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La co-inventora de la tecnología CRISPR-CAS9 Jennifer Doudna, habla en el marco de la WIRED Business Conference en Spring Studios, en la ciudad de Nueva York, el 7 de junio de 2017, en la ciudad de Nueva York.

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La tecnología CRISPR-Cas9, utilizada para corregir genes en embriones humanos por primera vez, está en el centro de una feroz batalla de patentes en Estados Unidos con enormes implicaciones financieras.

La pelea enfrenta al dúo de la francesa Emmanuelle Charpentier y la estadounidense Jennifer Doudna, con Feng Zhang, un estadounidense de origen chino. Los tres son investigadores especializados en la "cirugía genética" con reputación internacional.

A mediados de febrero, la Oficina de Patentes y Marcas (USPTO) estadounidense emitió una decisión a favor del equipo de Feng Zhang, cerebro del Broad Institute, un organismo que nace de la colaboración de la Universidad de Harvard y del Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Las mujeres apelaron. Con numerosas distinciones y nombrada a menudo para los Nobel, Charpentier está vinculada con el Max Planck Institute de Berlín. Doudna, también galardonada, trabaja en la Universidad de California en Berkeley.

A ambas se les atribuye el descubrimiento de la técnica bautizada CRISPR-Cas9, una suerte de tijeras moleculares que pueden eliminar partes no deseadas del genoma de forma muy precisa para reemplazarlos con nuevos fragmentos de ADN.

La tecnología abre infinitos campos de aplicación en los terrenos de la salud, como lo demuestra el estudio publicado el miércoles, pero también en el de la agricultura para producir plantas modificadas genéticamente. Y pone en juego miles de millones de dólares.

El dúo franco-estadounidense había presentado en mayo de 2012 una solicitud de patente en la USPTO, describiendo un uso de CRISPR en organismos simples.

Feng Zhang, por su lado, aplicó CRISPR a células con núcleo (eucariotas), abriendo la posibilidad de extender las modificaciones genómicas a las células humanas.

Aunque fue el segundo en hacerlo, el investigador del Broad Institute presentó su solicitud de patente de acuerdo con un procedimiento acelerado y más costoso y la consiguió primero. De allí el litigio ante la USPTO.

A mediados de febrero, los jueces de la USPTO dictaminaron que la patente presentada por Broad no causaba "interferencia" con la solicitud de patente más amplia presentada por el dúo Charpentier-Doudna.

Resta saber cómo se articularán ambas patentes concretamente.

La situación es más clara en la Unión Europea y Gran Bretaña, donde las autoridades han concedido las patentes para la técnica de CRISPR solo al equipo de ambas mujeres.

A finales de junio, la oficina china de patentes siguió sus pasos, decidiendo que la firma CRISPR Therapeutics, cofundada por Emmanuelle Charpentier, y las dos start up creadas por Jennifer Doudna, Intellia y Caribou Biosciences, podían solicitar las patentes para su método de edición genética en China.

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AFP