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Familiares de Ayhan Arik, una de las víctimas del atentado contra una discoteca en Estambul, el 1 de enero de 2017, lloran su muerte durante su funeral, el mismo día

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Dos, tres disparos. "Al principio, creímos que se trataba de una pelea...", afirma Yunus Turk. Sin embargo, cuando un hombre surgió en medio de la discoteca disparando a la multitud, "nos dijimos: 'Es un atentado'", completó su primo, Yusuf Kodat.

Los dos jóvenes franco-turcos formaban parte de los centenares de personas que celebraban el Año Nuevo en el Reina, una selecta discoteca de Estambul, donde un hombre armado mató a 39 personas en un ataque reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI).

"Vuelvo a pensar en estos momentos, no llego a borrarlos de mi memoria", explica a la AFP Yusuf Kodat. "La gente en pánico, la sangre, el ruido de los disparos, las detonaciones...", describe.

Los dos primos, que viven en Alsacia (este de Francia), habían viajado a Turquía para las fiestas de fin de año. Habían decidido celebrar el 31 de diciembre en el Reina, situado a orillas del Bósforo, en la ribera europea de Estambul.

A las 01h15 del domingo (22h15 GMT del sábado), un hombre armado con un fusil de asalto se presentó en la discoteca y mató a dos personas en la entrada, antes de irrumpir en el local y cometer la masacre.

"Oímos dos, tres disparos; creímos que se trataba de una pelea en la puerta", explica Yunus Turk. "Y, al cabo de diez, quince segundos, [el asaltante] entró en el interior y empezó [a disparar], y, ahí, nos dijimos: 'Es un atentado, es un tiroteo'", narra el joven.

"Yo conocía la discoteca", continúa, "vengo a menudo. Agarré a mi primo y le dije: 'Salimos, vamos a la terraza'".

- "Sangre en todas partes" -

Este exclusivo club cuenta con varios restaurantes y pistas de baile, además de un bar central. Se extiende sobre una terraza con unas vistas espectaculares sobre el Bósforo y uno de los puentes que lo cruzan.

"Fue ahí que empezamos a dispersarnos; de hecho, nos escondimos, hay quienes saltaron al agua", describe Yunus.

Los dos primos relatan cómo el pánico se adueñó de las más de 700 personas presentes en la discoteca.

"Había personas que corrían junto a mí y que fueron alcanzadas por las balas, que quizá están muertos o heridos, no lo sé", recuerda Yunus. "De hecho, por el pánico, corríamos hacia todos lados. No mirábamos demasiado lo que ocurría alrededor".

"Nos quedamos diez, quince minutos; esperábamos a que la policía llegara", precisa Kodat. "En ese momento, mi primo estaba en otro lado, le envié un mensaje y cuando me contestó me quedé más tranquilo", concluye.

A la llegada de las fuerzas del orden, que buscaban a uno o varios asaltantes, la evacuación se hizo bajo una estricta vigilancia.

"Nos hicieron salir uno por uno, con las manos en el aire", cuenta Yusuf, "nos registraron".

"Nos hicieron pasar por el sótano, así que no vimos la sala principal", explica su primo. "Pero en la terraza había algunos cadáveres, sangre por todas partes, vasos rotos, vitrinas que daban a la terraza, también rotas...".

Según los medios turcos, el asaltante disparó entre 120 y 180 balas durante el ataque, que duró unos siete minutos, antes de cambiarse de ropa y huir.

Tras matar a 39 personas, entre ellas muchos extranjeros, se dio a la fuga y ahora está siendo perseguido por las autoridades turcas.

AFP