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Decenas de bareiníes a favor del Gobierno ondean banderas nacionales en Manama, el 18 de febrero de 2011

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Cinco años después de un levantamiento popular duramente reprimido, el reino de Baréin está paralizado políticamente y en crisis económica, una situación que exige, según los analistas, un compromiso entre el poder y la oposición.

El 14 de febrero de 2011, la ola de la 'Primavera Árabe' llegó a este pequeño país del Golfo dirigido por una dinastía suní. Las protestas fueron dirigidas por la oposición chií, que exigía reformas y una verdadera monarquía constitucional. El Gobierno, apoyado por tropas regionales, en particular de Arabia Saudí, optó por la represión y encarceló a los dirigentes de la protesta.

El jeque Alí Salman, máximo dirigente de Al Wefaq, principal grupo de oposición chií, fue condenado en junio de 2015 a cuatro años de cárcel por incitar a la desobediencia. Decenas de disidentes fueron encarcelados o privados de la nacionalidad.

Desde hace cinco años, Baréin, sede de la V Flota de Estados Unidos, sufre disturbios esporádicos.

Las autoridades previeron esta semana, cuando se cumple el quinto aniversario de la protesta, que cualquier llamado a manifestarse el 14 de febrero sea considerado como "una infracción criminal castigada por la ley".

El poder, que niega cualquier discriminación de los chiíes, acusa a Irán de "interferencias" y anuncia regularmente el desmantelamiento de "células terroristas vinculadas a Irán", que por su lado desmiente sistemáticamente cualquier injerencia.

"Las esperanzas de justicia y de reformas se debilitan", consideró esta semana Amnistía Internacional.

"En Baréin cualquiera que se anime a criticar a las autoridades" puede "ser castigado", dijo James Lynch, director adjunto de Amnistía para Oriente Medio.

"Los acontecimientos del 14 de febrero de 2011 sacudieron la confianza de la clase política", dice el experto Mohamed Baharoun, de Emiratos Árabes Unidos. "La situación política es tensa, pero la actual crisis económica ofrece la ocasión de considerar una plataforma común para enfrentar ese desafío", agrega.

Baréin, que produce 190.000 barriles de petróleo por día, de los cuales 150.000 los saca en un campo 'offshore' compartido con Arabia Saudí, ha sido duramente golpeado por la baja de los precios del crudo.

El Gobierno tuvo que reducir las subsidios a los precios del combustible, la carne, el tabaco y próximamente, el de la electricidad para, al igual que otros países del Golfo, reabsorber el déficit presupuestario.

El Gobierno aplica una "política de austeridad para contrarrestar la caída de sus ingresos petroleros, que corresponden entre el 86% y el 88% de sus ingresos totales", resume el economista Jaafar Al Sayegh.

La tasa de crecimiento prevista en 2016 es del 2,25%, frente al 3,2% en 2014, mientras que el déficit presupuestario y la deuda pública representan respectivamente el 15% y el 63% del PIB, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

"La esperanza de una salida de la crisis depende de un repunte de los precios del petróleo" pero también "de acuerdos políticos", considera Al Sayegh, presidente de la Asociación de Economistas de Baréin.

La austeridad "no solucionará el problema económico", dice el ex ministro Ali Fakhro, que propone "reducir el gasto público, en particular el de defensa y seguridad" y "ocuparse de la corrupción". Fakhro propone una política coordinada entre las seis monarquías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para crear las bases de "una economía productiva". "Baréin nunca podrá salir adelante solo. Los países del CCG deben trabajar para salvarse juntos", advierte. "La crisis política es incontrolable. Ni el Gobierno ni la oposición pueden desbloquearla. La alternativa es llegar a compromisos a través del diálogo", insiste Fakhro.

La oposición está dispuesta al parecer a discutir.

"El diálogo nacional puede favorecer una solución de la difícil crisis política y constitucional" y "ayudar a encontrar verdaderas soluciones", declararon en enero pasado cuatro grupos opositores, entre ellos Al Wefaq.

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AFP