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Un migrante observa al vicecanciller y ministro de Economía y Energía, Sigmar Gabriel, durante la visita de éste a un taller de carpintería en Berlín, el 17 de diciembre de 2015

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Un año después de la entrada en vigor en Alemania de un salario mínimo bruto a 8,50 euros por hora, los temores de un fuerte aumento del desempleo no se han concretado, pero ahora se debate si debe aplicarse a los refugiados.

Alemania se apresta a acoger este año a más de un millón de refugiados y algunos temen que se dispare el desempleo.

"Se podría imaginar un estatuto específico para los refugiados de manera que tengan derecho al salario mínimo al cabo de 18 o 24 meses", propone entre otros el economista Michael Hüther del instituto de investigación económica de Colonia (DIW).

Pero de momento el Gobierno ha excluido cualquier excepción al salario mínimo. Esta medida, impuesta por los socialdemócratas a los conservadores de Angela Merkel, con quienes gobiernan, ha sido una verdadera revolución en un país que durante mucho tiempo prefirió los acuerdos sectoriales. Entró en vigor el 1 de enero de 2015 y, casi un año más tarde, llega la hora del primer balance.

"El salario mínimo no ha cambiado mi vida, me sigue costando llegar a fin de mes" confía a AFP Jurgen Herbst. Este recepcionista de noche en un hotel familiar cerca de Fráncfort ha mejorado sus ingresos netos mensuales en 149 euros. Pero, al mismo tiempo, la pensión alimenticia que entrega para su hijo también ha aumentado.

El hombre, de unos 50 años, tuvo que alertar a los sindicatos para hacer valer sus derechos pues su jefe oponía cierta resistencia a pagar el salario mínimo. "Aún está algo enfadado, por cierto" dice Herbst, para quien la obtención de ese salario base era una cuestión de "dignidad".

- Bajo desempleo -

La introducción del salario mínimo debía, según previsiones oficiales, beneficiar a más de 3 millones de empleados que antes ganaban menos de 8,50 euros/hora.

El nuevo salario base no ha cambiado la situación económica: ha mejorado un poco el poder adquisitivo pero el consumo interior alemán ya era muy vigoroso desde hace varios años. Y en el frente del empleo, las previsiones alarmistas de los detractores del salario mínimo no se han cumplido.

Éstos temían una explosión del desempleo -hasta 900.000 empleos destruidos, había augurado el instituto Ifo-, y una erosión de la competitividad en la primera economía europea.

Pero algunas empresas sí se han visto afectadas. En octubre, la manufacturera Steinbach, fabricantes de estatuillas de Navidad en la región de Erzgebirge (este), no pudo soportar el súbito aumento de sueldos del 27%, y tuvo que cerrar tras más de 200 años de existencia.

Sin embargo, globalmente "los empresarios no se han puesto a reducir plantilla debido a la reforma" explica Klaus Brenke, economista del DIW.

Y, de hecho, el desempleo ha seguido imperturbable su larga caída para llegar al 6,3% en noviembre, su menor nivel desde la reunificación en 1990.

Sobre todo son los empleados poco cualificados los que más se han beneficiado con la introducción del salario mínimo de 8,50 euros, según Brenke.

El 1 de enero de 2017 el mecanismo será ampliado a algunos sectores donde no fue aún aplicado. Al margen de estos sectores, las excepciones son muy escasas. Y hacer otra excepción con los refugiados es de momento objeto de debate, pero para algunos no debe ser necesario.

"Ya tenemos una excepción al salario mínimo para los aprendices, y ya es más que suficiente", afirma el profesor Joachim Möller, director del Instituto de investigación sobre el trabajo, IAB.

Por su lado, Klaus Brenke concluye: "Así como la introducción del salario mínimo no destruyó empleos, su supresión tampoco los creará".

AFP