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El estadounidense Kraig Moss, simpatizante hasta ahora con las ideas y el programa del presidente estadounidense, Donald Trump, el 28 de enero de 2016 canta frente a un mural del artista Julian Raven en Des Moines, Iowa (EEUU)

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Fue trovador de Donald Trump durante la campaña presidencial, animando los mítines electorales con su guitarra, llamando a votar por el único candidato que prometía atacar de frente la ola de adicción a la heroína que arrasa en Estados Unidos y que llevó a la tumba a su hijo.

Pero hoy, Kraig Moss, de 58 años, se dispone a dejar la casa que ocupaba en la pequeña ciudad de Owego, al norte de Nueva York, para mudarse a una casa rodante. Ya no canta más por Trump. Y cuando rasca la guitarra, es para entonar una triste balada en memoria de su hijo Rob, fallecido de una sobredosis en 2014, a los 24 años.

Desde que el nuevo presidente estadounidense impulsó infructuosamente un proyecto de ley de salud que habría restringido el acceso a los medicamentos antiopiácidos para miles de personas, a este hombre robusto, de sombrero vaquero, lo carcomen las dudas.

"Fue él que lanzó la idea de que tenemos una epidemia de heroína en este país. Eso me llevó a hacer todo lo que hice, a hacer tantos sacrificios para seguirlo (durante su campaña). Por eso siento tanto que me ha fallado".

Moss no se arrepiente de nada. Al recorrer el país por Trump, "sé que logré hacer que al menos una persona, un joven adulto, haya osado levantarse en una fiesta y haya probablemente dicho: 'Esa cosa es un veneno, háganlo sin mí'. Sé que hay ahora jóvenes adultos que tienen esa actitud a raíz de conversaciones que tuve" con ellos durante la campaña, dijo.

Y aunque esté decepcionado, no lamenta no haber votado por la candidata demócrata Hillary Clinton.

Es demasiado pronto para saber si los republicanos, que se mostraron muy divididos sobre el tema de la salud, harán un nuevo intento para reemplazar la ley conocida como 'Obamacare'.

Pero este exobrero de la construcción se interroga ahora sobre lo que Trump, que se presentó como el empresario contra el orden establecido y capaz de reactivar Estados Unidos, podrá realmente hacer desde el Despacho Oval.

"Pienso que tiene aún potencial. Solo falta que regrese a la realidad y que se acuerde de las personas de a pie que lo eligieron", afirmó.

"Temo que las mismas complicaciones que se presentaron para la ley de salud se presenten también para la migración, o que las mismas complicaciones obstruyan sus planes para la economía", dijo.

Mientras espera, Moss, separado desde hace años, llora en soledad la muerte de su hijo en su casa semivacía. La única excepción es el living, donde se acumulan fotos y camisetas con la imagen del joven que falleció hace tres años y a quien su padre extraña terriblemente.

Gracias a la notoriedad que adquirió en la campaña, llegaron contribuciones de todo el país para ayudarle a pagar un monumento para la tumba de su hijo, pero Moss no consigue decidirse a instalarlo.

"Es injusto para el presidente Trump, porque lo utilicé para mantener a mi hijo con vida", dijo con la voz cortada. "Lo mantenía vivo siguiendo (la campaña), le hablaba, le decía 'vamos a Florida'".

"No me daba cuenta hasta que esta gente propuso pagar el monumento. Pero sería como poner un punto final y no sé si estoy listo para eso".

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AFP