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¿Legalización del "pitillo"? - ¡ Ni pensar!

Keystone

No pasa semana sin el decomiso de un cargamento voluminoso de marihuana prensada proveniente del Paraguay, de otro de cocaína de alta pureza o pasta base oriundos del Perú o Bolivia.

Este contenido fue publicado el 15 agosto 2007 - 10:15

En este cuadro tampoco falta la destrucción de plantaciones de marihuana escondidas entre unos maizales en las afueras de Santiago. Chile también encara este flagelo.

Son frecuentes las redadas policiales en poblaciones (barrios marginales) que hasta en el extranjero tenían fama por su oposición al régimen de Pinochet y hoy están a la merced de bandas rivales de narcotraficantes.

Más de un cabecilla está en la cárcel, desde donde sigue dirigiendo sus "negocios". O se le corta la cabeza a la hidra para que le nazcan no siete, pero por lo menos una cabeza nueva: los que se iniciaron sirviendo de guardaespaldas a los traficantes.

Mientras en las poblaciones se consume desde muy joven sobre todo marihuana, pasta base y otras sustancias tóxicas inhalables (pegamentos, kerosene), en los sectores más pudientes, entre chóferes de buses y ejecutivos de empresas se prefiere la cocaína y el "pito" de marihuana de buena calidad. Son de fácil acceso y una "volada" cuesta el equivalente a 11/2kg de pan.

Diferentes compuestos de opio, la heroína o el éxtasis, tan a la moda en Europa – incluido Suiza – todavía son drogas emergentes.

El paisaje cambia poco

El consumo de drogas ilícitas y otras que necesitan prescripción médica ha sido más o menos estable en los últimos años. Sin embargo se nota un aumento del consumo de la marihuana y la correspondiente baja en la percepción de riesgo entre estudiantes universitarios de familias acomodadas.

Es común fumarse un "pito" luego de un día de clases estresante en vez de ir al cine y financiar el autoconsumo con el microtráfico que se entiende como hacer un favor a los pares.

Con una costa de miles de kilómetros y otros tantos que separa a Chile de sus vecinos con muchos pasos fronterizos que se prestan para el contrabando, es una tarea de Sísifo impedir el narcotráfico. Es de suponer que más de lo que se logra incautar ingresa al país para el consumo interno ya que Chile no es un país habitual de tránsito.

Según el CONACE ( Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes, integrado por representantes de varios ministerios), responsable de los estudios bienales y la formulación e implementación de la Estrategia Nacional sobre Drogas, el tráfico y consumo de drogas ilícitas exceden el ámbito de la salud pública: "deterioran la familia y son fuente de conflictos sociales... que se expresan en violencia, corrupción y multiplicación de delitos contra las personas y la propiedad, todo lo cual genera, inevitablemente, una sensación de inseguridad en la población y puede llegar – en el extremo – a poner en riesgo a las propias instituciones democráticas..."

Prevenir para evitar, pero...

Las políticas antidrogas de este organismo se focalizan en primer lugar en la prevención, intentando involucrar en forma descentralizada hasta las organizaciones de base y privilegiando desde la edad preescolar a los grupos de riesgo: niños en riesgo social o con padres drogadictos, población penal, etc.

Se hace hincapié en que la marihuana no sólo no es una droga inocua, sino el primer paso para probar drogas más duras que provocan rápida adicción y conducen al consumo múltiple, indiscriminado.

La prevención efectiva conseguiría una baja de la demanda, lo que junto con la represión del narcotráfico llevaría a una baja de la oferta. La reducción de los riesgos con campañas informativas, recuperando los espacios públicos, propiciando a niños y jóvenes en riesgo social un tiempo libre sano e involucrando a sus familias posibilitarían el control de las drogas.

Otro pilar son las medidas terapéuticas en cooperación entre el sector público y privado de salud para la cura y reinserción social y laboral de drogadictos. Tanto por la escasez de recursos como la falta de experiencia con diferentes tipos de adicción y su origen, éste es tal vez el eslabón más débil de las políticas antidrogas del gobierno.

Visto los estragos que provoca la drogadicción y el poder que ejercen bandas de narcotraficantes en barrios marginales de la capital y ciudades de provincia, sólo voces muy aisladas abogan por la legalización de la marihuana. Refiriéndose a la experiencia de la prohibición del alcohol en EEUU en los años 30, nadie cree que el consumo disminuiría, menos que las mafias se dedicarían a negocios lícitos.

Suiza no es una excepción

En Suiza el flagelo de la droga es bastante anterior al de Chile y una secuela del mayo ´68 y de la "revolución de las flores". Por lo mismo hay más experiencia con políticas antidrogas y terapias que coordina la Confederación, pero que son de competencia de los cantones.

Su política en la materia se basa en los mismos pilares que los de acá, con éxito moderado porque en Europa, Suiza sigue llevando la batuta en el consumo de marihuana y cocaína. Sí, no hay suburbios completos aterrorizados por narcotraficantes, pero los "junkies" se juntan a vista y paciencia de los transeúntes en las estaciones de ferrocarril.

Los "Fixerstübli" (centros especiales) en varias ciudades, espacios donde los drogadictos se pueden inyectar bajo control médico para disminuir el contagio con hepatitis o el VIH, o programas médicos para el suministro de heroína o sustitutos para solucionar un problema inextricable, son acá tan inconcebibles como las tiendas de cáñamo (Hanflädeli), muchas de las cuales fueron clausuradas.

A pesar de que Suiza es periódicamente amonestada por la ONU por su política considerada liberal en la materia -tal como acá una iniciativa para legalizar la marihuana (se votaría en el 2010)-, parece predestinada al fracaso.

Regula Ochsenbein, Santiago de Chile.

Contexto

Regula Ochsenbein nació en Lucerna el 15 de marzo de 1949. Cursó sus estudios primario y secundario en Basilea y Berna, donde obtuvo su 'Matura' (bachillerato), en 1968.

En aquel año de efervescencia estudiantil en Europa comenzó la carrera de Sociología y la terminó en 1977 graduándose de licenciada en Historia Moderna y Sociología de los países en desarrollo y derecho público.

Durante sus estudios participó en intercambios estudiantiles (Checoslovaquia); trabajó de voluntaria en un pueblito de Grecia y en un Kibutz de Israel.

Su vida profesional la llevó, tras un curso de preparación, al servicio diplomático, ámbito en el que permaneció desde 1978 hasta 1985. En ese año decidió abandonar la carrera y quedarse en Chile tras haber ocupado funciones en Portugal, Santiago de Chile y Londres.

Actualmente combina en Chile sus actividades de socióloga con las de artesanía en madera.

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