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Migrantes centroamericanos en caravana hacia EEUU descansan en un estadio tras llegar a la ciudad de Querétaro, en México, el 10 de noviembre de 2018

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Después de horas de camino, miles de centroamericanos arriban este sábado en caravana al central estado de Querétaro, tras abandonar al alba la capital de México, decididos a alcanzar su destino final en Estados Unidos, pese al furioso rechazo del presidente Donald Trump.

Unas 10 horas después de dejar Ciudad de México, alrededor de 2.000 migrantes ya habían logrado llegar a Querétaro, un próspero estado caracterizado por su alto desarrollo industrial, donde las autoridades locales dispusieron que se alojaran en los pasillos exteriores del estadio de fútbol La Corregidora, sin acceso a las gradas ni a la cancha.

Se espera que otros 3.000 que también reanudaron su marcha desde un albergue al oriente de Ciudad de México, viajando primero en vagones de metro -habilitados especialmente por la alcaldía de la capital- y luego en vehículos e incluso a pie, lleguen a Querétaro en las próximas horas.

Con cobijas y plásticos, los migrantes improvisan refugios para frenar las fuertes corrientes de aire frío que afectan a aquellos que sufren enfermedades respiratorias. Algunos de ellos, sobre todo niños, presentan fiebre.

Otros se duchan como pueden en los baños del estadio; mientras la mayoría, exhausta, intenta descansar sobre las colchonetas que cargaron todo el camino.

Para hacer el viaje hubo que caminar un buen tramo y "tomamos un autobús que nos cobró unos 100 pesos (unos 5 dólares)" por 150 km, dijo a la AFP Héctor Torres, un padre de familia hondureño.

"La verdad, se están aprovechando los transportistas y taxistas de nosotros los inmigrantes que venimos estirados, o sea, sin dinero. Esto es una denuncia", subrayó, alegando que no los llevan al destino acordado pero sí cobran la tarifa.

Los migrantes se quejan de que los comercios cercanos a sus campamentos también aumentan los precios del agua y comida.

"Nos están engañando", lamentó Torres.

- Cansancio y frustración -

La caravana migrante partió el 13 de octubre desde la hondureña San Pedro Sula y ha recorrido más de 1.500 km. En días posteriores se sumaron al menos otras dos caravanas, a las que Trump ha calificado de "invasión", disponiendo por ello la movilización de miles de soldados para reforzar su frontera con México e impedirles el paso.

Entre estornudos y toses, los migrantes recogieron el campamento en el que pernoctaron por seis noches en Ciudad de México.

Con niños tomando biberón en brazos o carriolas y otros pequeños caminando en pijama, los fatigados centroamericanos iniciaron su trayecto al norte aún en la oscuridad de la noche.

Carlos, un mexicano que no quiso dar más detalles de su identidad y que se unió a la caravana en el sureño estado de Oaxaca, dijo que conforme la caravana avanza hacia el norte el trato es más hostil.

En Chiapas, fronterizo con Guatemala, "la respuesta fue inmediata, desde que la gente llegó se dio la solidaridad, en Oaxaca lo mismo", pero las cosas cambiaron en Veracruz, Ciudad de México, y ahora Querétaro, lamentó.

En la capital mexicana, el campamento pasó de ser "un campo de refugiados a un circo, una exhibición, un zoológico para ir a ver a toda la gente que estaba ahí. Luego las falsas promesas de que van a dar buses y no te dan", reclamó desde el campamento del estadio, cubriéndose la garganta con una bufanda verde.

- "¡Vamos p'alante!" -

A su salida de Ciudad de México, la multitud de migrantes inundó los costados del periférico, una amplia vía de alta velocidad que atraviesa la megaurbe y conduce a la carretera hacia Querétaro.

En la moderna autopista, camiones de carga, patrullas pick-up y camionetas particulares se detenían para llevarlos.

Unos viajaban apretados y colgando de los vehículos como racimos; otros incluso iban sentados en el cofre de los vehículos, sobre el motor.

"¡Gracias México!", "¡Vamos p'alante!", gritaban a los pasantes mientras los saludaban agitando las manos.

Los demás seguían el periplo a pie o tomaban autobuses de transporte público.

"Cuando quieres algo se requiere un riesgo y no importa lo que pueda pasar. Y que sea Dios quien nos guarde y nos proteja", dijo Lucas Rocha, hondureño de 31 años que intenta alcanzar la frontera por segunda vez.

Grupos de activistas acompañan la caravana.

"Van cargados de ilusiones y de esperanza, entonces nosotros como mexicanos los ayudamos en su camino que es muy largo", dijo Angélica Eugenio, activista religiosa de 41 años, mientras ofrecía agua, atún y galletas.

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AFP