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Una mujer mira cómo Iulian Angheluta, "el hombre que trae la luz", se prepara para instalar paneles solares en su casa, en la localidad rumana de Gorbanesti, el 25 de julio de 2017

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Iulian Angheluta lleva cinco años llevando la electricidad a los rincones más pobres de Rumanía, como la casa de Nicoleta Monea y sus hijos, en un país donde la pobreza, la falta de títulos de propiedad o las disputas sobre la sucesión dejan a muchos hogares sin acceso a la red eléctrica.

En Rumanía, un país miembro de la Unión Europea desde hace diez años pero el segundo más pobre del bloque, cerca de 100.000 hogares carecen de servicio eléctrico.

Ahora Nicoleta, que vive en Gorbanesti, una de las regiones más pobres del país, espera la llegada del llamado "hombre que trae la luz", un expublicista de 42 años que fundó una ONG y recorre el país.

Su objetivo es suplir la inacción de las autoridades, instalando paneles fotovoltaicos en las casas y en las escuelas que no están conectadas al sistema eléctrico.

La instalación para la familia Monea será la 98º que instala Angheluta. Otras dos familias de esta localidad de 3.500 habitantes del departamento de Botosani, en el norte de Rumanía, esperan con ansia su llegada.

"Los niños tenían que hacer los deberes apenas llegaban del colegio. Si tardaban mucho caía la noche y ya no veían nada", dice a la AFP Nicoleta, de 39 años. "A veces lloraban por eso".

La familia Monea vive desde hace 20 años en una casa de adobe que pertenecía a los suegros de Nicoleta. Sus seis hijos ahora son mayores. "Fue muy duro, sobre todo cuando eran bebés", explica.

- "Hacemos el trabajo de las autoridades" -

En esta región desfavorecida, donde muchos adultos han emigrado en busca de empleo, los Monea sobreviven gracias a las ayudas sociales, que suman 90 euros al mes, a los cuales se añaden los modestos ingresos que aporta el padre, Georgica, que se ocupa de las vacas del vecino.

Debido a su extrema pobreza, hasta ahora su única fuente de luz era una minúscula bombilla LED conectada a una pila y a veces una vela iluminaba un icono ortodoxo.

"Cuando papá tiene que cargar su móvil, vamos donde un vecino", cuenta Catalin, de 14 años. Pero su madre aclara que esto no es gratis. "Pagábamos seis lei (cerca de 1,3 euros, 1,19 dólares) para recargar la batería".

Acompañado de tres voluntarios, Iulian Angheluta llega finalmente con el material.

"En realidad, hacemos el trabajo de las autoridades, que viven de nuestras tasas e impuestos", se queja. "Existe un programa energético que se transmite de un gobierno al siguiente, pero no hay nada concreto", agrega.

El llamado programa nacional de electrificación, que debía conectar a 98.871 hogares a la red eléctrica entre 2012 y 2016, con un costo total de 210 millones de euros, "fue abandonado por falta de dinero", confirma el Ministerio de Economía a la AFP.

- Lágrimas de alegría -

Según Iulian Angheluta, el dispositivo de energía solar que provee su ONG cuesta unos mil por casa, un presupuesto que incluye el equipo y los costos de desplazamiento del equipo de voluntarios.

"Tenemos patrocinadores que financian nuestra operaciones según sus recursos: algunos pagan una casa o una escuela, otros una aldea entera", explica.

Cerca de la casa de los Monea, Vasile Iftimie y su esposa Anca también tiene puestas sus esperanzas en "el hombre que trae la luz".

"Me dije que si la casa llegaba a tener luz, iba a ser como estar en el paraíso", dice Vasile, de 35 años, padre de cinco hijos. En invierno "las noches son muy largas y los niños se quedan ahí, en la oscuridad, sin hacer nada".

"La iluminación es un paso adelante, claramente. Pero la gente carece de tantas cosas: educación, dinero, acceso al sistema de salud", explica Iulian.

A veces, lo reciben con desconfianza. "A la gente le cuesta creer que iluminamos su casa gratuitamente", señala, pero también recuerda a los "ancianos que rompen a llorar" o a los niños tan marcados por las carencias que tienen problemas para mostrar abiertamente su alegría.

"Pero sé que de noche, cuando ya nos hemos ido, juegan con el interruptor y sueñan con dibujos animados", señala.

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AFP