Al menos 62 personas murieron y 33 resultaron heridas en un ataque contra una mezquita en Afganistán, producido durante la oración del viernes, según las autoridades, un día después de que Naciones Unidas advirtió que la violencia en el país alcanzó niveles "inaceptables".

"El balance del ataque contra la mezquita se elevó a 62 muertos y 33 heridos", dijo a la AFP un portavoz del gobernador de la provincia de Nangarhar (este), Attaulá Jogyani, que había dado cuenta anteriormente de 28 fallecidos.

Según Jogyani, el atentado fue perpetrado con "explosivos que estaban colocados en el interior de la mezquita", situada en el pueblo de Jaw Dara, en el distrito de Haska Mina, a unos 50 km de la capital provincial Jalalabad. Otras fuentes, entre ellas un talibán, mencionaron la posibilidad de un ataque con mortero.

Un portavoz de los talibanes condenó el ataque y lo calificó como un "crimen mayor", aparentemente negando toda responsabilidad, y culpó al grupo Estado Islámico (EI) o las fuerzas gubernamentales.

De momento ningún grupo se responsabilizó por este atentado. Tantos talibanes como el EI están presentes en Nangarhar, provincia fronteriza con Pakistán.

Varios testigos dijeron que el techo de la mezquita se había derrumbado tras la "fuerte" explosión.

Unos 350 fieles estaban adentro en ese momento, afirmó a la AFP Omar Ghorzang, un residente de la localidad.

"Docenas de personas resultaron muertas y heridas y fueron llevadas en varias ambulancias", declaró a la AFP Haji Amanat Khan, un vecino de 65 años.

- Extrema violencia -

Este atentado tuvo lugar después de que la ONU publicara un nuevo informe el jueves con el número "sin precedentes" de civiles que resultaron muertos o heridos en Afganistán entre julio y septiembre.

El informe, que también señala la violencia a lo largo de 2019 hasta ahora, subraya que "los afganos han estado expuestos a niveles extremos de violencia durante muchos años" a pesar de las promesas de todas las partes de "prevenir y mitigar el daño a los civiles".

La ONU lamentó el absurdo precio cada vez mayor que tienen que pagar los civiles, dada la creencia generalizada de que ninguna de las partes puede ganar la guerra en Afganistán.

"Las víctimas civiles son totalmente inaceptables", dijo el representante especial de la ONU en Afganistán, Tadamichi Yamamoto, y añadió que demuestran la importancia de las conversaciones que conducen a un alto el fuego y a un acuerdo político permanente.

La ONU atribuyó la mayor parte de la responsabilidad a los "elementos antigubernamentales" como los talibanes, que llevan más de 18 años de una sangrienta insurgencia en Afganistán.

Las cifras, 1.174 civiles muertos y 3.139 heridos del 1 de julio al 30 de septiembre, representan un aumento del 42% respecto al mismo período en 2018.

"Es el mayor número de víctimas civiles registrado (...) en el curso de un solo trimestre" desde 2009, según la misión de la ONU en Afganistán (Manua), en un informe trimestral.

Julio fue el mes más sangriento en estos diez últimos años, con 425 muertos, de acuerdo con la Manua, que inició su recuento de pérdidas civiles en 2009.

Este año ha estado marcado por una sangrienta campaña electoral para los comicios del pasado 28 de septiembre, que los talibanes juraron impedir.

Estados Unidos y los talibanes pasaron el año en curso en negociaciones supuestamente para abrir una vía hacia el final del conflicto. Pero el presidente estadounidense Donald Trump puso fin a las negociaciones en septiembre tras un sangriento atentado.

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