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Carrie Lam, primera mujer en dirigir el gobierno de Hong Kong, ronuncia un discurso en Hong Kong, el 1 de julio de 2017

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Carrie Lam, primera mujer en dirigir el gobierno de Hong Kong, tiene ante sí una ardua tarea: rebajar las tensiones políticas. Sin embargo, sus opositores temen que agrave las líneas de fractura en la excolonia británica.

Los simpatizantes de Lam, que prestó juramento el sábado en presencia del presidente chino, Xi Jinping, alaban su tenacidad y sus competencias.

Con 60 años, esta madre de dos hijos hizo carrera en la función pública antes de entrar en política. El sábado, durante su discurso de investidura, aseguró que había alcanzado el momento más importante de su vida, refiriéndose a un "desafío enorme".

Hasta principios de año, era la adjunta del jefe del gobierno saliente, Leung Chun-ying. La impopularidad de este, a quien sus detractores acusaban de ser una marioneta de Pekín, también ha salpicado a Lam.

Odiada por el bando demócrata, sus críticos la acusan de ser la "niñera" de Leung ("lai-ma" en cantonés) por la fidelidad que le profería.

Esta imagen negativa se vio reforzada cuando Lam apoyó, en 2014, un proyecto de reforma defendido por Pekín, duramente criticado por la oposición por ser un ejemplo de "falsa democracia".

El proyecto sacó a la calle a decenas de miles de personas para reclamar un verdadero sufragio universal en Hong Kong. Pekín, sin embargo, no cedió ni un ápice.

- Estrechar los lazos -

En campaña, se presentó como la artífice del cambio, concentrándose en cuestiones como la pobreza y la vivienda, fuente de insatisfacciones en la excolonia británica, devuelta a China hace veinte años.

Nacida en el seno de una familia humilde de cinco hijos, en el barrio de Wanchai (centro), su popularidad en los sondeos estaba muy lejos de la del exministro de Finanzas, John Tsang.

Pero esto poco importó a la hora de su elección, pues el jefe del ejecutivo es designado por un comité de grandes electores favorables a Pekín.

Lam estaba considerada como la candidata del régimen, por lo que partía como favorita. Cuando en enero dejó su puesto para hacer campaña, su dimisión fue avalada por China rápidamente. En cambio, Pekín tardó más de un mes en aceptar la dimisión de Tsang.

En su discurso, el sábado, Lam subrayó delante de Xi que Hong Kong se había beneficiado mucho del apoyo de China.

"Mientras sigamos unidos, no tengo ninguna duda de que Hong Kong llegará todavía más alto", declaró.

Tras su elección, lamentó que Hong Kong "sufra de graves divisiones".

"Mi prioridad, es curar esas fracturas", lanzó tras su victoria, destacando que no había sitio para las reivindicaciones independentistas exigidas por los jóvenes militantes, decepcionados por el fracaso del movimiento de 2014.

Lam no lo tuvo demasiado fácil a la hora de presentar la imagen de mujer del pueblo que quería dar. Cuando tomó el metro, durante la campaña, parecía que ignoraba completamente como funcionaba la tarjeta "Octopus", que los hongkoneses utilizan en todos los transportes y en numerosos comercios.

Además, fue objeto de burlas a raíz de una anécdota que contó a la prensa, sobre una misión nocturna para comprar papel higiénico. Al parecer, no sabía ni dónde acudir para comprar un producto tan básico en una ciudad repleta de supermercados y tiendas.

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AFP