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Algunos surcoreanos elegidos para reunirse con sus familiares de Corea del Norte toman los autobuses que les llevarán a la zona desmilitarizada, cerca de Sokcho, el 20 de octubre de 2015

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Cerca de 400 surcoreanos han cruzado este martes la frontera con Corea del Norte para reunirse con sus parientes, a los que hace más de 60 años que no ven, en un inusual reencuentro entre familias separadas por la guerra (1950-1953).

Los surcoreanos, ancianos, cruzaron la frontera, fuertemente militarizada, a bordo de unos autocares precedidos de cuatro coches de la Cruz Roja. Tras franquear el puesto fronterizo, el convoy continuó hacia el Monte Kumgang para este encuentro de tres días, cargado de emociones muy fuertes.

Las dos ambulancias que acompañaban el convoy eran una señal de la frágil salud de muchos de los participantes en el evento. Más de veinte pasajeros iban en silla de ruedas y una mujer viajaba incluso con una botella de oxígeno.

Lee Jeong-Sook, de 68 años, se encontró con su padre, de 88 años, Ri Hong-Jong, al que había visto por última vez cuando tenía apenas dos años. Ri Hong-Jong, en silla de ruedas, no pudo contener las lágrimas cuando vio a su hermana menor, la tía de Lee Jeong-Sook. "Es tu hija, es tu hija", le dijo la hermana a Ri Hong-Jong, que después de la emoción inicial preguntó por el resto de su familia. "Están casi todos muertos", respondió su hermana.

"No he podido dormir esta noche", había confiado por su parte Lee Joo-Kuk, de 82 años, que luce una etiqueta con su nombre, su edad, y el nombre del hermano mayor que lo espera en el Monte Kumgang. "Nuestra familia estaba segura de que había muerto. Incluso todos los años organizábamos ceremonias en recuerdo de él", cuenta. "Luego me enteré de que estaba vivo y quería vernos. Es como si hubiera resucitado", afirmó.

Kim Ok-Ja, de 72 años, en cambio, ya no puede hablar, aunque de todas formas irá a ver a su hermano mayor, enrolado en las fuerzas en el ejército norcoreano en 1951, explica su marido, que viaja con ella.

El encuentro entre familias, que es apenas el segundo en cinco años, fue decidido a finales de agosto como parte de un acuerdo que permitió un acercamiento entre el Norte y el Sur.

Durante la guerra de Corea, millones de personas se vieron desplazadas y, en el caos del conflicto, familias enteras -padres e hijos, maridos y mujeres, hermanos y hermanas- fueron separados. Ahora, más de 65.000 surcoreanos están inscritos en la lista de espera con la esperanza de poder viajar algún día al Norte.

La gran mayoría de miembros de la generación de la guerra ha muerto sin volver a tener el más mínimo contacto con sus parientes del Norte comunista. Y es que las comunicaciones fronterizas directas, ya sea en forma de cartas o de llamadas telefónicas, están prohibidas.

- Encuentros ansiados pero breves -

El programa de reencuentros familiares comenzó tras una cumbre bilateral histórica en el año 2000. La idea original era organizar un encuentro por año, pero con las tensiones regulares entre ambos estados muchas fueron anuladas, y en ocasiones las autoridades norcoreanas no dudaron en anularlas en el último minuto.

Después de décadas de espera, las reuniones serán de una brevedad desgarradora. Durante tres días, los surcoreanos verán a sus parientes del Norte en seis ocasiones, en privado y en público. Cada encuentro durará sólo dos horas, lo que significa que dispondrán en total de 12 horas después de más de 60 años de separación. Y para muchos de los participantes, octogenarios o incluso nonagenarios, la separación del jueves tendrá el gusto amargo de una separación definitiva.

Ilustrando el abismo económico existente entre las dos Coreas, todas las familias del Sur llevaban numerosos regalos, ropa, relojes, medicamentos, comida y en muchos casos miles de dólares en líquido.

En la última reunión, en febrero de 2012, algunos surcoreanos se quejaron de que sus parientes del Norte se sintieron obligados a pronunciar largos discursos políticos en los que repetían la propaganda oficial del régimen comunista de los Kim. Otros dijeron también que los norcoreanos parecían más interesados por los regalos que por el encuentro en sí o su pasado familiar.

AFP