En medio de un océano de lonas de plástico, en el campo de desplazados sirios de Qah, surgen ante la mirada las heridas del más reciente ataque. "La muerte cayo del cielo" y mató a 16 civiles, entre ellos ocho niños, explica uno de los supervivientes.

Con capucha verde, Abu Mohamed hace grandes gestos al evocar la explosión que sacudió el lugar la víspera, mientras que algunos jóvenes vienen a escuchar su relato.

Hace más de ocho años que el conflicto sirio lo obligó a abandonar su hogar, al igual a que millones de sus compatriotas.

"El primer ataque que viví fue contra una escuela. Y ahora aquí. (...) Una bomba de fragmentación que cayó en el campamento", dice. "Todos los países del mundo están en contra de este pueblo. (...) Queremos un acuerdo sólido para que nos dejen en paz", dice.

-Fue muy fuerte-

La región de Idlib sigue sin ser controlada por el régimen de Bashar Al Asad.

Después de meses de intensos bombardeos que costaron la vida a casi 1.000 civiles, Moscú anunció una tregua a finales de agosto. Sin embargo, la OSDH informó que los bombardeos esporádicos continúan y causan la muerte de decenas de civiles.

En Qah, un día después del bombardeo, los niños se precipitan alrededor de los restos de un misil tierra-tierra verdoso cuyo origen exacto se desconoce. Más lejos, una abuela lleva en sus brazos a una niña cuyo rostro tiene marcas de metralla. En la mejilla y el cuero cabelludo de Aicha se ven heridas, con sangre apena seca.

Su tío, Abu Mahmud, explica que "oyó una explosión después de la oración de la tarde. "Fue muy fuerte. Nos apresuramos hacia la tienda de mi hermano. Había fuego. Mi cuñada y una de sus hijas estaban muertas. Mi hermano sufrió heridas de metralla y quemaduras", añade este hombre de chaqueta gris y gorro azul.

Interrogado por la AFP, el doctor Abdel Moti Ahmadiyah, cirujano del hospital de Atmé, afirma haber visto cuatro cadáveres y varios heridos. "Estas zonas de refugio de civiles son conocidas por todos", denuncia.

- Una maternidad dañada -

Según las Naciones Unidas, además de la destrucción en el campamento, se dañó una "maternidad" y cuatro trabajadores humanitarios resultaron heridos. "Estoy afligido por la noticia de este último ataque devastador contra civiles en la zona de Idlib", comentó Mark Cutts, jefe de la misión humanitaria de la ONU en Siria, pidiendo una "investigación exhaustiva" del "horrible incidente".

En un comunicado, Francia también condenó "firmemente la continuación de los ataques indiscriminados por el régimen y sus aliados en Idlib".

En el lugar afectado, una bombona de gas se encuentra ahora entre ropas polvorientas. Una puerta de madera todavía se mantiene en pie, separando piezas fantasmas de las que sólo quedan los cimientos de hormigón.

Un hombre recupera lo que aún puede servir y apila en un viejo colchón almohadas sacadas de los escombros.

En el otro extremo, la explosión arrancó el lienzo de otras tiendas. Con un turbante alrededor del cráneo y profundas ojeras, un aldeano, Abu Mahmud, cuenta: "estábamos en casa, todavía despiertos. (...) Algo cayó del cielo. (...) Cuando salí, no pude ver nada más que el misil que terminó su carrera contra mi pared, después de dañar mi tractor".

Para él, el shock es tanto más fuerte cuanto que no ha habido "ningún incidente en los últimos años. Aquí sentíamos una forma de seguridad. Pero esta zona que pensábamos estaba a salvo ahora está amenazada. La situación es muy difícil", lamenta.

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