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Personal de seguridad afgano monta guardia frente a la puerta del principal hospital militar de Kabul donde un grupo de hombres armados mató a 38 personas e hirió a más de 70, el 8 de marzo de 2017

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Con voz trémula, el enfermero Abdul Qadeer recuerda el horror que vivió al toparse con uno de los asaltantes del principal hospital militar de Kabul este miércoles, mientras sus colegas, aterrorizados, saltaban por las ventanas para escapar.

Un grupo de hombres armados, vestidos con batas blancas, penetró en el hospital de Sardar Daud Khan, mató a 38 personas e hirió a más de 70, incluidos pacientes, doctores y enfermeras, durante seis horas.

Alarmado por los disparos, Qadeer decidió huir cuando se topó de bruces con uno de los atacantes, que con un AK-47 en las manos disparaba ráfagas en todas direcciones, mientras gritaba contra los pacientes y guardias en el tercer piso.

"Uno de mis amigos murió delante mío", explicó Qadeer a la AFP. "Estuve paralizado durante un momento, pero luego comprendí que tenía que saltar para escapar".

Qadeer resultó herido al saltar por la ventana, pero no fue el único. Varios miembros del personal médico que consiguieron esconderse pidieron ayuda con sus teléfonos en las redes sociales. Algunos de ellos treparon luego a las cornisas de las ventanas del edificio.

Majid Mojib, que trabajaba en la unidad de cuidados intensivos, se rompió una pierna cuando saltó de una ventana del tercer piso.

"Vi con horror como los doctores, los pacientes, todos el mundo gritaba mientras los asaltantes disparaban indiscriminadamente", dijo Mojib a la AFP en otro hospital, donde estaba siendo atendido.

"Muchos no sobrevivieron. Fue una masacre", añadió.

Familiares de las víctimas acudieron a las puertas del hospital, nerviosos y llorando, e increparon a las fuerzas de seguridad por no haber impedido el ataque.

"Mi hermano [un soldado afgano] resultó herido en el campo de batalla pero murió en este hospital militar", gritó un hombre.

"Murió en el lugar donde debería haber sido curado y protegido", añadió.

El hospital, con unas 400 camas, está considerado uno de los principales establecimientos del sistema de salud pública afgano y cada día recibe a docenas de soldados heridos, así como a insurgentes.

El ataque fue reivindicado por los yihadistas de Estado Islámico.

Mojib se sentía invadido por el sentimiento de culpa del superviviente.

"Sobreviví y mi pierna va a ser operada, pero cuando recuerdo a mis pacientes, a mis colegas que dejé atrás, mis ojos se llenan de lágrimas", declaró.

AFP