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Las principales uniones monetarias en el mundo

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Los proyectos de unión monetaria, otrora florecientes en varias regiones del mundo, incluyendo Sudamérica, han perdido fuerza, en un contexto de desconfianza en el euro y en su modelo económico.

Varios países, una única moneda. Este era el futuro al que parecían dirigirse varias regiones del mundo cuando se creó la moneda única europea, que entró en circulación en 1 de enero de 2002 después de una década de gestación.

"En ese entonces había una voluntad de terminar con la inestabilidad en el cambio de divisas, que originó varias crisis. Las monedas únicas eran vistas como una garantía de éxito", señala Fabien Tripier, economista del Centro de Estudios Prospectivos e Informaciones Internacionales (CEPII).

Otras monedas supranacionales existían ya en esa época, como el dólar del Caribe Oriental, la moneda de curso legal en ocho países y territorios en el Caribe desde 1965, y el franco CFA, la moneda común de 15 países africanos creada en 1945.

Pero el europeo era visto como un proyecto inédito, sobre todo por su ambición. "El objetivo era crear una moneda de referencia, con una política monetaria independiente y no una vinculada a otras divisas", explica Tripier.

Para muchas "micronaciones", países emergentes o naciones en búsqueda de liderazgo, este modelo era visto como un ejemplo a seguir. "Estábamos en un contexto de recomposición tras la caída del muro (de Berlín, ndlr.). La moneda era considerada como un instrumento geopolítico", recuerda Xavier Ragot, profesor en la Paris School of economics (PSE).

- Asean, Mercosur, CCG -

Entre los bloques regionales que han manifestado un interés en este modelo está la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), que reúne a diez países, incluyendo Indonesia y Tailandia, y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), formado por seis monarquías del golfo pérsico.

Pero es sobre todo en Latinoamérica donde se han multiplicado los proyectos de una moneda única, dentro del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), del Unasur (12 países sudamericanos) o de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

El proyecto monetario se ha impuesto como "un factor decisivo en el proceso de unificación latinoamericano", explica Juan Francisco Ortega Díaz, profesor de derecho en la Universidad de los Andes (Colombia). E incluso se ha dado un nombre a esta divisa virtual, el sucre, añade.

Sin embargo, quince años después de la implementación del euro, ninguno de estos proyectos ha visto la luz. Y el interés por la creación de una moneda común parece perder empuje.

La razón de esto, según los economistas entrevistados por la AFP, es la falta de una verdadera voluntad política, a lo que se añaden las dificultades inherentes a la creación de una divisa, sobre todo en regiones con economías dispares.

"Las uniones monetarias son difíciles de construir, pero también de mantenerse", anota Jeffry Frieden, investigador en Harvard y especialista en cuestiones monetarias, para quien este tipo de proyectos "toma tiempo".

- 'Cicatrices' -

Además, las dificultades que ha atravesado la Eurozona desde la crisis de 2007 no son alentadoras para los más indecisos.

"Durante cerca de una década, los europeos han sufrido dificultades económicas", señala Frieden, que atribuye una parte de estas dificultades a la "pérdida de soberanía monetaria".

"El crecimiento esperado no llegó", abunda Xavier Ragot. "Se pensaba que la moneda común conduciría a una convergencia económica".

Pero aparte de estas dificultades, la idea misma de una unión monetaria ha perdido su brillo, en un contexto de rechazo al libre comercio y a la globalización.

¿Las monedas supranacionales, por lo tanto, son una cosa del pasado? En el corto plazo, es poco probable que surja una nueva moneda común. Este proceso "implica renunciar a su soberanía monetaria, lo que los países involucrados no están dispuestos a hacer", juzga Ortega Díaz.

A más largo plazo, sin embargo, la evolución es más incierta. El modelo de uniones monetarias "seguirá siendo atractivo", pero de una manera más limitada, es decir en "países pequeños cuya economía es a la vez abierta e integrada con la de sus vecinos", estima Jeffry Friden.

"La zona euro primero debe demostrar primero que es capaz de sanar sus males, sin quedarse con demasiadas cicatrices", opina por su parte Xavier Ragot. "Una vez que se haga esta demostración, el debate sobre las monedas únicas podría revivir".

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AFP