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Unos migrantes hacen fila para recibir comida en el campamento de migrantes de Horgos, en Serbia, cerca de la frontera con Hungría, el 8 de julio de 2016

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En marzo, eran decenas y ahora ya son cientos los migrantes que se hacinan en el campamento improvisado de Horgos, en Serbia, sobreviviendo como pueden mientras esperan poder cruzar la frontera con Hungría.

A pocos metros de las vallas de varios metros de altura, protegidos con alambradas, decenas de tiendas improvisadas y refugios hechos con ramas y mantas sirven de cobijo a estos migrantes, constataron unos periodistas de la AFP.

"Como consecuencia de las nuevas medidas legislativas en Hungría, en vigor desde el 5 de julio, el número de refugiados y migrantes en el lado serbio de la frontera se ha duplicado en estos últimos días, hasta superar los 1.300, en su mayoría mujeres y niños", repartidos en varios campamentos, informaron el viernes las agencias de la ONU en Serbia.

Las fuerzas de seguridad húngaras pueden ahora devolver a la frontera a los migrantes detenidos en un radio de ocho kilómetros en su territorio. Los controles han sido reforzados y las autorizaciones para entrar, concedidas hasta ahora con cuentagotas, son cada vez más difíciles de conseguir para estos migrantes, procedentes mayoritariamente de Oriente Medio, Asia o África.

A dos pasos del puesto fronterizo de Horgos-Röszke, hay unos 600 refugiados en el campamento, constató la AFP. Según la ONU, hay otro similar en Kelebija, a 40 kilómetros al oeste. Entre los dos, unos 300 migrantes se instalaron en el centro oficial de Subotica, gestionado por las autoridades serbias.

Las cifras sin embargo no tienen punto de comparación con los flujos en 2015 y principios de 2016, cuando entre 4.000 y 5.000 personas llegaban cada día a Serbia, hasta que en marzo se cortó la ruta de los Balcanes.

Las organizaciones humanitarias en los campamentos dicen que la situación está bajo control.

Pero las autoridades serbias se mostraron preocupadas esta semana ante el "aumento sustancial del número de migrantes" en su territorio y declararon que ya habían registrado 102.000 migrantes en 2016, más de 500 por día.

"Esto significa que la ruta de los Balcanes sigue existiendo", resumió el viernes el ministro serbio del Trabajo, Aleksandar Vulin, decidido a que Serbia "no se convierta en el lugar donde los migrantes de acumulan". Las medidas de Hungría "empeorarán la situación", advierten las agencias de la ONU en Serbia.

- 'Esto será todo por hoy' -

Según éstas, "sólo 30 personas que soliciten asilo serán autorizadas por día a entrar en el territorio de la Unión Europea y los otros cientos (de migrantes) tendrán que esperar semanas al aire libre, en condiciones desesperadas e inhumanas".

En Horgos, el viernes, 16 afganos tuvieron la suerte de ser aceptados. "Y esto será todo por hoy", dijo un policía serbio.

Los otros seguirán malviviendo en estos campamentos, compartiendo los pocos baños provisionales instalados, de donde se desprende un olor nauseabundo. No hay otros servicios y una muchedumbre se concentra alrededor del único grifo del campamento que les permite asearse y lavar la ropa.

Durante el día, se reparte agua y tres comidas, una de ellas a cargo de Hungría.

Para escapar de este callejón sin salida, la ilegalidad parece la única opción. "Intenté entrar ilegalmente en Hungría con un grupo de 15 (personas). Un traficante de personas cortó la valla metálica. Caminamos una media hora antes de que la policía nos detuviera y nos devolviera a Serbia", explica un afgano de 23 años que no quiere dar su nombre.

Sunia Jusufi, de 25 años, viaja desde Afganistán con su marido y su hijo de cuatro años. Llegaron a principios de julio desde Macedonia con la intención de conseguir entrar legalmente en Alemania. "Pero si esto es imposible, quizás volveremos a pagar a alguien para continuar (avanzando) más lejos en Europa", cuenta esta mujer, que dice haberse gastado ya 2.200 euros (2.430 dólares) desde Grecia.

Según la delegación húngara del Comité de Helsinki (HCC), 3.768 migrantes fueron interceptados por la policía húngara en junio, más de 17.000 en lo que va de año.

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AFP