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La canciller alemana, Angela Merkel, observa un perro durante un acto con los policías desplegados por la cumbre del G20 en Hamburgo, el 8 de julio de 2017

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Las autoridades alemanas, con la canciller Angela Merkel a la cabeza, fueron criticadas este sábado por los actos de violencia ocurridos durante la cumbre del G20 en Hamburgo, que empañan la imagen del país ante el resto del mundo.

Bild, el periódico más leído de Alemania, responsabiliza en un editorial a Merkel de la "debacle", acusándola de fracasar en mantener el orden público desde que surgieron los primeros enfrentamientos, el jueves.

"El sentimiento de seguridad que el Estado debe garantizar ha dejado de existir en Hamburgo", escribe el periódico, criticando a los dirigentes alemanes a tres meses de las elecciones legislativas.

"Los políticos tienen la total responsabilidad de los policías heridos y los destrozos en la ciudad", dijo por su parte el responsable en Hamburgo del sindicato de policía BDK, Jan Reinecke, en declaraciones a Der Spiegel.

La jefa del Gobierno alemán denunció violencias "inaceptables".

- "Pérdida de control" -

Sin embargo, el periódico conservador Die Welt habla de la "pérdida de control" de las autoridades alemanas, que dejaron algunos barrios de Hamburgo, la segunda ciudad del país con 1,7 millones de habitantes, en manos de los manifestantes violentos.

Este sábado la ciudad había recuperado la calma, pero 20.000 personas, según la policía, comenzaron a manifestar a media jornada y las autoridades temían que se produjeran nuevos incidentes.

El espectáculo ofrecido en la gran ciudad portuaria está lejos de la imagen de "puerta al mundo", dinámica e internacional, que presentaron los dirigentes alemanes antes de la cumbre.

En total, 213 policías resultaron heridos y 143 personas fueron detenidas, según el último balance. Por el momento se desconocía la cantidad exacta de manifestantes heridos.

El viernes, la policía, que ya contaba con 20.000 agentes en la ciudad, se vio obligada a pedir más refuerzos.

Los barrios de Schanzenviertel y St. Pauli, los principales feudos de la oposición de extrema izquierda, se convirtieron el viernes por la noche en zonas de "caos urbano" y "campo de batalla", según los medios alemanes.

Una unidad de intervención especial de la policía, equipada con ametralladoras, tuvo que intervenir en la madrugada de este sábado ante los graves incidentes.

En las calles se levantaron barricadas con fuegos y algunos de los alborotadores, completamente vestidos de negro y a veces con la cara tapada, arrancaron carteles de señalización para fabricar proyectiles con ellos.

También subieron a un andamio para sermonear a los policías, incendiaron vehículos, lanzaron botellas de cerveza y piedras y dañaron mobiliario urbano.

- Supermercado saqueado -

Según la televisión, un supermercado fue saqueado y otros comercios fueron vandalizados por personas que portaban barras de hierro, lo que fue ratificado por la policía.

Ciertos militantes de extrema izquierda quisieron distanciarse de los actos de violencia. Pero desde hace semanas, los simpatizantes del movimiento anarquista y autónomo prometían un "infierno" en esta ciudad, bastión histórico de la contestación violenta contra el Estado.

Los barrios donde se produjeron los actos violentos se sitúan a tan solo 10 minutos a pie del centro de congresos en el que se celebraba la cumbre de los 20 países más ricos y emergentes del planeta.

"Hamburgo nunca debería haber sido la ciudad anfitriona de esta cumbre", criticó Reinecke, el líder sindicalista policial.

Varios medios compartían esta opinión, entre ellos Der Spiegel, que consideraba que "los mayores temores se hicieron realidad y ensombrecieron esta cumbre".

Ya en la tarde del jueves, estallaron los primeros enfrentamientos entre policías y manifestantes, y rápidamente se formó un Black Block -grupos minoritarios de tendencia anarquista, cuyos integrantes visten de negro y usan pasamontañas.

La policía, que detuvo el cortejo de cientos de personas al cabo de unos metros, recurrió poco después a los gases lacrimógenos y los cañones de agua para dispersar la protesta.

"A veces actuó con tal virulencia que la gente entró en pánico", escribe Der Spiegel. El resultado fue que los manifestantes potencialmente violentos formaron pequeños grupos diseminados e incontrolables.

AFP