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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump durante una reunión en el Salón Roosevelt en la Casa Blanca en Washington, DC, el 31 de marzo de 2017

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Antes de llegar a la Casa Blanca Donald Trump expresó su admiración por Vladimir Putin y abogó por un acercamiento entre Washington y Moscú; desde que es presidente, no obstante, su administración se ha mostrado tan firme ante Rusia como la de su predecesor Barack Obama.

Dos meses después de su ascenso al poder, el presidente estadounidense halaga menos a su homólogo ruso en un clima político de tensión en Washington por las investigaciones oficiales sobre posibles connivencias entre la galaxia Trump y los responsables rusos durante la campaña presidencial estadounidense de 2016.

En ese contexto, los dos secretarios de Estado estadounidenses más importantes - el jefe de la diplomacia Rex Tillerson y el responsable del Pentágono James Mattis- de gira europea el viernes arrojaron duras declaraciones contra Moscú en relación con el conflicto en Ucrania y con la eventual injerencia rusa en las elecciones en Estados Unidos y Europa, una línea de firmeza hacia Moscú por parte de la administración Trump en continuidad con la de Obama.

- 'Agresión rusa' -

Cercano a Putin en su época como CEO de ExxonMobil, Tillerson ha cambiado su postura hacia Rusia como secretario de Estado: el viernes, en su comparecencia en la OTAN, denunció que "la agresión hace tres años de Rusia en Ucrania" había hecho "tambalearse los fundamentos de la seguridad y la estabilidad en Europa".

El nuevo jefe de la diplomacia estadounidense se comprometió asimismo a que las sanciones decididas por Barack Obama "sigan en vigor" mientras Moscú no respete los acuerdos de paz de Minsk (2015) para el este de Ucrania y no se retire de la Crimea "ocupada" y arrebatada a Kiev.

En consonancia con la línea diplomática de su predecesor John Kerry, prometió que "el apoyo de Estados Unidos y de la OTAN a Ucrania permanecerán firmes" y que Washington "no aceptará que Rusia trate de modificar las fronteras ucranianas".

El viernes, en un almuerzo a puerta cerrada en la OTAN, Tillerson habría sido "ovacionado" por sus socios tras declarar que "Rusia ya no era digna de confianza", según un responsable del departamento de Estado.

Por su parte, Moscú denunció "el mito de 'la amenaza rusa'".

- 'Enredar en las elecciones' -

En cuanto a James Mattis, tampoco se mordió la lengua en sus críticas hacia Rusia. El secretario de Defensa, de visita en Londres acusó a Moscú de "violar el derecho internacional en Crimea" y de "inmiscuirse en las elecciones de otros" países.

En la actualidad, comisiones del Congreso estadounidense y del FBI investigan sobre la eventual injerencia de Moscú en la campaña presidencial de 2016, el último tratando de establecer si hubo una "coordinación" entre el bando de Trump y responsables rusos.

El millonario estadounidense y el Kremlin han desmentido esa relación, pero en el pasado Trump ha alabado en múltiples ocasiones al presidente ruso y ha abogado por un acercamiento entre ambos países.

Desde su llegada a la Casa Blanca, el presidente ha ido rebajando el tono afable hacia su homólogo ruso, pasando de considerarlo alguien "inteligente" a quien convertir en su "mejor amigo", a definirlo como un mandatario al que simplemente "respeta" sin por ello ser alguien con quien "llevarse bien".

A principios de febrero, la violencia en el este de Ucrania llevó a la nueva administración estadounidense a prometer que mantendría las sanciones contra Rusia.

"La línea dura de Tillerson y de Mattis" evidencia una "continuidad entre las administraciones de Obama y Trump", señala Jeffrey Rathke, exportavoz del departamento de Estado con John Kerry.

Para este experto del Center for Strategic and International Studies (CSIS), la política exterior de Estados Unidos hacia Rusia difícilmente cambiará mientras haya en curso "investigaciones en Washington sobre la implicación rusa en las elecciones y la campaña de Trump".

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