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Un afgano llega repatriado de Alemania con sus pertenencias al aeropuerto de Kabul el 24 de enero de 2017

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"Pero ¿qué quiere que haga aquí? ¡Es la muerte!", recalca en alemán Ramin, un joven que tardó seis meses en llegar a Alemania, donde pasó cinco años y que acaba de enviarlo de vuelta a Afganistán.

Al igual que él, 25 afganos fueron expulsados del territorio alemán y repatriados por la fuerza este martes a Kabul. Sólo tienen en mente una cosa: huir de este país en guerra y marcharse de nuevo.

El acuerdo alcanzado en octubre entre las autoridades europeas y afganas obliga a estas últimas a acoger a los ciudadanos a los que se les denegó la solicitud de asilo y han agotado los recursos.

Ramin Afshah, de 19 años, tuvo tiempo de meter algunos enseres en un cartón. Se da dos semanas para decidir su próximo destino, "quizá Francia".

Su familia se fue hace dos años a Indonesia, donde está a la espera de un visado de los servicios de inmigración para Estados Unidos y aquí ya no tiene conocidos.

La mayoría de los repatriados llegaron con una mochila como único equipaje. Es el caso de Arash Alkozai, de 21 años, vestido con gorro gris y anorak negro.

"La policía vino a buscarnos ayer de madrugada a las 4h00, nos trataron como a animales", cuenta el joven, que llegó a Alemania con 16 años.

Vivía en Múnich con su familia donde estudió. Presume de hablar un alemán "perfecto".

"No puedo decir nada negativo sobre ese país que me ayudó. Respeto su decisión. Pero aquí vivo una pesadilla, dejé a mi novia embarazada de tres meses, estoy seguro de no encontrar trabajo y no hay seguridad", relata.

Viajó en el segundo chárter de repatriados. Cuando salió el primero, en diciembre, el ministro del Interior alemán, Thomas de Maizière, lo justificó alegando la necesidad de "preservar el derecho de asilo" en el país, el único de Europa en haber abierto las puertas a los refugiados.

- 'Los afganos, abajo en la lista' -

El ministro afirmó que la guerra había terminado en Afganistán, donde los atentados de los talibanes van dirigidos contra "los representantes de la comunidad internacional y las fuerzas de seguridad afganas, no contra la población civil".

Pero el país no pasó página. Los combates, minas y atentados causaron 9.000 muertos y heridos entre los civiles durante los nueve primeros meses de 2016 (11.000 en 2015), según la ONU.

Atiqulá Akbahri, de 23 años, parece perdido. "Ya no me queda nada aquí, mi familia está en Turquía, mi padre vendió la casa para irse".

Recuerda las amenazas de muerte recibidas cuando trabajaba para la ONG afgana Peace Training and Research Organization en Herat (oeste). "Tu familia primero, luego serás tú", le decían. Por eso se fue hace 18 meses.

El Gobierno afgano les proporciona 14 días de alojamiento y 2.500 afganis (37 dólares). Luego no se sabe qué será de ellos.

La mayoría de estos hombres pagaron a traficantes de personas y caminaron hasta Turquía, o Grecia, y de ahí hacia los Balcanes, antes de llegar a Alemania. "A pie, en autobús, barco, lo hice todo", sonríe Jalal Sherzat, de 19 años.

A su lado, Milad aterriza en otro planeta. Se refugió en Irán y luego residió en Alemania 11 años. Espera "un cigarrillo y una copa" antes de ir en busca de un tío cuya dirección desconoce.

Se desengaña al enterarse de que lo de la copa no va a ser posible. "En realidad no conozco este país", confiesa.

AFP