Las compañías aéreas están intentando ser cada vez menos contaminantes pero de momento se limitan a compensar sus emisiones de C02, a la espera de los aviones de un futuro todavía lejano en que sea posible volar sin carburantes fósiles.

La aviación representa cerca un 2% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO2), según la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).

En 2018 viajaron en avión 4.300 millones de personas en el mundo, un 6,1% más que en el año anterior, según la OACI, y el tráfico aéreo debería multiplicarse por dos en los próximos 15 o 20 años.

Según un informe publicado en enero por tres organizaciones europeas, entre ellas la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEE), en 2016 la aviación representó un 3,6% de las emisiones de gases de efecto invernadero en los países europeos.

Por el momento existen cuatro maneras de alimentar la energía de un avión: el queroseno, el hidrógeno –que necesita depósitos entre cuatro y seis veces más grandes–, las baterías –de momento demasiado pesadas– y los biocarburantes, todavía caros y en conflicto con la producción de alimentos.

A corto plazo, la solución más fácil pasaría por crear un avión híbrido que usara varios de estos sistemas a la vez. Según los expertos, el ciclo de desarrollo de nuevos aviones dura entre 20 y 30 años.

Los aviones más recientes consumen hasta un 25% menos de queroseno que las generaciones anteriores gracias a motores más eficaces y al uso de materiales más ligeros.

En 2016 la OACI, la agencia de Naciones Unidas especializada en el transporte aéreo, puso en marcha un mecanismo mundial de compensación de emisiones de CO2 llamado Corsia (Carbon Offsetting and Reduction Scheme for International Aviation).

Su principal objetivo es estabilizar las emisiones (crecimiento neutro) a partir de 2020.

A partir de 2021, las emisiones de CO2 que superen el nivel de las de 2020 quedarán compensadas por la compra de "créditos" de reducción de emisiones.

El sector aéreo se comprometió a reducir sus emisiones a la mitad en 2050 en relación a su nivel de 2005.

Por otra parte, desde 2013, las compañías aéreas europeas forman parte del llamado Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (RCDE-UE) de gases de efecto invernadero, un sistema de la Unión Europea para todos los vuelos dentro del bloque.

A la espera de nuevos modelos, el primer paso es ahora comprar aviones más modernos.

Las compañías también pueden optimizar su trayectorias, utilizar un solo un motor o motores eléctricos cuando sus aviones circulan por el aeropuerto o reducir el peso de los asientos y de otros objetos dentro del aparato.

Air France tiene previsto compensar a partir de 2020 todas las emisiones de CO2 de unos 500 vuelos domésticos así como reciclar y suprimir los plásticos de un solo uso a bordo.

El grupo aéreo IAG, propietario de British Airways e Iberia, se comprometió por su parte a compensar todos sus vuelos interiores a partir de 2020 y a construir a partir de 2024 instalaciones para producir combustible con residuos domésticos y del sector mercantil.

La compañía aeréa low-cost easyJet anunció el martes que será la primera del mundo en alcanzar la neutralidad de carbono por compensación.

El grupo británico aplicará la compensación de carbono –compensar las propias emisiones de CO2 financiando proyectos de reducción de otro tipo de emisiones– con proyectos de reforestación o de promoción de la energía renovable.

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