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"Los brasileños, muy ricos; nosotros, muy pobres"

La ayuda suiza llega a los pobres de la región metropolitana de Curitiba.

(Fridolin Walcher)

La Asociación Brasileña de Amparo a la Infancia (Abai), fundada por la suiza Marianne Spiller, en Madirituba, puerto de Curitiba, ayuda a niños y jóvenes carentes, a adultos narcodependientes y desarrolla un programa de agroecología.

El objetivo de la nueva directora, también suiza, Heidi Wyss-Grimm, es hacer que la entidad conquiste su autonomía- inclusive financiera- para no depender de la ayuda externa.

“Siempre me gustó la música latinoamericana. En parte, esto me impulsó a ir allí. Además, la simplicidad de la vida en Brasil resulta muy importante para mí”, dice Heidi Wyss-Grimm, al hablar de los motivos que la llevaron hace una década a instalarse en la región metropolitana de Curitiba.

“Como joven agricultura y madre, tuve el sueño de que sobrevolaba los bosques de Brasil”, cuenta, al recordar que ya hacia un buen tiempo que pensaba trabajar en un proyecto social en el exterior. Sueño que demoró, pero se hizo realidad.

Hija de un herrero, nacida en Schöbbühl, en el cantón suizo de Berna, Heidi primero se formó en administración, se casó y tuvo tres hijos. Después de trabajar 15 años en la granja de sus suegros, hizo un curso de pedagogía social y trabajó en una clínica psiquiátrica infantil-juvenil en Zúrich.

“En Brasil, en casa”

Allí en la mayor ciudad de suiza tuvo el primer contacto con el proyecto Abai, donde hizo un trabajo de voluntariado –es decir, cubriendo todos sus gastos y sin cobrar por el empleo realizado- durante seis meses en 1995.

“Todo lo que había hecho antes en diversas etapas de mi vida en Suiza se unía en esa tarea. Pude aprovechar la experiencia en todas mis profesiones y, luego, me sentí en casa en Brasil”.

Heidi volvió a Suiza y teniendo claro que requería de más tiempo en Brasil, fue “desmontando la barraca” en Suiza, como dice ella. El año 2009 asumió la dirección general de Abai.

Hoy, con estatus de fundación y 40 empleados, Abai atiende a 100 niños de 6 a 16 años abandonados por sus familias y 30 dependientes del alcohol o las drogas. “Procuramos fomentar la propia cultura brasileña y no enseñar nuestras cosas”, subraya.

Abai visita las favelas para encontrar a los pequeños más desprovistos y motivarles a asistir a la escuela. “Medio día van a la escuela y la otra parte de la jornada vienen a nuestras instalaciones, donde tienen espacio para brincar, hacer las tareas escolares, aprender arte, música, danza, informática, trabajar con madera o artesanías”.

También la alimentación es muy importante. “La mayoría de ellos no tienen comida suficiente en casa. Muchas veces, van a dormir con hambre. “Abai ofrece a diario alimento a 200 personas”.

La fundación tiene un terreno de 15 hectáreas, donde cultiva productos para el consumo propio y realiza cursos para pequeños agricultores orgánicos, una lección de educación ambiental y un proyecto de protección de fuentes acuíferas.

Terapia en el campo

Durante dos años, Heidi participó en un proyecto con niños en las calles de Curitiba. Encontró entonces a las familias de los pequeños, dejando desnudo el problema causado por el alcohol y las drogas; de allí nació el centro de rehabilitación de Abai.

Sus “clientes” son personas sin empleo que “se anestesian bebiendo cachaça. Entre tanto, sus críos sufren como estos padres. Por eso comenzamos el trabajo con los dependientes. Después de una desintoxicación en una clínica, viven en contacto con la naturaleza, en comunidad, para iniciar una nueva etapa de sus vidas, sin drogas”.

Durante la rehabilitación, trabajan en las oficinas, en el restaurante y en la agricultura. “La tierra es un buen campo de terapia. Y en el restaurante también se ofrecen cursos culinarios, que les sirven para ejercitar la reintegración en la sociedad. El restaurante está abierto al público y frecuentemente reservado para casamientos y en estos festejos no se sirven bebidas alcohólicas”, dice Heidi.

Abai también tiene una huerta comunitaria en el barrio Areia Branca y financia el 30% de un proyecto para niños de la calle de Curitiba. Se les da abrigo en Madirituba. Coopera con instituciones políticas locales, pero la mayor parte de sus recursos viene de asociaciones de Suiza y de Alemania (ver enlaces en la columna derecha).

“La vida, como es”

En los próximos años, Heidi quiere cambiar esa situación. “Luchamos por su autonomía, también financiera, a largo plazo. “Los brasileños deben asumir más sus responsabilidad en la institución y cuidad de este trabajo”.

Tras 15 años en Brasil, acredita que esto es viable. “Los brasileños son muy ricos, nosotros somos muy pobres. Ellos comparten aún cuando no hay casi nada para compartir. Los europeos están más ensimismados y se centran en cosas materiales”.

Heidi Wyss-Grimm está tan feliz con lo que hace en Brasil, que cuando swissinfo.ch conversó con ella en Uster (cantón de Zúrich), contaba las horas para volver a Mndirituba, tras un mes de viajar por Suiza para encontrarse con parientes y amigos y hablar de su proyecto.

Creo que llegué a conocer la vida real, la vida como es, en la simplicidad, viviendo y trabajando con los pobres de Brasil. Ellos me enseñan la solidaridad, la felicidad con pocas cosas, la felicidad de vivir el momento, de compartir. Encontré a muchos brasileños que han perdido a su familia. Su voluntad y su esfuerzo de ser felices me anima también a ser feliz junto con ellos”.

Geraldo Hoffmann, swissinfo.ch
(Traducción: Patricia Islas)

Una vida para los pobres

Marianne Spiller, nacida en 1940, estudió Psicología en Zúrich y, en seguida, participó en París en un proyecto social del cura Pierre, figura emblemática del combate a la exclusión, muerto en 2007.

Influenciada por Pierre y por los teólogos de la liberación, como Hélder Câmara, se dedicó a los pobres.

En 1972, emigró a Brasil y, junto con amigos, fundó la asociación ‘Amigos del Centro Infantil de Mandirituba’, para reunir fondos dirigidos al proyecto social que, en 1981, se transformó en Abai (Asociación Brasileña de Amparo a la Infancia).

Desde 2009, la dirección de Abai quedó al cargo de la suiza Heidi Wyss-Grimm.

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