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El nieto de Antonis Christofi sostiene unas fotografías de sus abuelos, desaparecidos junto a otras 2.000 personas durante la invasión turca de Chipre en 1974, el 8 de agosto de 2016 en Nicosia

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Cuando las tropas turcas se acercaron a su aldea el 14 de agosto de 1974, Georgios Kantoni envió a su familia a esconderse entre los trigales. No se supo más de él durante 40 años, como sucedió con cientos de personas en Chipre.

Antonis Christofi, su nieto, tenía 14 años. "Teníamos miedo porque nos habían dicho que los turcos mataban a los aldeanos", recuerda.

Su abuelo se negó a irse de casa. Días más tarde lo mataron y arrojaron el cuerpo a un lago, a unos kilómetros del pueblo. Su mujer corrió la misma suerte. Los restos mortales no se encontraron hasta 2014.

Al igual que este matrimonio, unas 2.000 personas fueron dadas por desaparecidas en los enfrentamientos entre 1963 y 1974, año en el que Turquía invadió la parte norte de la isla en reacción a un golpe de Estado que pretendía unir Chipre a Grecia.

Cuatro décadas después, los expertos chipriotas turcos y griegos del Comité de Personas Desaparecidas (CMP) siguen, con el apoyo de la ONU, buscando a las víctimas de las matanzas. Desde 2008 identificaron los restos de unas 680 personas.

"Cada persona desaparecida es un símbolo de lo que hicimos al prójimo", resume Gulden Plumer Kucuk, miembro turcochipriota del CMP. "Nuestro trabajo necesita una voluntad política para seguir", precisa. Los dirigentes de las dos partes reanudaron en 2015 las negociaciones para reunificar la isla.

Cuando Christofi se enteró del hallazgo de los restos de sus abuelos sufrió una conmoción tremenda. "Ahora por lo menos tenemos un sitio" donde rezar por él, afirmó a la AFP, mientras muestra una fotografía del esqueleto de su abuelo. "Pero sigue habiendo una pregunta: ¿por qué estos ancianos murieron así? No habían hecho daño a nadie".

- Un trabajo meticuloso -

Al abrigo del sol, la arqueóloga María Solomou participa en la búsqueda de siete muertos que habrían sido enterrados a 20 km de la capital, Nicosia, en la parte norte bajo ocupación turca.

"Cuando se buscan huesos, hay que trabajar lentamente", explica Solomou, que afirma haber encontrado los restos de más de 70 personas para el CMP.

A medida que transcurren los años, la tarea se complica para los expertos, porque cada vez hay menos testigos. El año pasado, los investigadores encontraron una treintena de cuerpos siguiendo las indicaciones de una pastora de 94 años.

"Lo que más necesitamos, la información, es cada vez más difícil de conseguir", explica Florian Von Koenig, representante de la ONU para el CMP.

En 2015 se vislumbró un atisbo de esperanza cuando el ejército turco autorizó a los equipos del CMP el acceso a zonas militares, que probablemente albergan decenas de tumbas.

- Dolor y alivio -

En un hangar cerca del aeropuerto abandonado de Nicosia, 90 cajas de cartón se amontonan en estantes metálicos. Contienen los restos de decenas de personas muertas a manos de los grecochipriotas en 1974 y arrojadas a una fosa común cerca del puerto de Famagouste, en la costa este.

Según el antropólogo forense Photis Andronicou, cientos de cuerpos tienen que ser identificados con la ayuda de pruebas ADN o del examen de los efectos personales hallados en las víctimas. Este método permite alcanzar un nivel de certeza del "99,95%", según Andronicou.

Para los familiares de las víctimas, cada identificación es a la vez un alivio después de décadas de incertidumbre y dolor porque las últimas esperanzas de encontrarlos vivos se esfuman.

Dina Papachristou, una refugiada grecochipriota de 69 años, no ha visto a su hija, a su yerno y a su nieto de 7 años desde su desaparición en 1974. Pero aún espera que estén vivos.

"Sólo quiero encontrarlos", confiesa mientras enseña las fotografías en blanco y negro del niño. "Si esto termina con una mala noticia, estoy preparada para ello".

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AFP