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Adiós a Roger Dubuis Muere uno de los últimos maestros relojeros suizos

El relojero ginebrino Roger Dubuis

El relojero ginebrino Roger Dubuis concibió y desarrolló más de 30 movimientos mecánicos complejos. 

(Samir Hussein/Getty Images)

Roger Dubuis falleció el pasado fin de semana a los 80 años. Esta personalidad del mundo de la alta relojería fundó en 1995 la fábrica ginebrina del mismo nombre, controlada desde 2008 por el grupo de lujo Richemont.

Roger Dubuis es el artífice de una de las marcas de relojes suizos más prestigiosas de la historia reciente, conocida por su modelo Excalibur y sus relojes ‘esqueleto’, dotados de complejos mecanismos. Se trata de joyas de entre 12 000 y un millón de dólares que sedujeron a clientes famosos como los actores Sylvester Stallone y Gerard Butler.

Los relojes DubuisEnlace externo llevan el sello del ‘Poinçon de Genève’, una de las clasificaciones más difíciles de lograr en el sector. Exige que el fabricante decore y lustre cada parte del reloj, incluyendo los tornillos. Algunos elementos son más pequeños que una millonésima de metro, lo que requiere microscopios para verificar su calidad, y algunos modelos tienen más de 400 piezas.

Con su compromiso y su amor por la profesión, Roger Dubuis se convirtió en guardián de la tradición relojera suiza. “Mi carácter se forjó a través de la restauración de relojes viejos”, explicaba Roger Dubuis en 2015 al semanal francés ‘Le Point’Enlace externo. “¿Qué podría ser más conmovedor y estimulante que seguir los pasos de esos relojeros de antaño? Siempre he tenido gran admiración y respeto por su trabajo, su disciplina, integridad e inteligencia superior”.

“Tuve miedo...”

La pasión de Roger Dubuis por los relojes se remonta a su infancia. Muy joven, comprendió que sería relojero. “Su corazón resuena cuando escucha el retoque del ángelus en su pueblo”, escribe ‘Le Point’. A los 12 años, el niño remonta las pesas en la torre del reloj y luego asiste al taller de un relojero local. Se inscribe en la prestigiosa Escuela de Relojería de Ginebra y se apasiona por los mecanismos más complejos. Su carrera comienza al servicio de las complicaciones del Patek Philippe, donde permanece 14 años.

En una entrevista concedida en 2016 a la revista especializada ‘Montres Passion’, Roger Dubuis narra cómo vivió la llegada al mercado de los relojes de cuarzo a finales de los años setenta. “Estaba muerto de miedo. Pensé que era el fin de la relojería. Tanto fue así que en 1977 fundé con algunos colegas el ‘Groupement des cabinotiers’ (grupo de trabajadores que laboran en un pequeño taller en el piso superior de un edificio). Nuestro objetivo: preservar las profesiones inherentes a la relojería como el grabado y el esmalte. No todos eran trabajadores por cuenta propia, sino personas empeñadas en salvar su oficio”.

La historia de la empresa que lleva su nombre comenzó en 1995. En colaboración con el diseñador Carlos Dias, Roger Dubuis pretende crear relojes de alta gama que combinen innovación técnica, precisión y diseño visionario.

 Presentación de un reloj mecánico de Roger Dubuis.

Presentación de un reloj mecánico de la marca Roger Dubuis en el Salón Internacional de la Alta Relojería de Ginebra, enero de 2014.

(Gianluca Colla/Bloomberg via Getty Images)

Incómodo con la evolución de la relojería

Pero el negocio no va según lo planeado. “Desgraciadamente, Roger Dubuis era un relojero demasiado duro y puro, mientras que Carlos Dias era demasiado ‘visionario' o demasiado ‘artista', uno y otro eran muy poco empresarios para que la aventura se perpetuara”, escribe el sitio especializado ‘Business Montres & JoaillerieEnlace externo’, que habla de Roger Dubuis como “uno de los últimos (verdaderos) maestros relojeros”. 

En 2008, cuando la empresa de Roger Dubuis estaba al borde de la quiebra, el grupo de lujo helvético sudafricano RichemontEnlace externo acude al rescate y compra el 60% de las acciones de la compañía. Años más tarde, el resto.

En los últimos años, para Roger Dubuis fue difícil hacer frente a las nuevas orientaciones de la industria relojera y, en particular, a su excesiva financiarización. Los últimos veinte años de su vida no fueron muy felices para ese maestro relojero, el cual había recibido el título honorífico de “gran testigo” y “activo patrimonial” en el seno de una marca que él había fundado, pero donde ya no se sentía muy cómodo.

“La relojería de los años 2010 se había vuelto tan extraña como extranjera a los ojos de Roger Dubuis. En una generación, redescubriremos su genio", dice Gregory Pons, editor jefe de ‘Business Watches & Jewelry’.



Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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