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El presidente sirio, Bashar al Asad, responde a las preguntas de la AFP durante una entrevista en Damasco el 18 de enero de 2014

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El presidente sirio, Bashar al Asad, que niega haber ordenado un ataque con armas químicas contra una localidad rebelde, como aseguran los países occidentales, está convencido de que podrá ganar la guerra que devasta su país desde hace seis años.

Gracias al apoyo de Rusia e Irán, no parecen impresionarle las amenazas de Estados Unidos ni el primer ataque norteamericano, la semana pasada, contra una base de su fuerza aérea.

"Son los sufrimientos del pueblo sirio los que me quitan el sueño, en ningún caso las amenazas occidentales", dijo el miércoles en una entrevista exclusiva brindada a la AFP.

Con sus trajes de estilo occidental y sus sobrias corbatas, parece más un ejecutivo que un presidente.

- Guerra hasta la victoria -

Sin embargo, Asad, un hombre siempre atento, es inflexible. "Para Asad, siempre ha sido un combate a vida o muerte. Nunca quiso detener la guerra. Es la victoria o la derrota", afirma el exdiplomático holandés Nikolaos van Dam, experto en Siria.

El destino del presidente, de 51 años de edad, oftalmólogo de profesión, cambió en 1994, cuando murió su hermano Basel, sucesor designado de su padre, Hafez al Asad, en un accidente de coche en Damasco.

Bashar tuvo entonces que abandonar Londres, donde estaba estudiando y donde conoció a su mujer, Asma, una sirio-británica de confesión sunita que trabajaba en la 'City' para el banco JP Morgan.

Bashar Al Asad forma parte de la minoría alauita, una rama del chiismo, en un país mayoritariamente sunita.

Su padre, Hafez al Asad, que tenía como él un carácter frío y enigmático, dirigió el país con mano de hierro desde 1970 hasta su muerte, en 2000, cuando Bashar le sucedió.

"El régimen tiene medio siglo de experiencia sobre cómo quedarse en el poder. Tiene el apoyo del ejército y de los servicios de seguridad", asegura Van Dam, autor del libro 'La lucha por el poder en Siria'.

Padre de dos niños y una niña, el presidente sirio confiesa que su vida no ha cambiado con la guerra. Sigue viviendo en su casa de Damasco, lleva él mismo a sus hijos a la escuela y trabaja en su despacho del centro de la ciudad.

- Confianza en sí mismo -

Frente a la afirmación del secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, de que el clan Asad está a punto de caer, el presidente sirio niega que su familia domine el país. "Está soñando, está alucinando", dice con tono irónico.

Asad llegó al poder en el año 2000, tras la muerte de su padre. En 2011, sorprendido por la revuelta en Siria siguiendo la estela de la Primavera Árabe, decidió optar por la represión, calificando a los opositores de yihadistas y la revuelta de complot de Estados Unidos e Israel contra el "eje de la resistencia", del que dice ser representante.

Según los observadores, si hasta ahora ha resistido, es gracias a su convicción de que ganará.

"Desde el principio los consejeros de Asad repiten que confían en la victoria mientras la aviación estadounidense no bombardee Damasco y Estados Unidos no se implique directamente en la guerra", explica Joshua Landis, director del Centro de Estudios para Oriente Medio de la Universidad de Oklahoma.

Además Asad, igual que su padre, sabe ser paciente y espera su momento. "Fue alumno de la escuela de su padre y esta escuela siempre ha sabido controlar el factor tiempo y convertir el viento desfavorable en favorable", asegura Waddah Abed Rabbo, redactor jefe del periódico Al Watan, cercano al poder.

Según él, la clave de su victoria serán sus alianzas. "Nunca ha dudado de la victoria, porque sabe que su país tiene desde hace décadas una alianza sólida y estratégica con Rusia, Irán y otros países", añade.

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