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Unas jóvenes palestinas gritan consignas contra las fuerzas de seguridad israelíes durante unos enfrentamientos en el asentamiento de Beit El Jewish, en la Cisjordania ocupada, el 10 de octubre de 2015

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La espiral de violencia israelo-palestina evidenció la desconexión entre los jóvenes exasperados por la interminable ocupación israelí y el presidente Mahmud Abas, único interlocutor palestino reconocido por la comunidad internacional y el gobierno de Israel.

Abas rompió el miércoles un silencio público de dos semanas ante una aceleración de hechos que evocan el espectro de una tercera Intifada (levantamiento). Lo hizo a través de la televisión oficial palestina, que dejó de informar en directo sobre los enfrentamientos entre las fuerzas israelíes y los jóvenes que cuando son entrevistados critican abiertamente a la Autoridad Palestina.

Abas expresó su apoyo a "una resistencia popular pacífica" y amenazó con romper puentes con el Estado israelí. "No seguiremos siendo rehenes de acuerdos que Israel no respeta", proclamó. Pero el mensaje pareciera dejar indiferente a una juventud en plena revuelta y a las generaciones mayores, que consideran que las vías pacíficas se han agotado.

La opinión pública palestina descree ya abiertamente de la estrategia de pequeños pasos diplomáticos, de rechazo de la violencia y de mano tendida a Israel, defendida contra viento y marea por el presidente de la Autoridad Palestina.

Abas fue en 1993 uno de los firmantes, en nombre de la Organización de Palestina (OLP), de los acuerdos de Oslo sobre los que debía fundarse un futuro Estado palestino. También fue uno de los primeros dirigentes palestinos en denunciar la violencia cuando estalló la segunda Intifada, a inicios de los años 2000.

- Abas, descolocado -

Según un sondeo reciente, un 65% de los palestinos desea la renuncia del austero dirigente, de 80 años, que tuvo la ardua misión de suceder al líder histórico de la OLP Yaser Arafat y que maneja los hilos de la Autoridad Palestina en Cisjordania ocupada. Un 57% de los encuestados se dice partidario además de una nueva Intifada. Y eso es lo que proclaman también los jóvenes militantes de Fatah, el partido de Abas, que participan en las manifestaciones.

Pero Abas insiste en que la lucha debe darse a través de un movimiento "popular" y no violento, de la acción diplomática y de recursos ante la Corte Penal Internacional (CPI).

Otros miembros de su partido, como Mohamed Dahlan, desde el exilio, y Marwan Barghuthi, desde una cárcel israelí, toman distancias de esa estrategia. Dahlan advirtió de que "el pueblo no aceptará ningún error" y "no aceptará posiciones minimalistas". Barghuthi, por su lado, publicó una columna en la que llamaba a "actuar ahora para precipitar (...) el último día de la ocupación, que será el primer día de paz".

Abas se halla además bajo la presión de Israel, que acusa a la Autoridad Palestina de atizar el odio.

Nathan Thrall, analista del International Crisis Group, considera que la movilización palestina ya hace tiempo que le dio la espalda a sus dirigentes tradicionales de la Autoridad Palestina y de la OLP.

- Generación en ruptura -

"En las aldeas, las manifestaciones contra la colonización o contra el muro de separación son convocadas por los comités locales. En las cárceles, la dirección palestina no ordena ni controla las huelgas de hambre. Los palestinos que llevan a cabo los ataques parecen aislados. Y lo que ocurre en la Franja de Gaza escapa totalmente al control de la Autoridad", afirma Thrall.

Los partidos políticos distribuyen sus emblemas en las manifestaciones, pero van claramente a la zaga del movimiento, apuntan los expertos.

Y en las protestas en la zona de la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén hay un claro liderazgo del Movimiento Islámico, dentro de la órbita de los árabes israelíes.

Abas volvió a pedir el jueves una "protección internacional" para los palestinos, confrontados a la hostilidad cotidiana de los colonos de Cisjordania, a actuaciones israelíes denunciadas como "provocaciones" en la Explanada de las Mezquitas y a las humillaciones de la ocupación.

Pero la comunidad internacional tiene otros temas de preocupación y todas las tentativas de mediación de los últimos años han fracasado. Los discursos de Abas tampoco encuentran eco en los jóvenes que desde hace dos semanas se enfrentan con piedras y botellas incendiarias a los soldados israelíes.

Para el politólogo Jalil Shahin, "esta generación está enfurecida contra el ocupante israelí, pero también contra las posiciones de los dirigentes palestinos, Oslo incluida".

AFP