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Diputados brasileños en Brasilia, el 13 de julio de 2017

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La Cámara de Diputados es la sala principal del castillo de poder en Brasil, un enjambre de 513 legisladores y 26 partidos cuyas alianzas, intrigas y traiciones deciden el destino del país y que tiene ahora en sus manos el futuro del presidente del país, Michel Temer, sitiado por acusaciones de corrupción.

Con el fin del receso en agosto, "La Casa" retomará el centro de la escena política como lo hizo durante el juicio político de Dilma Rousseff en 2016, cuando a lo largo de tres días desbordados de insultos, invocaciones a Dios y discursos extravagantes se ganó el mote de "circo del horror".

Un circo que en todo caso marcó el principio del fin de un ciclo de 13 años de gobiernos de izquierda (el juicio político fue aprobado finalmente por el Senado) y lo reemplazó por un gobierno conservador-liberal, el de Temer, que hasta ese momento era un vicepresidente opaco.

Ese mundo aparte, desprestigiado y caricaturizado, tiene a 190 de sus miembros (37% del total) investigados por la Justicia, cuatro de ellos ya condenados y hasta uno preso, que puede legislar durante el día gracias a un régimen de detención semiabierto antes de volver a dormir a su celda.

Dominada por el "Centrao" (gran centro) o bancada "BBB" (Biblia, Bala y Buey, que defiende intereses religiosos y del agronegocio y propone mano dura en asuntos de seguridad pública), la Cámara decidirá si la acusación de que Temer cobró un soborno del gigante frigorífico JBS llega a la Corte Suprema o simplemente pasa al olvido.

En esa sesión prevista para el 2 de agosto estará en juego -una vez más- el futuro de la Presidencia de la principal economía de América Latina.

La oposición debe juntar 342 votos para que el proceso prosiga. Una vara que reconoce como demasiado alta, aunque apuesta a que Temer pague el mayor costo posible mientras espera nuevas denuncias de la Fiscalía.

- El poder detrás del poder -

Según la socióloga Débora Messenberg, de la Universidad de Brasilia, el 73% de los diputados federales está vinculado al colectivo "BBB".

La diputada Érica Kokay, del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), cree que el factor determinante para ese perfil fueron las donaciones corporativas a las campañas, hasta que la Corte Suprema las prohibió después que explotó el caso Petrobras, desnudando un submundo de dinero sucio que salpicó a todo el arco político.

"El poder económico determina los mandatos al financiar las candidaturas y luego domina esos mandatos", dijo.

"Hay una miríada de partidos que ya no representan el campo de las ideas, de los proyectos discutidos con la sociedad. Y con esa fragmentación aparecen las bancadas suprapartidarias, que tienen un poder muy grande", añadió.

Para Messenberg, ese éxito obedece a la capacidad de traducir afinidades en votos, como en el caso de las iglesias evangélicas.

"La marca conservadora está ligada a su capacidad para organizar sus intereses", estimó.

- Brasil, país conservador -

El rol del "Centrao" fue determinante en la destitución de Rousseff, acusada de manipular las cuentas públicas. El proceso fue conducido por Eduardo Cunha, un economista evangélico que ahora purga 15 años de cárcel por el caso Petrobras.

Con ese mar de fondo, sube en las encuestas para los comicios de 2018 el diputado Jair Bolsonaro, que sustenta sus aspiraciones presidenciales en un discurso que no escatima elogios a la dictadura militar (1964-1985).

De espaldas al cliché del "País Tropical", para el diputado Marcos Rogerio (DEM, derecha), miembro del frente evangélico parlamentario, no hay mucho para analizar.

"El Parlamento volvió a encontrarse con las características de Brasil, que es un país conservador y tradicional", definió.

"Hay una embestida muy grande contra el tema religioso, usando como argumento al Estado laico. Pero no se puede disociar a las personas de sus preferencias religiosas (...). Veo con naturalidad las críticas, pero no se puede impedir a los ciudadanos y a sus representantes tener y profesar su fe", agregó.

- En Juego -

Un sondeo de Ipsos mostró esta semana que el 84% de los brasileños considera que el gobierno de Temer es malo o pésimo. Desde que asumió, su respaldo se mantuvo debajo del 15% y actualmente está en 7%, según la encuestadora Datafolha.

"Pero ganó todas las votaciones en el Congreso, incluso las posteriores a la denuncia" de que Temer recibió un soborno de JBS, que estalló en mayo, dijo una fuente del Palacio presidencial de Planalto.

Tres veces jefe de la Cámara de Diputados, Temer llegó a tener de su lado a más de 20 de los 26 partidos representados en el recinto, antes de perder parte de su base por el escándalo.

Si los diputados votasen en su contra y el caso llegara a juicio en la corte suprema, será suspendido por hasta 180 días. Poco menos que una condena anticipada.

Consciente de dónde está el corazón de su poder, el presidente lideró la batalla en una comisión que evaluó su caso antes de enviarlo al plenario y se llevó la victoria.

En el gobierno, creen que ese triunfo dejó poco margen para que sea desplazado.

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AFP