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La china Shanshan Feng lanza un tiro durante la ronda final del torneo Omega Dubai Ladies Masters 2016 en el Emirates Golf Club de Dubai, el 10 de diciembre de 2016

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China anunció haber cerrado un centenar de campos de golf desde 2011 para preservar sus recursos en agua y tierras, pero también en el marco de su campaña anticorrupción, confirmando la desconfianza del régimen por un deporte muy apreciado por las élites.

En total, una sexta parte de los campos de golf del país tuvo que cesar su actividad, anunció el domingo la poderosa agencia de planificación económica china NDRC.

Oficialmente estos cierres se justifican por motivos medioambientales: todo el norte de China sufre una penuria crónica de agua y estas instalaciones deportivas exigen una gran irrigación de sus céspedes.

En nombre de la preservación de las tierras agrícolas, en 2004 las autoridades habían impuesto una moratoria a su construcción.

Pero su aplicación resultó laxa. En una década, el número de campos de golfs en China se multiplicó por tres, pasando de menos de 200 a más de 600, un auge que se vio favorecido por la emergencia de grandes fortunas.

Así, en los últimos cinco años las autoridades ordenaron el cierre de 111 de los 683 campos de golf que tenía el país, informó la NDRC.

En el mismo periodo, algunos propietarios decidieron por sí mismos cerrar otras 11 instalaciones, agregó.

La NDRC ordenó además a otros 18 golfs que devolviesen las tierras que habían "ocupado ilegalmente" y 47 que estaban siendo contruidos tuvieron que cesar las obras, precisó.

El régimen comunista chino tiene posiciones contradictorias respecto al golf, una actividad clasificada durante mucho tiempo entre los pasatiempos de la gran burguesía extranjera y, por lo tanto, decadente a ojos de Pekín.

El primer gran campo de golf de China fue construido hace solo 30 años, tras el inicio de las reformas económicas y la apertura, antes de convertirse en uno de los deportes preferidos de la élite adinerada y de los responsables políticos del país.

Pero estos lugares son también considerados como terreno de conlusión entre los grandes empresarios y los políticos, y como tal fueron objeto de la gran campaña anticorrupción impuesta por el presidente Xi Jinping desde su llegada al poder en 2012.

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AFP