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Afganistán reclama ayuda a gritos

La reconstrucción de Afganistán necesida muchísimo dinero.

(Keystone)

A un año de que la coalición dirigida por Estados Unidos iniciara los bombardeos sobre Afganistán, el país sigue en ruinas.

Los grupos de ayuda suizos en el terreno advierten que la comunidad internacional no ha cumplido todavía muchas de las promesas hechas.

Suiza ha comprometido este año unos 20.8 millones de francos (14 millones) para atender principalmente las necesidades básicas de alimentación y vivienda.

Lo que preocupa ahora es el destino de miles de millones de dólares de ayuda prometida por los donantes internacionales tras el bombardeo encabezado por Estados Unidos.

"Hay una sensación de frustración" declaró a swissinfo, Markus Müller, coordinador de la ayuda humanitaria del gobierno suizo.

"Cuando uno habla con los afganos, siempre preguntan de lo que ocurre con las promesas hechas".

"Hemos creado expectativas muy grandes", sostiene Susan Schneidl, directora del foro de apoyo a sociedad civil afgana, Swisspeace.

"Si acaso aprendimos de la Historia, sabemos que el incumplir las promesas puede ocasionar la caída del gobierno actual, como ocurrió en 1992", previene.

Es cuestión de dinero

Los esfuerzos suizos en Afganistán, un país castigado por más de 20 años de guerra, son también objeto de evaluación.

La Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) ha propuesto la reducción de un 15% en su presupuesto de ayuda de 17,7 millones (12 millones de dólares) para Afganistán, en la gestión 2003.

Casi 80% del presupuesto de este año ha sido gastado en la provisión de servicios humanitarios elementales canalizados a través del Programa Mundial de Alimentos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

El resto, unos 1,8 millones de francos -, fue destinado a organizaciones no gubernamentales como Tierra de Hombres, Grupo de Ayuda a Afganistán, de Schaffhausen, y Comité Internacional de la Cruz Roja (CICIR).

Todas estas ONG son elogiados por su presencia en la reconstrucción de escuelas, hospitales y viviendas, a menudo en áreas difíciles y remotas del país.

Según Müller, "Suiza deberá decidir lo que espera lograr en Afganistán". "Debemos seguir prestando cuidado a las personas más vulnerables", precisa.

" (No obstante), debemos responder a la pregunta de qué papel corresponde desempeñar a un país como Suiza en Afganistán, donde las necesidades son increíbles.. Nunca he visto un país en el que todo hay que rehacer desde cero", concluye.

Sociedad civil en construcción

En lugar de tratar de arreglar las cosas de una vez, Müller cree que los esfuerzos suizos en Afganistán deben dirigir su apoyo a la comisión de derechos humanos y a la redacción de una nueva Constitución nacional que preceda a las elecciones en el 2004.

Swisspeace, participante en la Asamblea de etnias afganas 'Loya Jirga' que este año instaló en la presidencia a Hamid Karzai, concentra su empeño en la creación de una sociedad civil sólida.

"No se entiende lo que el Estado es ni lo que son los ciudadanos, ni tampoco lo que éstos pueden pedir al Estado", anota Schneidl.

"El edificar una sociedad civil demanda tiempo. En la guerra se ha perdido una o dos generaciones, y el reconstruirla podría requerir una o dos generaciones".

Resurgir de los escombros

A primera vista, muchas cosas parecen haber cambiado en los últimos doces meses.

Ya no se obliga a las mujeres a llevar el velo (burka) y las muchachas pueden asistir a la escuela.

Hay ajetreo en Kabul, se reconstruyen las viviendas, los restaurantes abren sus puertas, reaparecen los bienes de consumo y, por primera vez, la congestión del tráfico vuelve a fastidiar a la capital.

Los problemas profundos persisten

A Susanne Scheindl también preocupa la superficialidad de varios cambios.

"Bombardear un país y cambiar el gobierno no cambia el sentimiento de un pueblo" Más de 20 años de guerra han endurecido a la gente, en ciertos aspectos considerados partes de una cultura muy honorable".


Schneidl señala que la seguridad personal es hoy un asunto mucho más importante de lo que era hace 12 meses.

"Han pasado muchas cosas malas en el régimen talibán, pero la seguridad era altísima. Varias personas dirigen (hoy) su mirada a 1992, a cuando los muyaedines peleaban entre sí", anota.

Gobierno en terreno frágil

También hay problemas relacionados con el nuevo gobierno presidido por Hamid Karzai, a quien muchos consideran apenas como un alcalde de Kabul.

"El gobierno de Karzai controla los alrededores rurales de Kabul, pero eso es todo, más o menos", afirma Müller.

"En otros sitios está ausente, especialmente en términos de proveedor de servicios públicos tales como escuelas y educación".

Se suele citar la falta de estructura gubernamental como una de las razones para la retención de la ayuda internacional.

"En términos operativos, no hay capacidad en el gobierno afgano para convertirse en socio interlocutor de las agencias internacionales como el Banco Mundial", concluye Müller.

swissinfo, Jacob Greber

Datos clave

Suiza comprometió 20,8 millones de francos para Afganistán en el 2002
El presupuesto 2003 sufrirá el recorte de 15%
80%del presupuesto de este año fue para servicios básicos
20% para varias ONG

Fin del recuadro


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