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Hillary Clinton habla durante el debate de primarias presidenciales demócratas con Bernie Sanders, el jueves 11 de febrero en Milwaukee (EEUU)

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Más allá de los grandes mítines, para observar de cerca a la candidata Hillary Clinton en campaña, su equipo invita a un grupo de periodistas, que se organizan mediante un sistema de "pool" similar al que se usa para cubrir al presidente de Estados Unidos.

El puesto de reportero escrito se va turnando entre cada uno de los periodistas de catorce medios, al que le corresponderá en la jornada cubrir y distribuir la información entre los demás. Dentro del grupo hay representantes de The New York Times, Washington Post, The Guardian... y de AFP.

El pasado fin de semana, correspondió el turno a AFP, en Las Vegas, donde Hillary Clinton tenía programados encuentros con las comunidades hispanas, negras y asiáticas, que conforman alrededor de la mitad de la población de Nevada, y cuyo apoyo es clave para que la exsecretaria de Estado gane los "caucus" (asambleas de electores) del sábado próximo.

Nos convocan a las 07h30 de la mañana del sábado. Con nosotros va un equipo de la cadena ABC, que cubre el puesto de "pool" para televisión, un periodista de Bloomberg, algunos fotógrafos y dos reporteros locales de Nevada. Pasaremos el día juntos en una camioneta repleta de prensa "limpia", es decir, aquella que ha pasado la revisión del Servicio Secreto estadounidense.

- La cantina para empleados -

Primera parada: la entrada trasera del casino Harrah's, en el corazón de Las Vegas, donde los agentes del Servicio Secreto en sus característicos trajes negros nos esperan. Avanzamos por un laberinto de corredores y escaleras, detrás de un equipo de la campaña de Clinton. Nuestro destino es una pequeña cantina sin ventanas para los empleados.

"Hola a todos", dice al llegar Hillary Clinton, recibida con una ovación por las 80 mujeres de uniforme, que aprovechan para hacer fotos con sus teléfonos inteligentes.

"Las necesito el sábado", dice Clinton al moverse de mesa en mesa, estrechando manos y posando para las fotos. Realmente no hay un diálogo, y no porque Clinton esté apurada, sino porque la audiencia parece estar más preocupada por lograr una imagen de recuerdo. Incluso se produce espontáneamente más de un momento gracioso, cuando algunas personas estrechan la mano de Clinton sin soltar el teléfono, para poder seguir grabando.

A una mujer que se acerca y le desea suerte, Clinton responde, mirándola a los ojos: "Muchísimas gracias".

Sí hay un pequeño diálogo con el chef Richard Meves, que le cuenta a Clinton que, al igual que ella, creció en Park Ridge, cerca de Chicago. "¡No te creo!", dice la candidata, antes de preguntarle en cuál escuela estudió. "El mundo es un pañuelo", agrega.

Tras cinco minutos, el equipo de Clinton nos conduce al nivel de los restaurantes del casino, donde la aparición de la exprimera dama causó una pequeña conmoción entre los clientes que desayunan.

La sorpresa contrasta con las reacciones de los votantes en el estado de Iowa, donde los aspirantes a la Casa Blanca prácticamente "viven" por varias semanas antes de los caucus, que inauguran la temporada de primarias en Estados Unidos.

"¡Eres preciosa!", grita una turista. "Muchas gracias", responde Clinton. "Necesito de su ayuda el sábado", repite.

Se topa con una pareja de hombres que llegaron a Las Vegas a casarse, aprovechando el fin de semana del día de San Valentín.

"Felicitaciones", dice Clinton. "Nos tienen que dar una foto de la boda", expresa, en medio de los gritos de una mujer que le pide una foto. "Un segundo, déjeme terminar la conversación con esta pareja", le señala Clinton, en perfecta calma.

- Clinton y Sanders en la iglesia -

Entre sábado y domingo, asistiremos en Las Vegas a siete visitas similares, que la candidata intercala con dos eventos públicos. Seguiremos a Clinton a dos cafés, a la cantina de los empleados del casino Caesars Palace, a un encuentro con inmigrantes indocumentados de origen latinoamericano, a una iglesia cuya congregación es negra y a un pequeño campo de fútbol, donde es invitada a jugar como portera. Acepta, pese a que va con tacones, para sorpresa de su jefe de prensa.

Más allá de ser oportunidades para tomar fotos de la candidata, algunas de las visitas resultan significativas.

Fuimos testigos de una escena desconcertante la mañana del domingo en la iglesia bautista Missionary Victory en Las Vegas, una edificación histórica ubicada en un barrio negro de la ciudad.

Un imponente coro gospel va recibiendo a los 500 fieles que llenan la iglesia hasta su máxima capacidad. Clinton se sienta en la primera fila, a la izquierda. Los periodistas observamos desde un balcón.

Primera noticia: el legislador negro John Lewis se encuentra en la sala. El demócrata, que ha manifestado su respaldo a la candidatura de Clinton, es un héroe de la lucha por los derechos civiles y es una persona muy respetada en su comunidad.

Unos minutos más tarde, un hecho sorpresivo. Bernie Sanders, el rival de Clinton en las primarias, entra a la iglesia. Se instala también en la primera fila, pero a la derecha. Los periodistas del "pool" del candidato se nos unen en el balcón.

Sus visitas habían sido organizadas de forma separada con el pastor, emocionado por la presencia de tan importantes personalidades, pero no habían sido anunciadas públicamente.

Cada uno es invitado a hablar por cinco minutos, pero Clinton es tratada con mayor calidez. La candidata no deja pasar la oportunidad de subrayar que en el pasado ya estuvo en la iglesia.

Sanders y Clinton no se hablarán, no se saludarán, no estrecharán manos.

En otras escalas, la exsenadora aprovecha la presencia del "pool" para transmitir un mensaje. El domingo, al comienzo de su encuentro con los indocumentados, hace una declaración sobre la muerte del juez de la Corte Suprema Antonin Scalia.

Pero no somos siempre bienvenidos.

Antes de comenzar a responder preguntas, Clinton sugiere que nuestra presencia puede constreñir una conversación más libre.

"No sé si queremos que la prensa se quede. ¿Qué opinas tú, Jorge?", dice Clinton a Jorge Neri, organizador el encuentro. Él opina que será mejor sin periodistas, por lo que somos escoltados a nuestra camioneta, no sin antes escuchar que la candidata nos dice, con una sonrisa en la boca, que "ama" a la prensa.

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AFP