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"Suiza no tiene nada que temer"



Para Tareq Ramadan, el resultado del voto del pasado 29.11 en Suiza revela una suerte de descontento por la creciente visibilidad musulmana.

Para Tareq Ramadan, el resultado del voto del pasado 29.11 en Suiza revela una suerte de descontento por la creciente visibilidad musulmana.

(swissinfo.ch)

Tariq Ramadan está considerado como uno de los más influyentes pensadores del islam europeo. Nacido en Ginebra en el seno de una familia egipcia, este doctor en Ley Musulmana y Filosofía Occidental valora los resultados del referéndum del domingo.

El profesor Tariq Ramadan habló con swissinfo.ch desde su despacho en la Universidad de Oxford. Entrevista.

Tariq Ramadan es un filósofo suizo nacido en Ginebra en 1962, en el seno de una familia de origen egipcio. Su abuelo materno es Hassan Al Banna, fundador del movimiento de los Hermanos Musulmanes.

Estudió Filosofía en la Universidad de Ginebra y obtuvo un Doctorado con una tesis sobre la obra de Friedrich Nietzsche. Posteriormente estudió el Derecho Islámico en la Universidad Al-Azhar de El Cairo, Egipto.

Es autor de numerosos libros y está considerado de forma casi unánime como "el más influyente pensador del islam europeo". Su obra es muy popular entre los musulmanes de Francia, Bélgica y Suiza.

En 2004 el Gobierno de los Estados Unidos le negó un visado para enseñar en la Universidad de Notre Dame, en Indiana. En julio de 2009, un juez estadounidense declaró las alegaciones en contra de Ramadan como "infundadas".

Tariq Ramadan es un personaje polémico. Numerosos intelectuales, pensadores, periodistas y políticos europeos le acusan de "maestro del doble discurso" y de manejar lo que definen como "una agenda oculta". El célebre filósofo francés Bernard Henri Lévi le definió como "un polemista temible".

Fue nombrado unos de los "100 personajes más influyentes del mundo" por la revista americana "TIME". Ha sido consultor para temas islámicos de diversos gobiernos europeos y docente en universidades del Reino Unido, Suiza y Holanda, entre otros países.

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swissinfo.ch: ¿Qué valoración hace usted de la decisión del pueblo suizo?

Tariq Ramadan: La reacción de los suizos es muy interesante. Muchos analistas se detienen en el símbolo de la prohibición de los minaretes, pero no en el fondo. Es evidente que la verdadera cuestión que se ha tratado en el referéndum es acerca del islam y la presencia de inmigrantes musulmanes en Suiza. Considero que el gran problema es la nueva visibilidad musulmana. Esa presencia cada vez más visible es lo que Europa en general no acaba de aceptar.

swissinfo.ch: ¿Los minaretes, o alminares, no serian entonces el problema?

T.R: Está claro que no. Puesto que, en un momento dado, la derecha populista suiza intentó usar como símbolo de su combate el ritual musulmán utilizado en la carnicería islámica, o "halal", pero pronto se dio cuenta que es similar al que utilizan los judíos para la alimentación "kosher", y desistió. Finalmente, eligió la lucha contra los minaretes como símbolo visible del islam.

swissinfo.ch: ¿Y cual es la razón de ese rechazo?

T.R: El elemento central del miedo y el rechazo pasa por la globalización económica y el temor que ella impone en los pueblos. Creo que es algo central en la actual crisis identitaria europea.

swissinfo.ch: Pero son muchos los países europeos que parecen tener un conflicto con la inmigración musulmana.

T.R: El rechazo al islam y la inmigración árabo-musulmana toma en Europa diversas características, en función de los intereses particulares de cada nación. Los franceses hablan del velo en las escuelas, los holandeses se centran en la intolerancia hacia los homosexuales y en Suiza son los minaretes. España tampoco está ajena al conflicto, puesto que el Partido Popular trata a los musulmanes como elementos exógenos e inaceptables. Y no olvidemos que el papa Benedicto XVI recuerda constantemente las raíces latinas y griegas de Europa, olvidando el importante aporte islámico.

swissinfo.ch: ¿No le ha sorprendido el voto suizo, cuando el Gobierno, los partidos y los medios de comunicación llamaron claramente a rechazar la iniciativa?

T.R: No me ha sorprendido demasiado. Y permítame decirle que no creo que el mensaje de la clase política sea neutral ni favorable a los musulmanes. El problema es que los partidos mayoritarios y democráticos van a remolque de los movimientos populistas de derechas, que son quienes realmente dictan la agenda política. Los demás partidos reaccionan como pueden ante ese hecho consumado.

swissinfo.ch: ¿Incluidos los movimientos de izquierdas?

T.R: Pienso que incluso los partidos progresistas, al hablar del islam, dicen siempre "PERO". Dan así a entender que el islam es, por definición, una fuente de conflictos. Casi siempre los políticos aclaran "pero" estamos contra la ablación femenina. "pero" estamos contra las pisicinas separadas, o sí "pero" en contra de los matrimonios forzados. Y así con diversos temas.

El pasado domingo 29, el pueblo suizo pronunció con un 58% de votos y un 55% de participación ciudadana a favor de inscribir la prohibición de edificar minaretes en las mezquitas de Suiza.

La iniciativa es fruto de una propuesta del partido de derecha nacionalista UDC (Unión Democrática del Centro), que representa al 29% de los ciudadanos suizos y es mayoritario en el Parlamente, y la minoritaria Unión Democrática Federal (UDF).

En Suiza viven unos 400.000 musulmanes. Mayoritariamente provenientes de Turquía, Albania y la ex-Yugoslavia.

El resultado del referéndum causó auténtica conmoción en toda Europa y el mundo árabe – musulmán y atrajo sobre Suiza una atención mediática sin precedentes.

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swissinfo.ch: De hecho, numerosos observadores destacan que en Suiza, fuerzas políticas como las feministas o la izquierda habrían sido un apoyo inusual a la iniciativa contra los minaretes.

T.R: Así es. Pues incluso gente que se considera progresista vota hoy contra los musulmanes, y eso me parece muy preocupante. Pienso que el verdadero peligro no es la derecha, sino la normalización del discurso de la derecha entre los partidos políticos tradicionales. Mire usted, en Francia ha ocurrido algo significativo, y es que se ha demostrado que las tesis del Frente Nacional pueden ser aceptadas hasta por un 73% de votantes, siempre y cuando estos no sepan que las ideas provienen del Frente Nacional. O sea, la misma idea en la boca de Marina Le Pen es aprobada por apenas un 20% del electorado...pero en boca de otros políticos puede llegar a subir hasta el 73%, lo que demuestra que el problema no son las ideas anti-musulmanas, sino quién las dice.

swissinfo.ch: De hecho, la cuestión de las piscinas segregadas mencionada antes ha causado conflicto en Suiza. ¿Qué opinión le merece ese tema?

T.R: Las piscinas segregadas para mujeres musulmanas no tiene que ver sólo con cuestiones legales, sino también psicológicas y sociales. Aunque creo igualmente que los musulmanes no deben exagerar en sus demandas y comprender que hay ciertos límites que a la opinión pública europea le puede costar atravesar. También digo a los musulmanes: ¡una niña de 8 años no puede ir a la escuela con pañuelo islámico! Son malas interpretaciones de la religión, porque antes de la pubertad no pueden aplicarse esas medidas.

swissinfo.ch: ¿Cree que de parte de los musulmanes falta algo más de auto análisis? ¿Acaso comunican ustedes mal sus puntos de vista?

T.R: Pienso que es imperativo un cambio de actitud en los musulmanes. Un cambio de discurso y un severo auto análisis. Creo que lo que ocurre en Suiza es una llamada a despertarnos, que nos obliga a ser más responsables y activos.

swissinfo.ch: ¿Debe Suiza prepararse para una crisis similar a la que siguió a la publicación de las caricaturas de Mahoma en 2005?

T.R: No creo que Suiza deba tener temor a una reacción violenta de parte del mundo árabe-musulmán. El caso de las caricaturas de Mahoma fue muy distinto, porque ahí se atacaban los fundamentos mismos de la religión, lo que no es el caso ahora con los minaretes. Estos no son imprescindibles a la práctica religiosa ni a la oración. Desde el universo musulmán se ha llamado claramente a no decretar ningún boicot a Suiza ni reaccionar con violencia.

Rodrigo Carrizo Couto, swissinfo.ch


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