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Un instructor militar explica cómo disparar, el 10 de agosto de 2017, durante unas maniobras en el Campamento Morehead, a las afueras de Kabul

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Las autoridades afganas quieren duplicar los efectivos de las fuerzas especiales, punta de lanza y al mismo tiempo escudo de protección frente al avance de los talibanes.

En la base Morehead, una antigua base soviética y luego talibán, en un valle al sur de Kabul, los oficiales están listos para el desafío.

Este centro de entrenamiento de las fuerzas especiales en Afganistán acoge a casi 900 reclutas, seleccionados por sus aptitudes físicas y su determinación para llevar la insignia de color rojo de los llamados "comandos".

Muy pronto estarán en primera línea en la guerra contra los rebeldes, que el presidente estadounidense Donald Trump prometió ganar desplegando hasta 4.000 militares adicionales.

La presencia reforzada estadounidense contribuirá a formar nuevas generaciones en las escuelas militares, estima el general John Nicholson, jefe de operaciones de la OTAN en Afganistán. "Los talibanes no pueden ganar en el terreno", asegura.

Aún así, los jóvenes reclutas "tienen que estar en buena forma", bromea un sargento de la base mostrando una zona con picas amarillas clavadas en el suelo alrededor de la base. "Tenían que correr alrededor con un saco de 25 kg en la espalda. Y regresar", agrega.

Los que superaron la prueba están ahora en el polígono de tiro de la escuela, con lanzacohetes portátiles RPG-7 al hombro bajo un sol abrasador. Los instructores, afganos están supervisados por las fuerzas especiales de la coalición desplegada por la OTAN.

Al cabo de 14 semanas serán enviados como "comandos" a la primera línea.

Los mejores reclutas, que deben saber leer y escribir, regresarán para perfeccionar su formación durante cinco semanas para convertirse en la "súper-élite" de las fuerzas especiales, djo el coronel Ahmad Zabihulá, su comandante de operaciones.

Desde que en 2014 se retiraron la mayoría de las fuerzas extranjeras, las fuerzas especiales sirven de escudo contra los talibanes y otros grupos islamistas. Son los únicos formados para la tarea.

- Desgaste -

Según el general estadounidense John Nicholson, usar las fuerzas especiales en la lucha contra los talibanes "no se debe a falta fondos de las Fuerzas Armadas", sino porque "están entrenados por algunas de las mejores fuerzas especiales del mundo".

Sin embargo, tanto los oficiales del ejército afgano como los de la coalición internacional están preocupados por el hecho de que las fuerzas especiales llevan a cabo el 80% de las operaciones cuando sólo representan el 7% de las fuerzas afganas.

El gobierno controla sólo el 60% del territorio afgano (234 distritos de 407) y el resto está bajo influencia o controlado por los rebeldes.

El ejército regular sufre un gran desgaste: los soldados apenas reciben formación, ha sufrido pérdidas colosales (2.500 muertos entre enero a mayo y más de 4.000 heridos) y sufre la corrupción de sus oficiales.

"La principal diferencia con nosotros es la formación y el equipamiento", analiza el mayor Nasibulá, de 34 años, instructor de los fuerzas especiales de policía en una base junto al aeropuerto de Kabul.

"A veces las tropas no reciben alimentos, agua o combustible a tiempo. Cuando las fuerzas de seguridad tienen el ánimo bajo, el enemigo lo aprovecha, como el verano pasado en Helmand. No se puede combatir con el estómago vacío", advierte.

En el verano de 2016, las fuerzas especiales fueron enviadas para preservar la capital de Helmand, Lashkar-Gah, amenazada por los talibanes. Se quedaron durante semanas para defenderla. "No es así como deben ser empleadas", dice un oficial estadounidense.

En su "hoja de ruta" de cuatro años, el presidente Ashraf Ghani dio la orden, en marzo, de duplicar sus efectivos hasta unos 32.000 hombres, sean militares o policías.

"Pronto estaremos listos", afirmó el coronel Zabibulá. "Aumentando su cantidad podremos aumentar las misiones", añadió.

Las fuerzas especiales están ahora destacadas en una decena de bases y pueden llevar a cabo una treintena de operaciones simultáneas en todo el territorio, dice su jefe, el general Bismilá Waziri.

"Es cierto que están cansados. Combaten a cuenta del mundo entero contra una veintena de grupos terroristas", observa el general Dawlat Waziri, portavoz del ministerio de Defensa.

Con su uniforme reglamentario frente a los futuros soldados de élite, formados en la base Morehead, Waziri les enardece. : "¿Vamos a ganar esta guerra?". "¡Sí!", responde la tropa al unísono.

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AFP