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Unos dibujos pegados en un punto de espera para migrantes en la estación central de tren de Passau, en el sur de Alemania, el 18 de noviembre de 2015

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Hace unos meses, Alemania se veía acusada de no hacer todo lo necesario para relanzar el crecimiento europeo. Hoy desembolsa miles de millones para acoger a los refugiados y el cambio se nota.

"La economía Alemania se ha vuelto por fin lo que muchos críticos internacionales le reclamaban desde hace mucho: una economía impulsada por su demanda interna", señala Carsten Brzeski, economista de ING. "Por lo menos el tercer trimestre", puntualiza.

En efecto, el detalle, desvelado esta semana, de los componentes del crecimiento de la primera economía europea entre julio y septiembre lo demuestra: si el productor interior bruto (PIB) alemán ha logrado aumentar un pequeño 0,3% el tercer trimestre, esto se debe al consumo de las familias y al gasto del Estado.

El fenómeno tampoco es del todo nuevo. El motor de la economía ya se desplazó en 2014 de las tradicionales exportaciones hacia el consumo de los hogares alemanes aprovechando un mercado laboral en forma.

Pero a esto se suma ahora un mayor gasto del Estado, debido sobre todo a los miles de millones de euros necesarios para recibir a cientos de miles de refugiados que están llegando este año a Alemania. Este dinero -del orden de 10.000 millones de euros en 2015 y 2016, recordó el jueves el vicecanciller Sigmar Gabriel- se destinará a la compra de camas, organizar alojamientos, conducir a los recién llegados a centros de acogidas en todo el país o financiar clases de alemán.

- Oídos sordos de Schäuble -

"La afluencia de refugiados ya ha tenido un impacto en el crecimiento alemán el tercer trimestre, sobre todo con una aumento del gasto público", estima Philippe Waechter, responsable de investigación económica en Natixis.

Para Stefan Kipar, de BayernLB, estos "gastos suplementarios hacen las veces de un pequeño e imprevisto programa de reactivación". Incluso es "hoy el programa de reactivación más importante de los últimos años", señaló el viernes el político conservador Armin Laschet.

Y esto es exactamente lo que llevaban meses reclamando con fuerza el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea y París, que reprochaban a Alemania que no hubiera utilizado sus excedentes -comercial y presupuestario- para realizar inversiones que de rebote beneficiaran a toda la economía europea.

Pero exceptuando un programa de inversiones en infraestructuras de 15.000 millones de euros de aquí a 2018 concedido a los socialdemócratas del Gobierno, Berlín tenía tendencia a hacer oídos sordos, cuando el objetivo prioritario de su ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble, es un presupuesto en el que el gasto no excede ni un céntimo los ingresos.

Las recientes evoluciones no han hecho cambiar el tono de Alemania en Bruselas. La investigación abierta a principios de 2014 por la Comisión Europea sobre los excedentes de las cuentas corrientes alemanas sigue de actualidad. La institución reiteró el jueves en un informe "la necesidad de un reequilibrio continuo hacia fuentes interiores de demanda".

- "Más duradero" -

Para Philippe Waechter, está claro que "Alemania empieza a desempeñar este papel (de motor para el consumo), en beneficio de todos los demás en Europa". Dicho esto, "el gasto público del tercer trimestre es sobre todo gasto a corto plazo. Todavía no es la inversión, sobre todo en infraestructuras, que todos esperan, pero esto podría venir más tarde", avanza Waechter.

Además, por ahora, con un crecimiento limitado a un 0,3%, inferior al 0,4% del segundo trimestre, el "motor" europeo no parece de gran cilindrada. "Para afrontar los retos actuales y nuevos, la economía necesitará un estímulo por la inversión más duradero. Apoyarse únicamente en la solidez actual del consumo privado podría ser una estrategia peligrosa", advierte también Brzeski.

Una advertencia que todavía cuesta que le resulte convincente a Berlín. "No tenemos derechos a abandonar el objetivo de un presupuesto equilibrado", aseveró el miércoles la canciller Angela Merkel.

AFP