable de la población en edad de trabajar, su principal fuente de ingresos es la oferta de bienes y servicios a través de internet y aplicaciones móviles.

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En Suiza, sin embargo, la mayoría de este tipo de trabajadores contratados a través de plataformas tecnológicas solo obtienen unos ingresos anuales (antes de impuestos) inferiores a 1 000 francos (1 075 dólares). El ingreso anual per cápita de los residentes suizos que realizan este tipo de tareas a través de plataformas de internet es de 5 849 francos (solo 487 francos al mes). El salario medio mensual en Suiza es de 6 538 francos.

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“Es imposible ganarse la vida solo haciendo trabajos esporádicos”

A Karin Frick, investigadora centrada en las tendencias futuras del desarrollo económico y social en el Instituto Gottlieb Duttweiler (GDI), un centro de estudios suizo, esto no le sorprende. 

“Suiza es rica y próspera. Mientras en el mercado haya suficientes puestos de trabajo relativamente bien remunerados, es difícil que aquí se establezcan empresas como Uber”, ha declarado al sitio de noticias Watson.

Los resultados de la encuesta de la Oficina Federal de Estadística vienen a confirmar esto que dice Karin Frick. De todos los residentes suizos que participaron en la economía gig a través de plataformas digitales, solo el 1,2% eligió ser trabajador a ratos porque no encontró un trabajo estable. 

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Marko Kovic, presidente del Instituto de Investigación de Asuntos Públicos de Zúrich (ZIPAR, por sus siglas en inglés), cree que no es que los suizos no estén interesados en los trabajos esporádicos, sino que “en comparación con Estados Unidos y China, [por ejemplo], en lo que respecta a la economía gig, Suiza todavía es un bebé”.

El número de trabajadores dedicados a pequeños encargos sigue siendo limitado. “Con las pocas plataformas virtuales que aún no se han afianzado en el país, es difícil ganarse la vida en Suiza solo a través de trabajos esporádicos”, manifiesta Kovic.

La pandemia como motor

Ante la drástica reducción de las oportunidades de empleo y la preocupación por la propagación del virus, las restricciones que adoptó Suiza a principios de este año para frenar la propagación del coronavirus obligaron a algunos trabajadores freelance que en su día trabajaron en la economía gig (como los conductores de servicios de transporte basados en aplicaciones, los empleados domésticos disponibles o los fotógrafos freelance) a dejar de trabajar. Sin embargo, las medidas de distanciamiento social adoptadas durante la pandemia han aportado beneficios inesperados a ciertos sectores de la economía gig o de trabajos esporádicos.

“Desde mediados de marzo, Uber Eats se ha mostrado muy activo en la expansión del negocio en Suiza. En pocos meses, hemos añadido a nuestra red de servicios Lucerna, San Galo, Neuchâtel y Winterthur, además de las 10 ciudades iniciales, y tenemos previsto seguir ampliando nuestra cobertura en los próximos meses”, señala Luisa Elster, jefa de relaciones públicas de Uber Eats en Suiza, una plataforma digital que ofrece servicios de entrega de comida. Según Elster, entre enero y junio solo en Zúrich, el número de restaurantes asociados se ha duplicado y se ha multiplicado por cinco el área en la que se hacen entregas.    

Kovic considera que en la era pospandemia, “Suiza tendrá más plataformas y aplicaciones tecnológicas que ajusten la oferta a la demanda, y habrá un terreno más fértil para que crezca la economía gig. No hay duda de ello”.

Se espera que aumente el número de trabajadores “obreros” de la industria de servicios. Esto se debe a que algunas personas pueden considerar la posibilidad de hacer trabajos esporádicos para ganarse un dinero en medio de las consecuencias económicas de la COVID-19 y el consiguiente desempleo y subempleo.

“Creo que esta tendencia continuará en Suiza y que las empresas [que ofrecen trabajos esporádicos] se beneficiarán de ella”, predice Kovic.

¿Bueno para los trabajadores?

Sin embargo, Kovic cree que aunque en Suiza las restricciones de la pandemia han permitido a los consumidores “mantener una distancia social segura”, una mirada más profunda revela que la entrega de comida en lugar de la cena en un restaurante y los servicios de conductor en lugar del transporte público son posibles a expensas de los derechos laborales de los trabajadores a ratos.

Elster, de Uber Eats, subraya que durante el confinamiento la empresa proporcionó los equipos de protección necesarios (como máscaras) a todos los conductores y al personal de reparto de comida y que en 2018 comenzó a ofrecer a todos los “socios independientes” –como ella llama a los trabajadores a ratos de la empresa– una compensación para contrarrestar la pérdida de ingresos por accidentes y enfermedades.

Pero Kovic dice que el quid de la cuestión radica en abordar la falta de seguridad laboral a la que se enfrentan los trabajadores de la economía gig.

“¿Es la economía de los pequeños encargos beneficiosa para todas las partes interesadas? No, la realidad en los últimos años ha sido que tiene muchos inconvenientes”, explica. Al igual que sus homólogos de otros países, los trabajadores suizos dedicados a estos trabajos esporádicos suelen disfrutar de las ventajas de los horarios flexibles que aportan los trabajos a ratos, pero carecen de seguridad laboral.

En algunas partes de Suiza, los tribunales han intervenido para resolver a favor de la condición de pleno empleo de estos trabajadores. Un tribunal de Ginebra dictaminó en junio que, con arreglo a la ley, Uber Eats es un empleador y, como tal, tiene la obligación de contratar a sus conductores como empleados de pleno derecho, con prestaciones de seguridad social.

“Suiza necesita una reglamentación estratégica que debe estar respaldada por políticas”, indica Kovic, citando como ejemplo positivo un fallo similar en California sobre la situación laboral de los conductores de Uber y Lyft.

“Creo que Suiza puede inspirarse en ello”.

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