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El presidente palestino, Mahmud Abas (I), estrecha la mano del presidente estadounidense, Donald Trump, el 3 de mayo de 2017 en la Casa Blanca, en Washington

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Mientras planea su primer viaje al extranjero y visitas a Israel y los territorios palestinos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece optimista acerca de poder ayudar a lograr la paz en la región.

¿Pero qué ha cambiado -si es que algo lo ha hecho- para justificar la esperanza de que puede superar un desafío que ha frustrado a sus predecesores?

Trump recibió al líder palestino, Mahmud Abas, en la Casa Blanca esta semana y declaró que la búsqueda de la paz "francamente, tal vez no sea tan difícil como la gente ha pensado a lo largo de los años".

A finales de este mes viajará a Israel y Arabia Saudita en su primera gira al extranjero como presidente, y se cree que visitará a Abas y a funcionarios palestinos en Cisjordania.

Con el viaje, buscará unir a la región para contrarrestar la influencia iraní y derrotar al grupo yihadista Estado Islámico, pero ¿el optimismo de Trump marca también un nuevo impulso a la paz?

Los observadores de Washington son cautos, por no decir pesimistas, sobre las posibilidades de que la actual generación de líderes israelíes y palestinos alcancen un acuerdo sobre una solución definitiva de dos Estados.

Pero el nuevo jefe de la Casa Blanca podría encontrar suficiente espacio para maniobrar y empujar a las partes y a sus vecinos árabes hacia un productivo deshielo en las relaciones en base a intereses comunes.

"No soy optimista sobre la posibilidad de que haya un gran acuerdo pronto, pero ¿podrían las partes encontrar la manera de salir del estancamiento en el que están ahora? Sí", dijo a la AFP David Makovsky, exasesor del Departamento de Estado.

Makovsky, profesor de estudios sobre Medio Oriente y miembro del Washington Institute, dijo que los países liderados por sunitas, como Jordania, Egipto y Arabia Saudita, tienen grandes esperanzas en la presidencia de Trump.

"Los árabes claramente quieren involucrar a Trump en la región, para que sea un jugador activo contra la intrusión iraní", dijo.

"Así que han elegido un enfoque muy optimista y Abas está claramente uniéndose a esa idea", agregó.

- El huevo y la gallina -

Egipto y Jordania se han acercado a Abas desde su invitación a la Casa Blanca, que también reafirmó a sus partidarios palestinos que el Fatah, su movimiento político, todavía tiene poderosos amigos internacionales.

Si los gobiernos árabes quieren trabajar con Washington y, en forma más encubierta, con Israel para contrarrestar a Irán y al grupo Estado Islámico, podrían adquirir un mayor compromiso con los esfuerzos para romper el bloqueo en el proceso de paz.

"Pero hay una gran distancia entre tener un tono optimista y lograr un gran avance", admitió Makovsky.

Hussein Ibish, académico del Instituto de los Estados Árabes del Golfo y experto en el proceso de paz, coincidió en que la visita a Washington impulsó la confianza de Abas.

"Es un giro extraordinario para él. Es un salvavidas. Es una inyección de adrenalina para un paciente enfermo", dijo a la AFP, y añadió que Trump había vuelto a poner "la cuestión palestina" sobre la mesa.

Con una posición de Abas más firme, el siguiente paso sería subir a bordo a Arabia Saudita y a los Estados del Golfo, con la promesa de una mayor cooperación estratégica con Israel en contra de Irán.

"La idea es que esto daría a los israelíes el incentivo adicional para tener relaciones estratégicas con estos países y una normalización con el mundo árabe", dijo.

"Y daría a los palestinos cobertura política, apoyo diplomático y ayuda económica, permitiendo a ambas partes hacer concesiones".

Pero, como suele suceder en Medio Oriente, hay un problema, en este caso lo que Ibish llama el problema "del huevo y la gallina".

¿Cuál viene primero? ¿Las concesiones israelíes a los palestinos que apaciguarían al mundo árabe o el reconocimiento público árabe de su alianza estratégica de facto con Israel en contra de Irán?

- Poco equipaje -

Ahí es donde Trump y Washington entrarían como garantes.

"Lleva muy poca carga: ahora mismo le agrada a todas las partes. Le gusta a los palestinos, le gusta a los israelíes, le gusta a los árabes", dijo Ibish.

"Todo lo demás ha fallado, ¿por qué no un enfoque al estilo Trump?"

Un mayor compromiso de Estados Unidos es considerado fundamental en una región donde tanto los israelíes como los árabes se sintieron menospreciados por los intentos del expresidente Barack Obama de desentenderse y reequilibrar los lazos de Washington con Irán.

Pero muchos observadores, entre ellos Makovsky, son pesimistas.

"No quiero ser un aguafiestas. Creo que es bueno que Trump hable sobre este tema", dijo. "Y el presidente no está actuando por presiones internas, sino que realmente quiere ver un progreso".

Pero, añadió, eso no es lo mismo que un plan estadounidense para abordar los problemas centrales que bloquean un acuerdo: las fronteras, cuestiones de seguridad, el estatus de Jerusalén, los refugiados y el reconocimiento mutuo.

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AFP