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El líder del partido de centro-derecha Gerb, el exprimer ministro Boiko Borisov, valora la victoria en las elecciones parlamentarias búlgaras el 26 de marzo de 2017 en Sofía

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El exprimer ministro búlgaro Boiko Borisov, prooccidental y europeísta, empezó este lunes a buscar aliados para formar Gobierno tras su victoria en las legislativas del domingo frente a los socialistas, partidarios de un acercamiento con Rusia.

Los resultados oficiales, con un 94% de los votos escrutados, dan a su partido, Gerb, el 32,6% de los votos y 96 diputados de un total de 240, más que en el Parlamento saliente (84).

Los socialistas (PSB), con el 27% de los votos (79 escaños), duplicaron el número de sus diputados pero no lograron arrebatar el poder a los conservadores, que dominan el escenario político búlgaro desde 2009.

Borisov dimitió en noviembre, dos años antes del fin de su mandato.

Su país, afectado por la corrupción endémica, es el más pobre de la Unión Europea.

Según el politólogo Haralan Alexandrov, el exprimer ministro no logró en estas elecciones un voto de adhesión, sino que "la gente, pese a no estar contenta con el Gerb, votó por él para que no lleguen los socialistas".

Este exguardaespaldas convertido en jefe de la policía aprovechó políticamente los temores que genera una situación internacional considerada inestable, sobre todo por la crisis migratoria y las tensiones con la vecina Turquía.

Por su parte, los socialistas, herederos de los comunistas, querían aprovechar del impulso que llevó a la presidencia de la República en 2016 a su candidato, el exjefe del ejército Rumen Radev.

Igual que el jefe de Estado, la presidenta del PSB, Kornelia Ninova, es partidaria de levantar las sanciones impuestas por la Unión Europea a Rusia.

Borisov, aunque aboga por relaciones "pragmáticas" con Rusia, defiende en cambio alinearse con las posiciones de la Unión Europea y de la OTAN.

La coalición nacionalista Patriotas Unidos quedó en tercer lugar, con el 9,1% de los votos y 27 escaños, con un discurso hostil a los migrantes, los musulmanes y los gitanos.

Los nacionalistas podrían convertirse en socios de un futuro Gobierno de Borisov, aunque en la anterior legislatura apoyaron a su ejecutivo pero sin participar en él.

El partido populista, Volya (4,11%, 12 escaños), liderado por Veselin Mareshki, que se hace llamar el "Trump búlgaro" podría ser otro socio potencial del Gobierno si se mantiene por encima del 4% necesario para entrar en el Parlamento.

Borisov no quiere sin embargo aliarse con el MDL, el partido histórico de la minoría musulmana (principalmente turca) de Bulgaria, casi empatado con los nacionalistas (8,9%, 26 diputados), aunque no excluye un apoyo parlamentario ocasional.

Las elecciones del domingo, a una sola vuelta, estuvieron marcadas por la fragmentación de la oferta política.

Los temas internacionales dominaron la campaña de las legislativas, las terceras en cuatro años, aunque la corrupción endémica y el bajo nivel de vida siguen siendo la prioridad de los electores del país.

Varias nuevas formaciones se presentaron como reformistas frente a los partidos tradicionales, acusados de favorecer un sistema oligárquico, mezclando intereses públicos y privados.

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AFP