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La canciller alemana, Angela Merkel, en el Parlamento alemán tras dar un discurso, el 19 de marzo de 2015 en Berlín

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Angela Merkel debilitada, el país de duelo por un piloto suicida, Volkswagen sacudido por un fraude colosal y el fútbol bajo sospecha de corrupción: Alemania sale de un 'annus horribilis' y entra en 2016 con los símbolos de su poderío seriamente corroídos.

Durante la primera parte del 2015, la jefa del Gobierno alemán aparecía como la reina de Europa, Volkswagen se vanagloriaba de ser el primer constructor mundial de automóviles y los aficionados al fútbol seguían en su nube de campeones del mundo en 2014.

Pero tras haber impuesto la austeridad a Grecia entre aplausos de sus conciudadanos, Merkel ve ahora su popularidad degradarse tras enfundarse el traje de protectora de los refugiados que llegan por cientos del miles desde Siria, Irak y otras regiones en guerra. Pocos de sus homólogos europeos la apoyan. Y algunos, en Polonia o Hungría, no dudan en criticarla.

- Una canciller debilitada -

"Algo ha cambiado en la relación de fuerzas europeas. Desde hacía años, la canciller movía los hilos (...) pero en el tema de los refugiados no ha conseguido unir a Europa", estima el diario Süddeutsche Zeitung. "Y los socios europeos han visto que los ataques contra Merkel venían de su propio campo. La posición de Merkel se ha visto debilitada por el año de crisis 2015", resume.

En diciembre, la mandataria recibió finalmente el apoyo casi unánime de su partido y fue nombrada personalidad del año por la revista estadounidense Time, pero sigue presionada por la opinión pública para reducir de manera "significativa" la llegada de refugiados. Para ello, apuesta por un acuerdo europeo, bastante improbable aún.

Este desafío se anuncia aún más importante a medida que se aproximan los comicios regionales de 2016.

- Lufthansa y VW en la tormenta -

Los indicadores económicos siguen siendo buenos, pero muchos de los grandes emblemas de Alemania perdieron lustre, como Lufthansa, que no tomó medidas pese a estar enterada de los problemas psicológicos del copiloto de su filial Germanwings que en marzo estrelló su avión en los Alpes franceses, matando a 150 personas.

Volkswagen lidia por su lado con el increíble fraude en las emisiones contaminantes de los coches diésel, que podría acarrear sanciones astronómicas y empaña la imagen de un modelo basado en la calidad y las exportaciones.

El caso reveló las dobleces en el Gobierno, que por un lado presiona para limitar las restricciones de emisiones impuestas en Europa a los fabricantes de coches y por el otro se presenta como adalid de la economía verde.

"VW no es una empresa cualquiera, es la compañía emblemática de Alemania", analiza Edda Müller, directora de la oenegé anticorrupción Transparency-Deutschland.

- También el fútbol -

"Al final fue un año decepcionante para la integridad de la economía en Alemania y, si añadimos el deporte, se vuelve incluso vergonzoso", apunta Edda Müller.

De hecho, el fútbol alemán no tuvo tiempo de dormir sobre los laureles de su cuarto Mundial conquistado en 2014 en Brasil, a causa de las sospechas de corrupción en la atribución a Alemania y a su 'Káiser' Franz Beckenbauer del Mundial-2006. El patrón de la federación alemana (DFB), Wolfgang Niersbach, se vio obligado a dimitir y su mentor, el emblemático Beckenbauer, se encuentra bajo presión.

Merkel se mostró aquí comedida, instando a la DFB a hacer limpieza, pero insistiendo en los "buenos recuerdos que permanecen sin cambios".

- ¿Un país al fin y al cabo normal? -

¿Todo esto significará que el modelo alemán entró en crisis en 2015? Para Müller, "no es sólo algo vergonzoso, también introduce un peligro para nuestra democracia, para la fe, la confianza de la gente en nuestro Estado de derecho".

Menos pesimista, el politólogo Henrik Enderlein, del Hertie School of Governance de Berlín, estima que el mundo está simplemente descubriendo que "Alemania es un país como los otros, muy normal, con sus virtudes y sus debilidades".

Además, un eventual final de la carrera política de la canciller no parece inminente, al no existir una alternativa a su liderazgo ni en Alemania ni en Europa.

Al fin y al cabo, si se destacan tanto los disgustos alemanes es porque, "como en el colegio, el primero de la clase es el alumno que nadie quiere realmente", afirma Enderlein.

AFP