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La policía bangladesí vigila un puesto de control con unos ramos de flores en una calle que lleva al café de Daca blanco del atentado yihadista, el 3 de julio de 2016

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La masacre de 20 personas, en su mayoría extranjeras, en un restaurante de Daca ha puesto a Bangladés en primera línea de lucha contra el yihadismo internacional a pesar del rechazo del Gobierno de reconocer que existen redes extremistas en el país, aseguran los expertos.

En los últimos dos años, varias decenas de personas han muerto en Bangladés a manos de extremistas islamistas, una ola de violencia dirigida en particular contra blogueros ateos, hindúes, militantes homosexuales e intelectuales.

Estas muertes no habían tenido eco más allá de Bangladés, pero la matanza de este fin de semana ha dado la vuelta al mundo, dando a los yihadistas la publicidad que estaban buscando.

Según los analistas, la elección del lugar, el día y la manera de matar fueron pensados para obtener el máximo de publicidad en un ataque quizás inspirado en las matanzas de Orlando (Estados Unidos) y París (Francia).

Dieciocho de los 20 civiles que murieron en el café Holey Artisan Bakery eran extranjeros, asesinados a cuchillazos a manos de un grupo de extremistas que también llevaban gran cantidad de armas de fuego.

Los atacantes eligieron a propósito el fin de semana del final del ramadán y separaron deliberadamente a los extranjeros y a los bangladesíes que había en el café.

La población de Bangladés es un 90% musulmana a pesar de que el país es oficialmente laico.

"Degollando a la gente querían demostrar al mundo que pueden ir muy lejos en nombre de la yihad", explica K.G. Suresh, un analista de la Vivekananda International Foundation, con sede en Nueva Delhi.

"Atacando un restaurante frecuentado por extranjeros un viernes por la noche demuestran claramente cuál es su objetivo. Y dejando en vida a los musulmanes querían lanzar un mensaje de que sólo atacarán a los occidentales", indica.

El grupo Estado Islámico (EI) reivindicó el ataque y aseguró que iba dirigido contra "ciudadanos de estados cruzados".

Por el momento, el Gobierno sigue negando la presencia del EI o de Al Qaida en Bangladés, a pesar de las reivindicaciones de ambas organizaciones de atentados en el país.

Fue el caso del ministro del Interior, Asaduzzaman Khan, que el domingo dijo al AFP que los seis asaltantes abatidos en el café pertenecían a Jamaeytul Mujahdeen Bangladesh, un grupo local prohibido desde hace más de diez años.

Pero los analistas tienen serias dudas. Según Taj Hashmi, un especialista bangladesí en cuestiones de seguridad que enseña en la universidad estadounidense de Austin Peay, no hay "ninguna ambigüedad" sobre el hecho de que el ataque del sábado fue perpetrado por el EI.

"Bangladés tiene que reconocer que las redes islamistas internacionales están activamente implicadas en matar a gente en el país y que esto todavía no ha terminado", dijo Hashmi.

Por su parte, los grupos de oposición señalan la falta de democracia como una de las razones de la violencia.

El principal partido islamista tiene prohibida su participación en las elecciones desde hace dos años y la mayoría de sus dirigentes están en prisión o fueron ejecutados tras varios juicios relacionados con la guerra de independencia de 1971 contra Pakistán.

Además, la líder de la oposición, Khaleda Zia, está perseguida por la justicia por su papel en las manifestaciones contra el Gobierno de 2014. Su partido boicoteó las legislativas de ese año.

Según Mubashar Hasan, especialista del islam político en la Liberal Arts University de Daca, "tenemos un estado con deficiencias y la falta de democracia lo convierte en tierra fértil para el terrorismo".

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AFP