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Vista de una decena de tiendas instaladas para los refugiados en el antiguo aeropuerto de Tempelhof, en Berlín, el 9 de diciembre de 2015

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"¡Son condiciones de acogida inhumanas!", protesta una voluntaria harta de la situación sanitaria deplorable en un centro de refugiados de Berlín. "Hay niños con sarna que no reciben ningún tratamiento médico y siguen jugando con los demás", cuenta a la AFP esta mujer, que quiere conservar el anonimato.

"No hay duchas, tenemos que llevar a los refugiados a una piscina para que puedan lavarse. Y los retretes móviles están en el exterior, pese al frío", explica esta berlinesa, que desde hace seis meses dedica a los refugiados algunas de sus horas libres.

El antiguo aeropuerto de Tempelhof se transformó deprisa y corriendo en un centro de refugiados inmenso. Antes de Navidad, 4.500 sirios, afganos y de otras nacionalidades que piden asilo en el país vivirán hacinados en estas instalaciones de 100 metros de largo y veinte de alto.

Se alojan en edificios concebidos para el mantenimiento de los aviones y no para recibir a personas que huyen de la guerra o la miseria. Duermen 15 en cada tienda, en literas.

Los migrantes sufren una epidemia de diarrea y, a lo sumo, se pueden duchar cada cuatro días, según el organismo público Consejo para los refugiados. Ya estallaron peleas que necesitaron la intervención de la policía.

En lo que va de año, unos 70.000 refugiados han llegado a Berlín, pero muchos han sido enviados a otras regiones del país, que en total superará probablemente el millón de migrantes en 2015.

En virtud de un reparto nacional establecido en función de la población, Berlín sólo gestiona el 5% de los migrantes registrados, contra más del 21%, por ejemplo, de Renania del Norte Westfalia o el 15% de Baviera.

Sin embargo, desde hace seis meses, impera el caos delante de la administración encargada del registro de los solicitantes de asilo: el Lageso. Los refugiados que ya vivieron una odisea por Europa para llegar allí tienen que esperar días, a veces semanas, delante del edificio para obtener un expediente de demanda de asilo o prestaciones sociales. El dirigente de Lageso Franz Allert se vio obligado el miércoles a dimitir por presiones del alcalde de Berlín, Michael Müller, que le reprochó su gestión desastrosa.

- Montaña de expedientes -

La vicepresidenta del Bundestag y diputada de los Verdes, Claudia Roth, afirma que la situación es "aterradora, no es digna de una sociedad democrática en un Estado de derecho". En una carta abierta dirigida al alcalde de Berlín, la responsable política pidió iniciativas para que los migrantes dejen de esperar "horas, o días (...), a veces en el lodo, bajo la lluvia o un diluvio".

En el edificio, los funcionarios están desbordados pese a las horas extras, los refuerzos y los intentos de reorganización de la acogida en otro inmueble.

"Los expedientes que no han sido tratados se acumulan en grandes sobres de Correos y en grandes sobres amarillos amontonados en varias oficinas", describe un empleado de Lageso a la radio local RBB. "No hay un sistema de clasificación. Hay colegas a los que llamamos 'investigadores' que tienen que encontrar los expedientes que necesitamos", explicó.

Cada día, 500 migrantes están convocados para las 9h00 de la mañana, pese a que todo el mundo sabe que sólo se pueden tratar 200 expedientes, criticó otra empleada. "Pero nos dicen que son las órdenes y que debemos cumplirlas", indica.

Además, en octubre, frente al Lageso, un pederasta secuestró a un niño bosnio de cuatro años aprovechando, según parece, el caos reinante. Luego lo violó y lo mató.

AFP