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Mujibur Rahman, un rohinyá de 48 años padre de 10 hijos (d), traslada sus pertenencias a otro emplezamiento tras haber sido desalojado en el campo de refugiados de Ukhia, en Bangladés, el 20 de septiembre de 2017

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Bangladés ordenó este miércoles a sus fuerzas armadas implicarse en la distribución de ayuda humanitaria y en la construcción de cobijos para los refugiados rohinyás, indicó un ministro del gobierno.

El ejército bangladesí se desplegará inmediatamente en la región de Cox's Bazar, anunció a la AFP Obadiul Quader, muy influyente en el gobierno de la primera ministra, Sheikh Hasina, y segundo dirigente más alto del partido en el poder, la Awami League.

Más de 420.000 rohinyás se han refugiado en Bangladés huyendo de la violencia en la vecina Birmania.

"En el estado actual, la presencia del ejército es necesaria para asegurar el orden", declaró, en tanto el flujo de refugiados desborda a las autoridades locales y organizaciones internationales presentes en el extremo sureste del país, donde los campos de acogida están colapsados desde hace semanas.

En los últimos cinco días, las lluvias torrenciales han transformado en barrizales los campos de refugiados. En algunos lugares, el agua llega hasta la cintura y las autoridades temen deslizamientos de tierra.

"La presencia del ejército en el lugar es particularmente necesaria para construir refugios, una tarea muy pesada, y asegurar la higiene", agregó Quader.

Esta decisión inicia una etapa decisiva en la implicación del ejercito bangladesí en esta crisis humanitaria.

La semana pasada, las autoridades le habían encomendado la tarea de trasladar la ayuda internacional hasta los campos de desplazados.

La líder birmana, Aung San Suu Kyi, aseguró el lunes que estaba "dispuesta" a aceptar el regreso de los refugiados al país, pero según criterios que siguen siendo ambiguos.

Mientras la suerte política de la minoría musulmana no se resuelve, las autoridades banglasedíes parecen prepararse para lo peor en términos humanitarios.

El gobierno de Daca asegura que en díez días podrá instalar un campamento para 400.000 personas. Sin embargo, sobre el terreno, no se ven indicios por el momento del inicio de la construcción.

La policía está desalojando a los refugiados que se encuentran al borde de la carretera o en la selva, sin proponerles un lugar donde poder reasentarse.

"No sé cuándo acabará este juego del gato y el ratón" criticó Mujibur Rahman, un rohinyá de 48 años padre de 10 hijos, en unas declaraciones a la AFP.

"Pude comprar bambú y planchas con más gente [para un refugio], pero ahora voy a tener que desplazarlo de nuevo", se lamentó.

Bangladés intenta limitar la llegada de los refugiados a algunas zonas localizadas en el sureste del país. Las autoridades temen que se desplacen a otras ciudades de la región y que la situación se descontrole.

Ya antes del inicio de la violencia en la vecina Birmania, Bangladés, uno de los países más pobres del planeta, contaba con al menos 300.000 refugiados rohinyás.

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