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Unos migrantes afganos caminan hacia una casa abandonada en Cesme, el 19 de marzo de 2016, mientras tratan de cruzar la isla turca de Quíos

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Mohamed no olvidará nunca los ataques con granada; su cuerpo está plagado de cicatrices que le recuerdan que es blanco de los talibanes afganos. Está tan desesperado que confiará a dos de sus hijos a traficantes con la esperanza de que lleguen a Europa.

Nunca habían llegado tantos jóvenes a Europa, un continente bajo una fuerte crisis migratoria. En el camino afrontan múltiples peligros, como caer en las garras de traficantes de personas o de depredadores sexuales.

Mohamed no se desanima. "Mis hijos merecen vivir en un país sin atentados, sin asesinatos", suspira. El año pasado decidió que enviaría a dos de sus ocho hijos, de 14 y 17 años, a Alemania y lo hará recurriendo a traficantes de personas.

Mohamed es fiscal de la provincia inestable de Ghazni (al sur de Kabul) y como tal envió a decenas de talibanes a la cárcel. Sobrevivió a dos ataques con granada y recibió cartas de amenaza con el emblema de los talibanes. "La próxima vez te matamos", le avisaron en una de ellas.

Otra carta de los servicios de inteligencia afganos le advertía de los riesgos de secuestro que pesaban sobre él y su familia. Unos riesgos acentuados por la evasión de cientos de presuntos combatientes de la cárcel de Ghazni el año pasado.

"Aunque Europa cierre sus fronteras y mis hijos se encuentren bloqueados en tierra de nadie, están más seguros que en Afganistán", afirma Mohamed, que prefiere no dar su apellido. "En el camino se exponen a que los maten, pero si se quedan, morirán".

- "Peligros" -

Su calvario lo viven otros muchos civiles afganos, víctimas de la guerra entre las fuerzas gubernamentales y la rebelión talibán. Las estaciones de autobuses están llenas de traficantes que ofrecen sus servicios a afganos desesperados.

El acuerdo reciente entre la Unión Europea y Turquía para supuestamente frenar la afluencia de migrantes a Europa no parece disuadirlos. "Hay motivos para preguntarse lo que empuja a los padres a enviar a sus hijos a carreteras increíblemente peligrosas y exponerlos a un sinfín de riesgos", reacciona Sarah Crowe, de Unicef.

Entre los menores no acompañados que llegan a Europa, los afganos son los más numerosos. La mayoría de los sirios son adultos. Sin ir más lejos, el año pasado Suecia recibió a 24.000 menores afganos.

Una vez salvados los obstáculos del viaje hacia Europa, la vida en su lugar de destino tampoco es fácil. "Tengo amigos que han llegado a Alemania. Por Skype me cuentan que no vaya, que no arriesgue mi vida", afirma Hamid, el hijo de 17 años de Mohamed. "Pero ¿tenemos elección?", se pregunta.

Hamid vislumbra dos opciones: tomar un vuelo hacia Turquía y llegar hasta Alemania pasando por Bulgaria, para evitar Grecia, donde miles de migrantes se han visto bloqueados o pasar por Irán y Turquía. No sabe cuándo se iría.

- Visado a 6.000 dólares -

Con la intensificación de los controles fronterizos, conseguir un visado para Turquía o un destino europeo es todo un desafío, y un filón para los expertos en falsificaciones.

En una agencia de viajes de Kabul, Hamid se entera del precio de uno para Turquía. "Para los hombres solos son 6.000 dólares. Si se va en familia, son 4.000 dólares cada uno", les responden. Una fortuna en un país donde el salario medio mensual gira en torno a los 100 dólares.

"¿Cómo puedo estar seguro de que el visado no es falso", pregunta. "Su visado será auténtico al 100%. Lo verá cuando llegue al aeropuerto".

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AFP