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"Llamo, no llamo": el desamparo ante la radicalización de un familiar

Varias personas entrelazan sus manos ante la mezquita de Villefontaine para condenar el ataque, que se sospecha yihadista, de Saint-Quentin-Fallavier, el 28 de junio de 2015 en Francia afp_tickers
Este contenido fue publicado el 03 julio 2015 - 15:56
(AFP)

Marie vaciló durante mucho tiempo antes de marcar el teléfono: "¡Santo cielo, era denunciarla!", pero finalmente llamó al número especial de los servicios de inteligencia franceses para señalar la radicalización islamista de Lea, su nieta.

Sentada en una mesa de un bar de la región parisina, esta mujer de 75 años, da su testimonio, protegida por el anonimato.

"Nadie sabe que llamé, ni siquiera mi marido", dice. "Mi hija (la madre de Lea) dice que yo no entiendo nada y que estoy paranoica. Soy la única en la familia que hizo lo que pensaba que debía hacer", agrega.

Fue hace un año, poco después del lanzamiento de ese teléfono especial creado para las familias por el ministerio francés del Interior a fines de abril de 2014.

Desde entonces "más de 2.200 personas fueron señaladas" a través de ese número gratuito, afirma Pierre N'Gahane, secretario general del Comité Interministerial de Prevención de la Delincuencia (CIPD). "Si se agregan las informaciones procedentes de las prefecturas, llegamos a 4.500". "Una verdadera demanda social se expresó en el país", estima. "Ese número funciona muy bien. Me hicieron muchas preguntas sobre el entorno familiar, el modo de vida", y "los operadores son muy simpáticos y tranquilizadores", recuerda Marie.

Alertada, la prefectura de su zona la contactó con la asociación local Sociedad, Familia, Individuo (Sofi), especializada en el tratamiento de víctimas de sectas.

Desde los atentados perpetrados en París en enero pasado por franceses radicalizados, la presidenta de Sofi, Michèle Cherpillod y su equipo acompañan a unas quince familias. Una vez por mes, éstas se reúnen para intercambiar sus experiencias en un lugar mantenido secreto, a fin de preservar "su anonimato y su seguridad".

"Una madre explicó un día que su hija de 15 años se negaba a empujar el carro del supermercado porque había en él botellas de alcohol", cuenta Cherpillod.

A todas las familias les da el mismo consejo: "Mantener un vínculo afectivo, una especie de hilo irrompible, porque no hay que dejar (a los jóvenes) la yihad como única puerta de salida".

- 'Amigas con velo como ella' -

La conversión de Lea, de 23 años, remonta a 2013. Según su abuela, todo empezó con una ruptura amorosa. "Su novio la dejó por otra chica, lo que la dejó destrozada. Después de eso me dijo que no soportaba la mirada de los hombres".

La joven renunció a su trabajo de cajera, y abandonó los estudios, "para ser ama de casa".

Terminaron "las salidas, el alcohol y la hierba" que Lea cultivaba hasta entonces en el balcón, dice Marie, recordando con ternura su pasada complicidad. "Nos prestábamos la ropa, íbamos de compras juntas".

Ahora se siguen viendo una vez por semana, pero "las relaciones son más frías".

"La ropa que le regalo termina en la basura". Lo mismo ocurrió con los libros y los carteles que adornaba las paredes de su habitación, a la que ahora sólo invita a "amigas con velo como ella".

Lea puso punto final también a las confidencias sobre "sus numerosas aventuras" que antes le hacía a su abuela. Ahora prefiere hablar de su "odio a los judíos", del "complot" de los atentados del 11 de septiembre, de sus dudas sobre la muerte de Bin Laden o de "la propaganda de los medios" sobre las atrocidades cometidas por el grupo Estado Islámico en Siria y en Irak.

La joven conoció a su futuro marido en la mezquita de Villiers-sur-Marne (periferia de París), "conocida por sus prédicas violentas", según fuentes policiales.

La investigación judicial sobre una red de envío de yihadistas a Siria, desmantelada en noviembre de 2013, se centra hoy en esa mezquita.

Las autoridades estiman que unos 500 franceses viajaron a Siria e Irak, y de ellos al menos 119 murieron allí, y que cerca de 2.000 personas son concernidas en Francia por ese fenómeno de radicalización.

Marie confiesa que "tuvo miedo" de que Lea partiera a Siria, pero sus temores se calmaron un poco. "Hice todo lo necesario para que no se vaya", dice.

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