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El entonces presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, pronuncia un discurso en El Cairo el 26 de julio de 1966

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Pérdidas humanas, desastre militar y descrédito. La abrumadora derrota en la Guerra de los Seis Días de 1967 causó un trauma en Egipto, que todavía se siente en un país que no ha logrado recuperar su papel de líder del mundo árabe.

Seis días le bastaron a Israel para conquistar Cisjordania, Jerusalén Este, la península del Sinaí egipcio y la meseta del Golán sirio. El ejército egipcio, percibido como la mayor potencia del mundo árabe, fue vencido rápidamente y su fuerza aérea, derrotada.

Para generaciones enteras de egipcios esta guerra relámpago fue una sentencia de muerte para el nacionalismo árabe y para su precursor, el carismático Gamal Abdel Nasser.

La derrota fue tal que el presidente presentó su dimisión la noche del 9 de junio de 1967, durante un discurso televisado que llevó a millones de egipcios a manifestarse para rechazar su partida.

Finalmente, Nasser siguió en el poder, aunque falleció tres años después.

"La población árabe estaba con Nasser. Era un símbolo, un héroe en un momento en el que (los países) buscaban una identidad tras haber acabado con la colonización", explica Sherif Younis, profesor de Historia en la universidad egipcia de Helwan.

"Tras la guerra de 1967, ni él ni Egipto estaban en situación de asumir su papel de líder. El país incluso necesitaba ayuda para reconstruir su ejército", continúa Younis.

- "Golpe duro" -

"Después de 1967, el papel de Egipto retrocedió fuertemente y el nacionalismo árabe recibió un golpe muy duro", confirma Tewfik Aclimandos, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Francesa de Egipto.

Con la pérdida del Sinaí, la política exterior de El Cairo también vivió un giro. Las autoridades suavizaron poco a poco su actitud respecto a Israel, concentrando sus esfuerzos en retomar el control de la península.

Nasser "definió objetivos realistas y revisó sus expectativas a la baja: ya no reclamó más la liberación de Palestina, pero adoptó el lema 'borrar las huellas de la agresión'" para retomar los territorios arrebatados por Israel, precisa Younis.

Hizo falta la Guerra del Desgaste (1968-1970) y la Guerra de Yom Kipur (1973) antes de que El Cairo firmara con Israel un tratado de paz histórico en 1979, que abrió la vía a la restitución del Sinaí.

Iniciado por el sucesor de Nasser, Anouar Al Sadate, era el primer acuerdo de ese tipo cerrado entre un país árabe y el Estado hebreo.

- "Auge del islamismo" -

Sin embargo, medio siglo después de la guerra, Egipto ha perdido su papel de líder en el mundo árabe. Su influencia en el ámbito político, militar y cultural se ha reducido considerablemente.

"La idea (de que un país) pueda ocupar el lugar de líder ha desaparecido. En la actualidad, el orden árabe está construido en función de un juego de equilibrios y alianzas entre países que tienen diferente peso", asegura Younis.

Y el declive del panarabismo, que se reveló incapaz de concretar las aspiraciones de los pueblos de la región, dejó el campo libre a los movimientos islamistas.

"La guerra de 1967 fue un factor, entre otros, que contribuyó al auge del islamismo en el mundo árabe: los regímenes revolucionarios fueron considerados responsables de la importante derrota", apunta Henry Laurens, historiador especializado en Oriente Medio.

Una derrota que también dejó al descubierto las debilidades del régimen de Nasser, principalmente el influyente papel del ejército -dirigido en aquel momento por el mariscal Abdel Hakim Amer-, que representaba un verdadero Estado dentro del Estado: un "gobierno escondido", según Khaled Fahmy, historiador en la universidad estadounidense de Harvard.

"Como reconoció el propio Nasser después, la injerencia del ejército en la gestión del país condujo a la desintegración del Estado", recuerda el experto en un artículo publicado en su página web.

Una toma de conciencia dolorosa teniendo en cuenta que antes de la guerra "Nasser no escatimaba en elogios para su ejército. Su compañero, el mariscal Amer, aseguraba que era el mayor (ejército) de Oriente Medio", subraya Fahmy.

"Pero en tan solo unos días, este ejército se vino abajo y 10.000 de sus hombres cayeron mártires, es decir, una décima parte de su fuerza".

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AFP