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El presidente de Turkmenistán, Gurbangulí Berdimujamédov, sonríe durante una ceremonia en Biskek, Kirguistán, el 5 de agosto de 2015

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El presidente turkmeno, Gurbangulí Berdimujamédov, reelegido este lunes para un tercer mandato, fue el dentista personal de su predecesor hasta que se hizo con las riendas de este país de Asia Central, donde impuso el culto a la personalidad y un poder autoritario.

Cuando el primer presidente del país, Saparamurat Niazov, falleció en 2006, el relevo de Berdimujamédov provocó, en un primer momento, la esperanza de apertura en esta antigua república soviética.

El nuevo presidente eliminó algunos de los excesos de Niazov, que se hacía llamar el 'Padre de los turkmenos', pero continuó con el control de las autoridades sobre su pueblo. Además, Berdimujamédov, erigió ostentosos monumentos ensalzando su personalidad.

Este lunes fue reelegido con casi el 98% de los votos para un tercer mandato, esta vez de siete años. Con 59 años, el autócrata parece aspirar a gobernar de manera vitalicia este país donde apenas existe una verdadera oposición.

Antes de convertirse en presidente de Turkmenistán, Berdimujamédov ejercía como dentista y se ocupaba de la salud bucal del presidente Niazov, que le nombró ministro de Sanidad en 1997.

En 2006 llegó a la cima del poder con el apoyo vital de los servicios secretos, tras la muerte repentina de Niazov, que dirigía Turkmenistán desde la caída de la Unión Soviética.

En los primeros años de su presidencia, el actual autócrata desmanteló los símbolos -omnipresentes— de su predecesor e instauró el culto a su personalidad. En 2015, las autoridades inauguraron en la capital una estatua ecuestre de oro de Gurbangulí Berdimujamédov.

Su imagen presidencial se vio levemente deteriorada en 2013 cuando en un vídeo publicado en internet se le vio cayendo de un caballo durante una carrera. Sin embargo, en un país sin libertad de prensa, los medios del Estado guardaron silencio sobre este incidente.

- Opulentos gastos -

Aunque cuando llegó al poder prometió una presidencia marcada por la "moderación", Gurbangulí Berdimujamédov se sirvió de las ganancias de las ricas reservas de gas del país para construir sin mesura.

Berdimujamédov mandó construir un palacio presidencial estimado en 250 millones de dólares en Asjabad, capital que figura en el libro Guinness de los récords como la ciudad que alberga la mayor concentración de edificios de mármol blanco en todo el mundo.

El año pasado, el país inauguró un nuevo aeropuerto en forma de pájaro, valorado en más de dos mil millones de dólares pese a una afluencia turística casi fantasmal.

Para sortear las dificultades derivadas de la caída del precio de los hidrocarburos, el presidente pretende hacer pagar a sus conciudadanos servicios gratuitos como el agua, el gas y la electricidad.

Turkmenistán tiene la cuarta reserva más importante de gas del mundo e intenta dar una imagen próspera, aunque por el momento no ha logrado diversificar su economía, muy dependiente de sus exportaciones hacia China. Con unas señales de incertidumbre importantes, el Gobierno devaluó su moneda a una quinta parte de su valor en 2015.

Para mantener la calma, los medios del Estado no dejan de recordar a sus ciudadanos que viven una "era de felicidad suprema", oficialmente instaurada por Gurbangulí Berdimujamédov en 2012.

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