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Niños iraquíes asisten a clases en un centro de enseñanza de Mosul, el 27 de julio de 2017

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La vigilante con túnica negra y velo blanco silba el fin del recreo. Las adolescentes del centro de enseñanza Trablus de la ciudad iraquí de Mosul vuelven sonrientes a las aulas en las que se hacinan 90 por clase.

Situado en el barrio Mosul al Jadida, fue el primer colegio para chicas en reabrir en el oeste de la ciudad en mayo. Otros siguieron sus pasos.

"En tiempos de Dáesh (acrónimo árabe de la organización Estado Islámico, EI) había 27 alumnas. Hoy contabilizamos 650", explica Nihad Jasem, una responsable administrativa del centro.

El portal metálico ha quedado acribillado por la metralla, los cristales rotos dejan pasar el calor, los muros están resquebrajados, hasta el miércoles no hubo agua ni electricidad, los profesores no cobran y los libros escasean... pero Jasem asegura que son "felices".

"Después de tres años (bajo el yugo del EI), queríamos desarrollarnos de nuevo, volver a ser civilizados. Estas chicas tienen una nueva oportunidad, su futuro estaba a punto de quedar destruido para siempre", dice sonriendo.

En la pausa, las estudiantes -de entre 13 y 15 años- charlan, se ríen en los pasillos, revisan los apuntes o bromean en los pocos rincones con sombra del patio. Todas llevan hiyab (velo islámico) que algunas atan con un broche o un nudo. Algunas van maquilladas, otros -pocas- visten el niqab (velo integral). "Aquí acogemos a todo el mundo", explica Nihad Jasem.

"Tenemos una misión. Quiero que tengan éxito", afirma Iman Yucef, que ejerce desde hace 26 años, de los cuales 10 en este colegio.

Durante el mandato del EI, que se apoderó de la ciudad en junio de 2014, los profesores tenían que asistir bajo amenaza de ser detenidos por la policía religiosa. "Muchos huyeron pero los que no tenían adonde ir estaban obligados a venir", cuenta.

Se suprimieron las clases de biología, historia, geografía y ciencias. Sólo se impartía religión islámica, árabe e inglés.

- Tiempo perdido -

Hoy se ha pasado página.

"No se habla de ello. Es como una herida, todavía no ha cicatrizado así que no la tocamos", explica Chada Chamaa, una profesora encargada de formar a los maestros llegados como voluntarios para enseñar árabe a las adolescentes.

"Y además no nos hemos liberado completamente del EI. Quizá algunas chicas tengan a miembros del EI en sus familias".

Detrás de las sonrisas afloran los miedos y las heridas.

"Todas estamos felices, pero nuestra felicidad no es completa porque todas hemos perdido a alguien. Tengo una amiga que se murió junto con su familia hace unos días en el casco antiguo", cuenta Simaa Faris, de 15 años.

"El otro día, parece que alguien quiso cometer un ataque suicida contra una escuela pero lo detuvieron antes. El gobierno tendría que enviar soldados para protegernos", añade su amiga Nur Jeiri.

Para estas alumnas que sueñan con ser "profesora", "abogada", "periodista" o "arqueóloga" y para sus profesores la prioridad es recuperar el tiempo perdido.

El gobierno iraquí no reconoce la enseñanza impartida bajo el EI, de modo que las alumnas han retomado sus estudios en el punto en el que los dejaron en 2014. Y como los colegios del oeste de Mosul reabrieron mucho más tarde que los del este, liberado a mediados de enero, tienen que pasarse el verano estudiando.

"Sólo nos quedan 40 días para los exámenes, no dimos ni la mitad del libro", se queja Shams Maher. "Somos muchas, el calor es insoportable pero nos da igual. Lo que queremos son libros", abunda Nur Jeiri. Y comenta con ironía: "Mi asignatura preferida es química porque es la sola de la que tenemos libro".

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AFP