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El canciller de Brasil Aloysio Nunes, el 30 de mayo de 2017 en Sao Paulo

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Brasil formalizó su solicitud de ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), dividiendo opiniones puertas adentro entre quienes saludan la iniciativa y quienes la consideran un ejercicio de "subordinación".

El ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Aloysio Nunes, destacó en la carta de solicitud, enviada el lunes al secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, que el acercamiento "forma parte de una estrategia más amplia del gobierno brasileño con vistas a consolidar un camino para el desarrollo inclusivo y sostenido".

Agregó que el país sudamericano ya adhirió a 31 instrumentos jurídicos de la organización.

La OCDE, formada por 35 países con regímenes democráticos y en su gran mayoría industrializados, tiene cinco socios claves, entre ellos Brasil.

Bajo los gobiernos de izquierda (2003-2016), cuando lucía como estrella emergente antes de sumirse en la recesión, la mayor economía latinoamericana se había abstenido de presentar formalmente su candidatura a ese "club de ricos".

Pero con la llegada del conservador Michel Temer al poder el año pasado, varias orientaciones diplomáticas se fueron modificando.

La posibilidad de ingresar a la OCDE genera polémicas.

"La decisión de presentar la candidatura [...] está lejos de ser apenas un acto de 'valor simbólico' para traer 'credibilidad internacional' al país", afirmó Diego Azzi, profesor de Relaciones Internacionales de la UFABC, en un artículo publicado este miércoles en el semanario de izquierda Carta Capital.

Ser miembro pleno de la OCDE "tendría consecuencias significativas para Brasil", que debería adoptar nuevos patrones económicos y de comercio exterior y tener una mayor apertura de su mercado de capitales, según Azzi.

Para el profesor de Relaciones Internacionales Oliver Steunkel, de la Fundación Getúlio Vargas, esas críticas son meramente "ideológicas".

En un artículo publicado en El País poco antes del pedido de adhesión, Stuenkel afirmó que la admisión plena volverá a Brasil más atractivo para inversores extranjeros y le ayudaría a establecer patrones de modernización de su marco legal en términos tributarios, de competencia y transparencia.

"Es preciso evitar que la polarización de la política interna perjudique la discusión de la estrategia brasileña en este nuevo contexto legal", escribió Stuenkel.

El proceso de revisión y decisión puede tomar años y se centra en la adecuación del país a las condiciones del organismo. De ser aprobado, Brasil sería el único país del grupo BRICS de potencias emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en formar parte de la OCDE.

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AFP