Decenas de miles de libaneses formaron este domingo una cadena humana a lo largo de los 170 km de costa del país, para demostrar su unidad y su determinación en expulsar a la clase política del país.

Unas 100.000 personas han participado en la iniciativa, que fue objeto de una intensa actividad en las redes sociales de internet, en el undécimo día de un movimiento de protestas inédito en años.

"Puedo confirmar que la cadena humana ha sido un éxito", declaró a la AFP Julie Tegho Bou Nassif, una profesora de Historia que participó en la organización.

Las concentraciones alcanzaron máximos hace una semana, cuando cientos de miles de personas tomaron las calles de todo Líbano.

Los organizadores llamaron a la participación de toda la ciudadanía, de todas las regiones, edades y confesiones, para que se dieran la mano por todo el país, de norte a sur, portando banderas libanesas.

A pie, en bicicleta y en moto, manifestantes y voluntarios ocupaban la principal autovía, que recorre el país de norte a sur, bordeando el mar.

"Todo está preparado, el teléfono no deja de sonar desde hace tres días, hay muchos voluntarios", había declarado antes Julie Tegho Bou Nassif.

El objetivo es "reforzar este sentimiento de unidad nacional que está naciendo en Líbano", añadió. "Hoy no hay ningún reclamo político, solo queremos enviar un mensaje dándonos la mano simplemente, bajo la bandera libanesa".

- "Un solo pueblo" -

En la fachada marítima de Beirut, hombres, mujeres y niños se tomaron las manos, algunos con banderas nacionales y muchos cantando el himno nacional, observó un fotógrafo de la AFP.

"La idea es que, de norte a sur, estamos unidos y hacemos fuerza juntos", dijo otra organizadora en la bahía Zeituna, que pidió ser identificada como una "hija de Beirut".

"Somos un solo pueblo y nos amamos", declaró a la AFP, mientras coordinaba la acción a través de uno de sus dos celulares.

En la principal autovía, al noreste de Beirut, otro fotógrafo de la AFP vio a docenas de manifestantes en un tramo de la carretera, a los pies de una colina.

En Tiro, una ciudad del sur, los manifestantes, en fila, sostenían una gran bandera libanesa, según imágenes aparecidas en televisión. Un chico jugaban con ella, agitándola arriba y abajo.

La acción se enmarca en un movimiento de protestas contra el poder iniciado el 17 de octubre, después de que el gobierno anunciara una tasa sorpresa a las llamadas telefónicas realizadas por el sistema de mensajería móvil WhatsApp.

Aunque la tasa fue anulada rápidamente, la movilización no se calmó y desde entonces multitud de libaneses reclaman la dimisión en bloque de la clase dirigente, a la que acusan de incompetente y corrupta.

El país padece una escasez crónica de electricidad, agua y servicios médicos básicos desde hace 30 años, cuando terminó la guerra civil (1975-1990).

El lunes, el primer ministro, Saad Hariri, anuncio un paquete de reformas para dinamizar la economía del país, que lleva meses al borde del colapso.

Sus socios de coalición apoyaron la iniciativa, y advirtieron que un vacío político en un momento de inestabilidad económica podría degenerar en el caos.

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