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¡Libere a sus libros de la tortura de las estanterías!

Ron Hornbaker, inventor del movimiento.

(bookcrossing.com)

La cadena de lectores denominada en inglés ‘bookcrossing’ deja sus libros en sitios públicos para que otros puedan leerlos. Y su destino es seguido a través de Internet.

Este movimiento, fundado en Estados Unidos, toma peso también en Suiza.

Encontrarse con un ejemplar de la obra ‘Como te guste’ de William Shakespeare en el estante de los folletos con los horarios de tren de la estación de Zúrich no sería casualidad alguna.

Se trataría de un “abandono premeditado” de ‘phyllopteryx’, un hombre de 27 años del poblado suizo de Wil quien, bajo ese seudónimo, participa en ese movimiento internacional de intercambio de libros.

Básicamente es un club de lectores que renuncia a la posesión de un libro, para que éste pueda salir a un viaje sin fronteras y caer en manos de otros muchos lectores.

Esta cadena de amantes de la lectura se ha bautizado con el nombre en inglés de ‘Bookcrossing’–una mezcla de bolsa literaria y biblioteca internacional en línea, que significaría en español algo así como ‘Libros en travesía’.

El fenómeno como tal se inició en abril del 2001 en un pequeño poblado de la ciudad de Kansas, en Estados Unidos.

El programador Ron Hornbaker emprendió la idea de desarrollar una página en la Red que permite “bajo cierto control” desprenderse de sus libros o, dicho en otras palabras, “liberarlos en la jungla” para que sean aprovechados gratuitamente por otros lectores.

Señal indispensable

La invitación concretamente es a dejar un libro en cualquier parte pública: en una banca de algún parque, en un restaurante o en el vagón de tren para que otra persona lo encuentre y lo lea.

Antes de que el dueño de cierto libro realice este desprendimiento voluntario, debe registrar la obra con un número de identificación en la página Internet www.bookcrossing.com.

A fin de que el juego funcione, los ejemplares deben ser fácilmente reconocidos con una marca especial: una etiqueta amarilla pegada normalmente sobre la carátula del libro (ver foto).

Esta señal significa: “Soy un libro especial. Viajo alrededor del mundo en busca de nuevos amigos que quieran leerme”.

Gracias al número de identificación, aquel que encontró el libro puede hacer un comentario en Internet sobre el sitio en donde lo descubrió y sobre la obra en sí misma, antes de volver a liberarlo. De esta forma, la primera persona que se despojó de él puede seguirle los pasos.

Creciente número de participantes

Lo que empezó como un juego, se ha convertido en un gran movimiento a escala mundial. En todo el globo se han registrado en Internet 216.000 lectores de estos libros aventureros.

En Suiza se encuentran 1.300 lectores adeptos a la cadena, provenientes, sobre todo, de los cantones de Berna, Tesino y Vaud.

Todos unidos han registrado a más de 800.000 libros en la página Internet cuya consigna es “Las estanterías son una tortura para los libros”.

Los participantes se presentan bajo seudónimos. En la página Web se puede conocer la colección personal de los libros en viaje de cada uno de los contribuyentes y también se puede entrar a las sesiones de debate sobre las obras (Chat-rooms).

Una muestra de que la Internet y la Literatura no necesariamente se encuentran contrapuestas. “Internet le pone piernas a los libros”, intitularía hace poco la revista germana ‘Spiegel-Online’ a uno de sus artículos sobre este fenómeno.

Finalmente, también se observa la necesidad de intercambio y contacto humano entre estos internautas unidos por el interés de la lectura de estos libros librados del polvo de los estantes. Los miembros de la cadena se reúnen cada segundo martes del mes en restaurantes o cafeterías predeterminados.

Contacto directo

Este tipo de encuentros también tienen lugar en las ciudades suizas de Lausana, Zúrich y Lugano. Y la invitación se hace, por supuesto, a través del ciberespacio. Incluso, en Zúrich se puede votar por Internet sobre el sitio donde ser realizará la reunión en puerta.

“Es emocionante encontrar personalmente a otras personas, que sólo conoces por su seudónimo en Internet”, indica una joven de Lugano, quien es una activa participante del movimiento desde esa ciudad del cantón Tesino.

También hay críticas

No faltan críticas contra esta novedosa acción. Los ataques se dirigen especialmente al modo en que pueden ser desechados los libros no deseados, sin tener que tirarlos directamente a la basura. Una forma de inundar el espacio público con libros chatarra, dicen los fustigadores.

Las librerías también podrían mostrarse temerosas hacia estos “prestalibros cibernéticos”. Aunque, en realidad, la situación poco a cambiado para ellas.

Las editoriales pueden ver a esta corriente, incluso, como una oportunidad. La editorial Goldmann ha liberado mil nuevos ejemplares de la novela ‘Paranoia’ de Marc Costello, pues sabe bien que entre más lectores hablen sobre un libro, el negocio se reaviva.

swissinfo, Gerhard Lob
(Adaptación: Patricia Islas)

Datos clave

Año de fundación del movimiento: 2001
No. de miembros: 216.000
No. de miembros en Suiza: 1.300

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Contexto

En 2001 surgió el movimiento.

El participante registra su libro en Internet y recibe un inintercambiable número de identificación.

Después se desprende de la obra en algún lugar público.

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