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El aspirante republicano a la Casa Blanca Donald Trump, en un acto en Washington el 21 de marzo de 2016

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Es como un coche deportivo que se ha salido tantas veces de la carretera que su piloto se siente inmortal. Pero los oponentes del republicano Donald Trump mantienen la esperanza de que sus últimos derrapes, especialmente sobre el aborto, finalmente le cuesten la carrera por la Casa Blanca.

El próximo test de popularidad será el martes en las primarias de Winsconsin. Una encuesta de la firma Marquette lo presenta como perdedor ante el senador Ted Cruz, que recoge el 40% de los votos contra el 30% para el multimillonario (con un margen de error de +/- 5,8 puntos) y un 21% para John Kasich, el gobernador de Ohio.

Esta encuesta se llevó a cabo entre el jueves y el lunes pasados, después de una semana dominada por ataques muy personales entre Donald Trump y Ted Cruz, mezclando a sus esposas. "Donald, eres un cobarde llorón, deja a Heidi en paz carajo", respondió Cruz a un tuit provocador de su oponente.

Otro frente de batalla se abrió cuando una joven periodista demandó al jefe de campaña de Trump por presuntamente haberla sujetado de manera violenta por el brazo. Donald Trump podía haber despedido a su asesor pero, en cambio, decidió atacar la honestidad de la mujer, diciendo que lo había amenazado.

Como si estas polémicas de tonos sexistas no fueran suficiente, Trump explicó el miércoles en una entrevista de televisión que apoyaba la prohibición del aborto y que las mujeres que lo llevaran a cabos debían ser sancionados penalmente. Pronto se dio cuenta de que había metido la pata, y dijo lo inverso en un comunicado.

El aborto es uno de los peores temas sobre los que un candidato presidencial puede cometer errores. A parte de las reacciones previsibles y escandalizadas de los demócratas, se puso en contra también a los conservadores antiaborto, que sostienen que sólo los médicos deben ser castigados.

"Una vez más, Donald Trump muestra que no reflexiona seriamente sobre los problemas", dijo Ted Cruz.

Pero desde el verano pasado, el camino a la nominación ha estado lleno de polémicas más o menos efímeras sobre las mujeres, el islam o los inmigrantes. Difícil evaluar cuánto pesaron en las diez derrotas que ha sufrido, y si será el caso de esta última vez también.

Su imagen entre los estadounidenses, de todos modos, se desploma: un 65% tiene opinión desfavorable, según una encuesta de Fox News. Sería el candidato republicano más divisor de opiniones en la historia reciente, de acuerdo con 32 años de encuestas de Washington Post-ABC.

Pero hasta que se demuestre lo contrario, entre el pequeño segmento de votantes en las primarias, sigue siendo el más popular.

- Rey de la television -

La historia de los últimos dos meses es ilustrativa de la lealtad a toda prueba de sus partidarios.

Durante una semana a principios de febrero, Donald Trump acusó al expresidente George W. Bush de negligencia antes de los trágicos ataques del 11 de septiembre de 2001; prometió ser "neutral" en el conflicto palestino-israelí, un anatema entre los conservadores pro-Israel; discutió a distancia con el papa Francisco; y aseguró "amar" el núcleo mismo de la controvertida reforma del sistema de salud de Barack Obama, el denominado Obamacare, odiado por los republicanos.

¿Escándalos? Pues ganó las primarias de Carolina del Sur holgadamente el 20 de febrero.

El 23 de febrero expresó ante sus seguidores que le hubiera gustado golpear él mismo a uno de los manifestantes que protestaban en sus actos. Borró por la noche a sus oponentes en el caucus de Nevada.

A la semana siguiente, Donald Trump dijo no conocer a un exlíder del movimiento supremacista blanco Ku Klux Klan, David Duke, que le apoyaba, para después retractarse. Ganó también la mayoría de las instancias del 1 de marzo conocidas como Súpermartes.

El 3 de marzo, el magnate hizo una alusión al tamaño de su pene en un debate ante casi 17 millones de espectadores. Ganó dos días después en dos estados del sur.

Una serie de altercados físicos marcaron sus actos en marzo. Pero él, criticado desde todos los frentes por su actitud incendiaria, se niega a emitir condenas y llamar a la calma. Ganó en tres grandes estados el 15 de marzo.

En medio de toda este espiral de controversias, Trump monopoliza también las antenas.

Cuando no hace mítines, es frecuentemente invitado a platós o entrevistado por teléfono. De acuerdo con un análisis de la empresa Mediaquant en el New York Times, a finales de febrero, la cobertura gratuita que hicieron los medios de los actos de Donald Trump representó el equivalente de 1.900 millones de dólares, más del doble de Hillary Clinton, la segunda más cubierta.

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AFP