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Arrozales sin recolectar y un poblado quemado cerca de Maungdaw, en Birmania, el 12 de noviembre de 2017, tras la huida de cientos de miles de rohinyás de Birmania a Bangladés

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Miles de hectáreas de arrozales se echan a perder en el oeste de Birmania a falta de obreros para la cosecha desde que la minoría musulmana rohinyá que vivía allí huyó a Bangladés.

Incluso antes de esta crisis, calificada de limpieza étnica por la ONU, los rohinyás carecían de derechos en Birmania, donde se les considera inmigrantes ilegales del vecino Bangladés. La mayoría malvivía de la agricultura, como obreros agrícolas sin declarar o cultivando terrenos pequeños.

"Trabajábamos en la agricultura o la pesca. Ya no tenemos trabajo", explica a la AFP Osoma, de 25 años, en una playa del estado Rakáin, cerca de la aldea de Ale Than Kyaw, durante un viaje organizado para la prensa por el ejército birmano.

Esta madre de tres hijos, entre ellos un bebé de pocas semanas, lleva varios días esperando irse, como cientos de personas sin medios para pagar los precios reclamados por los pasadores.

"De aldea en aldea no vamos a encontrar nada con que subsistir", explica esta mujer, oriunda de un pequeño pueblo del norte del estado Rakáin.

Tradicionalmente esta región, una de las más pobres de Birmania, vivía del cultivo de arroz.

Pero, desde la huida al exilio de más de 600.000 rohinyás debido a la violencia entre rebeldes de esta etnia y las fuerzas de seguridad birmanas a finales de agosto, no hay mano de obra para la cosecha del grano.

Antes de la crisis, se estimaba que casi un millón de rohinyás vivían en el estado Rakáin.

En el norte de esta región del oeste de Birmania, la más afectada por la violencia, aldeas enteras se han transformado en "tierra en nadie", sobre todo en las inmediaciones de Maungdaw. Sólo quedan unos 150.000 rohinyás, según cálculos de los cooperantes humanitarios internacionales.

Los insurgentes rohinyás y el ejército se culpan el uno al otro de esta política de tierra quemada que ha puesto a Birmania bajo presión internacional.

El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, viaja el miércoles a Birmania para reunirse con la dirigente civil y nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, así como con el jefe de las fuerzas armadas, general Min Aung Hlaing.

En la playa cercana a Ale Than Kyaw, algunos rohinyás construyeron una balsa impresionante con bambú y bidones de plástico amarillos usados como flotadores.

"Pondremos a los ñinos encima de ellos para cruzar. No tenemos miedo a morir", afirma Ro Shi Armad, que con apenas 18 años es padre de cinco hijos. "Nos vamos porque aquí no conseguimos vivir", explica este exobrero agrícola.

- Arrozales dejados al abandono -

Los periodistas de la AFP vieron los arrozales abandonados.

Algunas cosechadoras estaban estacionadas cerca de la carretera, pero en los campos sólo se veía a un puñado de budistas (mayoritarios en el país pero minoritarios en esta zona del norte del estado Rakáin).

Las autoridades reconocen tener un problema con las casi 8.000 hectáreas al abandono cerca de Maungdaw, epicentro de la violencia.

"Antes tenía un comercio y granjas. Ahora no puedo hacer nada debido a la falta de mano de obra", lamenta Kyaw Zeyar Oo, un musulmán rohinya de 47 años que vive en la aldea de Ale Than Kyaw y no quiere irse a Bangladés.

"La mayor parte de la gente huye a causa de la amenaza terrorista", asegura. Dice que los candidatos al exilio huyen de la violencia de la rebelión rohunyá, en declaraciones a la AFP realizadas en presencia de representantes de las fuerzas armadas.

En Bangladés, los exiliados denuncian sin embargo que se fueron por los atropellos cometidos por el ejército birmano y los incendios de las aldeas y de los cultivos.

El ministerio de Agricultura birmano intenta organizar la cosecha del arroz enviando a obreros agrícolas de otras regiones pero el diario oficial The Global New Light of Myanmar reconoció la semana pasada que está resultando difícil por la falta de voluntarios.

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AFP